lunes, 4 de junio de 2018

El silencio se prolongó un poco más de lo que Jack pretendía, comenzando a enervar ligeramente a la chica que, de forma comprensible, comenzaba a sospechar que ese tema de las premoniciones no era algo bueno o poco habitual -Oye...- se aventuró a decir, inclinándose sobre el kotatsu -¿Qué ocurre? ¿Qué significa eso de tener premoniciones? ¿Es... malo?- Jack permaneció en silencio, cruzado de brazos, recapacitando. Finalmente la miró a los ojos
-No es malo, pero tampoco es... habitual- suspiró -Las personas sensibles a lo que llamamos "Lado Oculto" suelen estar divididas en esas categorías que mencioné antes: Medium como aquellos que ven a los espíritus e incluso pueden oírles. Psíquicos, como tú, que no sólo podéis interactuar sino que además sois un foco especial del que se alimentan más que de la media y os pueden usar como portales para hacerse materiales en este lado de la realidad.... pero los psíquicos que tenéis premoniciones sois casi uno en un millón. No pretendía decir que eras la única, posiblemente habrá más como tú en el mundo, pero sois tan pocos, tan escasos, que hasta para la gente "diferente" como los sensibles sois especialmente escasos. Y valiosos- apuntó finalmente con voz misteriosa
-¿Valiosos? ¿Qué tiene de valor tener premoniciones que no sé a ciencia cierta si se cumplirán?- dijo ella de mala gana
-¿No se han cumplido ninguna de las que has tenido?- Jack no pasó desapercibido el hecho de que Nora apretó los nudillos al oír la pregunta
-...No. No lo sé. Tal vez- dijo en un hilo de voz, casi como una máquina sin emociones. Jack no era estúpido y entendió que no era un buen camino por el que continuar
-Bueno, entonces supongo que ante la situación en la que nos encontramos no me queda más que seguir con el supuesto protocolo...-
-¿Qué protocolo?-
-Anexionarte a los cazadores- sonrió, sin más
-Espera, espera... ¿Cómo que anexionarme a los cazadores? ¿Qué cazadores?- Jack, ante su pregunta, se quitó el collar que llevaba oculto bajo la camisa y lo depositó sobre la mesa
-Dime Nora ¿Alguna vez has visto este símbolo?- la chica lo miró y lo estudió con cuidado
-Sí... ¿Es un símbolo religioso? En templos y... en algún otro lugar...-
-Un magatama- apuntó Jack -Ese es su nombre. Por lo general son símbolos espirituales, sí. Se utilizan también representando el tesoro legendario de los dioses, que hoy día pertenece a la casa imperial de Japón, quienes lo utilizan para sus ceremonias oficiales. Fue un regalo de Susanoo ¿O era Amaterasu? No lo sé. La antigua religión japonesa es algo complicada- Nora asintió, sin perder detalle -Para nosotros, este talismán magatama es nuestro escudo y nuestra espada. Es el único método de estar a salvo y nuestra herramienta de trabajo- la miró fijamente a los ojos -Me viste matar a aquella Onna- Nora le devolvió la mirada -Viste mi espada-
-Una katana tradicional japonesa. No soy la mayor entendida pero quién no conoce ese arma en este mundo- masculló
-Exacto- el magatama se iluminó con un fulgor esmeralda cuando Jack lo atrapó entre sus dedos y tomó la forma de una katana en un destello instantaneo. Nora casi dio un salto capaz de derribar el kotatsu
-¿Q-qué? ¿Qué es eso? ¿Cómo lo has hecho?- se alteró de pronto, sorprendida
-Nora, ves espíritus y demonios ¿Te asustas de un talismán cambiaformas?- Jack pestañeó sorprendido
-P-pero la vida tras la muerte puede llegar a ser hasta un hecho científico ¿Pero lo que acabo de ver? ¿Estamos en una especie de animación manga japonesa o algo? Porque es lo que acaba de parecer-
-Cálmate ¿Quieres?- Jack blandió la hoja con soltura. Cortó el viento y silbó de forma agradable a los oídos de ambos -Es real. Esto no es ningún cuento de ficción. Es cuanto debes saber- la katana volvió a brillar y en momentos, el collar del magatama colgaba de la mano de Jack
-Estoy soñando- o pensó que quizá deliraba un poco por la falta de antidepresivos. Ante la duda, tomó la mano de Jack y volvió a pellizcarle
-Ya basta- se quejó el muchacho apartando la mano -Joder...- se miró la rojez -Al final vas a poder defenderte de un yokai tú solita a base de pellizcos. Maldita lunática- se sopló la mano
-Es que estoy... flipando- dijo finalmente -No hay otra palabra. Flipando- los ojos casi se le salían de las órbitas
-Tienes mucho que aprender. Mucho que entender... y me temo que lo mejor que podemos hacer es no andarnos con más tapujos- reflexionó
-Ah... ¿Que estabas dando rodeos?- la chica empezaba a marearse
-Te llevaré ante el Maestro. Él te lo explicará todo de forma que lo entenderás mejor- se puso en pie
-Jack... es algo... tarde- se sentía mareada de verdad -No deberíamos ir de visitas a casa de nadie ahora, no quiero molestar por...- la voz se le fue como el humo en la ventisca cuando vio a Jack acariciar el aire vacío para que de pronto una neblina fantasmagórica comenzase a tomar la forma de una puerta similar a la de los templos sagrados, un arco gris que atravesar
-A donde vamos no hay que preocuparse por la hora que es-
-P-pero...-
-Andando, Nora. Vas a conocer a los cazadores de demonios. O como se los conoce formalmente: Yokai Ryoshi- le tendió la mano. La chica, hipnotizada, no tardó en tomarla con suavidad.

Cruzar el umbral de una Puerta Yomi nunca era sencillo la primera vez. La marea de emociones que inundaba el alma de la persona hacía sentir que estaba a punto de desmallarse y eso que sólo era cuestión de segundos, pero se hacían eternos. En ese diminuto lapso de tiempo Nora pudo oír claramente un millar de lamentos, lloros y súplicas de diversas voces, humanas y demoníacas, incluso de niños. Por un instante había atravesado la línea del mundo de los vivos y los muertos. Por un mero instante ella era la invasora en un lugar donde no había cabida para un cuerpo físico. Afortunadamente, tras ese instante de sufrimiento emocional, pudo deleitarse con la impresionante visión de un castillo precioso de cuatro plantas, de paredes color caoba y tejas negras como la misma noche, sólo visibles contra el cielo porque opacaban al sin fin de estrellas que regaba la bóveda celeste -¿Dónde estamos...?- Nora miraba maravillada a todas partes
-En Azuchi, en la prefectura de Shiga- dijo Jack echando a caminar hacia el castillo
-Espera... ¿Cómo que en la prefectura de Shiga?- Nora hizo cálculos mentales -Esto... está muy lejos de Nerima- se llevó una mano a la cabeza. De verdad iba a desmallarse
-No te quedes atrás Nora. No aquí- ante tal advertencia, Nora se volvió consciente de que el aire era distinto, el ambiente era tenso. El viento soplaba en la noche y sin embargo a ella no se le movía ni un sólo cabello. Sintió un muy mal presentimiento, de forma que siguió a Jack sin hacer más preguntas.

-¿Estás... seguro de que podemos entrar?- al ver cómo Jack empujaba las puertas de madera del castillo tras atravesar el largo patio silencioso hacía sentir a Nora como una ladrona en el japón feudal, o unos simples asaltantes -¿Jack...?- el hombre atravesó el umbral sin decir más, contando con que la chica le siguiese. Nora hizo tal y como el hombre esperaba, pero ninguno de los dos contaba con una tercera presencia. En cuanto Nora puso un pie en la entrada del castillo, una mano furtiva la tomó desde detrás, rodeándole la garganta y asfixiándola en el acto mientras que la cuchilla de un Tantô le apuntaba de lleno a la barbilla. Nora apenas pudo gritar pero al patalear, llamó la atención de Jack, que se giró velozmente para encontrarse con la escena
-¿Quién es esta?- preguntó la voz del asaltante en un perfecto japonés. Era la voz de una chica
-Mizuki...- Jack afiló la mirada -Suéltala. Viene conmigo-
-Es una forastera ¿Qué hace aquí? ¿La has dejado entrar a este lado?- sonaba furiosa a oídos de Nora
-Te acabo de decir que viene conmigo. Venimos a ver al Maestro. Es una psíquica- dijo Jack, haciendo que Mizuki soltase a Nora al instante. El agarre de la asaltante era fuerte y decidido. Nora cayó al suelo de rodillas, casi sin aire, tosiendo de forma desenfrenada. Un poco más y la habría matado ¿¡A dónde demonios la había traido Jack!?
-Estás desafiando las normas del clan. No debes traer a nadie sin la orden explícita del Maestro- Nora miró a la tal Mizuki. Básicamente era una especie de ninja moderna. Vestía unos pantalones oscuros ceñidos a su cuerpo al igual que un jersey negro. Su cabello caía precioso sobre sus hombros, negros como su ropa. Sus ojos eran tan agudos como los dientes de un yokai y no dejaban de masticar el alma de Nora sin parpadear. Era de una belleza poética, pues su piel pálida como la nieve contrastaba con su atuendo siniestro y su cabello
-Sé lo que me hago. Ven Nora, perdónala- Jack se agachó para ayudarla y la guió con una mano en la espalda, para protegerla de un futuro ataque que no debía ocurrir. Nora sentía la mirada de Mizuki atravesándola desde atrás. Empezaba a conocer las vibraciones que le daba una mujer celosa y estaba empezando a angustiarse y cansarse de ser el blanco de tanto odio y exasperación.

-Espera un momento, por favor- dijo Jack antes de abrir la puerta de una amplia habitación y entrar, dejando a Nora fuera. La chica escuchó a Jack hablar en un perfectísimo japonés como si fuese nativo con algún hombre cuya voz sonaba mayor. Mientras esperaba, contemplaba el pasillo del castillo. Se sentía en una de esas antiguas películas de samurais. Todo estaba tan cuidado que parecía mentira que estuviese en un japón actual. Parecía haber viajado en el tiempo... -Nora- la voz de Jack sonó antes de que corriese la puerta -Pasa, por favor- la chica atravesó el marco de la puerta para ver a ese señor mayor con el que Jack hablaba. Sorprendentemente, Mizuki estaba a su lado pero no había pasado por su lado en ningún momento. De verdad parecía ser una ninja -Es ella, Maestro Iga- Jack se sentó en postura seiza y bajó la cabeza. Nora estaba paralizada ante tanta formalidad repentina
-Siéntate, muchacha- indicó el anciano, sin que Nora reaccionase
-Te está diciendo que te sientes. Obedece, Nora- dijo Jack en baja voz. Nora obedeció al instante, nerviosa
-No entiendo bien su acento- masculló
-La chica no habla bien el japonés, Maestro-
-Entiendo- se mezó la afilada barba en forma de pico -Será rápido, entonces- el hombre se puso en pie para acercarse a un altar que tenía tras su espalda. De él colgaba un largo collar formado por una cantidad ingente de magatamas. Parecía formar parte de un objeto ritual muy antiguo. Con sumo cuidado, tomó uno de los talismanes y lo acercó hasta donde se sentaba Nora, junto a Jack. Ante ella, en el tatami, depositó la piedra con suavidad extrema. Era gris, pura piedra, casi un fósil
-¿Me entiendes?- el hombre habló despacio. Nora asintió -Coge la piedra- le indicó con la mano. Nora obedeció y la tomó en sus manos. Al principio pesaba, pero poco a poco fue haciéndose más liviana. El color gris comenzó a desvanecerse como si fuese simple polvo antiguo y se comenzó a tornar verde esmeralda, como la que Jack llevaba al cuello
-Le dije que es Psíquica, Maestro. Está cualificada para formar parte de los cazadores. Seguramente podrá sernos útil y es más sencillo protegerla de su influencia si nos acompaña que estando suelta por japón- acuñó Jack
-Sin duda- el maestro se mesó la barba -Pero es una extranjera. Y mujer- aquella puntilla llamó la atención de Nora mientras que Mizuki soltó una pequeña risotada -No podemos arriesgarnos. No considero sabio tenerla entre nosotros y que la oscuridad ahonde en ella- de pronto Nora se dio cuenta de que entendía a la perfección al tal Iga ¿Cómo era posible?
-Pero Maestro...-
-Suficiente, Jack- dijo el hombre sin dejar de contemplar a Nora. Su constante mirada la enervaba más de la cuenta además de la vergüenza de estar siendo rechazada, aunque fuese sobre un grupo de cazadores que Jack había mencionado. Se desestabilizaba ligeramente y el magatama lo mostró
-Rojo- dijo Mizuki -El magatama, Maestro- ante la advertencia de la chica de negro, el anciano se puso en pie de forma veloz
-Es la prueba definitiva. No controla sus emociones- Jack le miró
-Maestro, confíe en mí. La chica será capaz. Sólo está atravesando un momento difícil-
-No hay momento más difícil que el vivir día a día, Jack. Y más cuando te enfrentas a devoradores de corazones- el hombre fue a darles la espalda
-Tiene premoniciones- dijo finalmente Jack, haciendo que el Maestro Iga se volviese de nuevo para mirar a Nora. Durante un largo silencio, la chica sintió una gran presión en su cabeza
-¿Es eso cierto?-
-Sí...- susurró
-¿Qué te trae a japón, dulce niña?- la pregunta fue una losa, de nuevo, sobre su cabeza. El magatama tenía el color de la sangre y a Nora le temblaban las manos ligeramente. Empezaba a sentir que si no se tomaba una pastilla pronto iba a deshacerse en lágrimas
-Es débil- inquirió Mizuki -Nos traerá problemas. Ya hemos perdido a suficientes guerreros para que ella nos traiga la calamidad. No podemos arriesgarnos a que el Tengu se entere de su existencia. Deberíamos matarla aquí y ahora- Nora sintió su corazón encogerse
-¿¡Qué!?- se puso en pie como un resorte
-No le haréis daño- indicó Jack, poniéndose en pie ante Nora -La he traido por su bien y su seguridad, no para que la juzguéis-
-Es un peligro para todos nosotros Jack ¿Es que no lo ves?-
-Silencio- el Maestro Iga levantó la mano con solemnidad -No más discusiones. No más corazones alterados. Controlad vuestras emociones o la oscuridad vendrá a nosotros- tras las palabras del Maestro, la ira pareció desaparecer de la sala -Nora es tu nombre ¿no?- Nora asintió, ya con los ojos empapados en lágrimas, incapaz de resistir el repentino estrés de tan extrañísima situación -Lo lamento- el Maestro inclinó la cabeza con humildad, retirándole el magatama de la mano -Pero necesitamos espíritus fuertes capaces de dominarse a sí mismos. Los yokai se vuelven más fuertes con las emociones de su enemigo disparadas y tú, psíquica con capacidades como la premonición, eres una bomba de relojería. Si quieres un consejo de alguien que vela por la seguridad de todo el país, deberías marcharte. Vete, muy lejos. Deja japón, deja nuestra tierra y huye donde Él jamás te encuentre. Sólo así vivirás en paz- poco a poco, Nora volvía a sentir esa incomprensión al acento del hombre, pero todas las palabras llegaron a su entendimiento -Gomenasai, Nora-san- el maestro, tal y como Jack hizo en su casa, abrió una Puerta Yomi tras la chica
-Espere, Maestro- Jack dio un paso hacia Nora, pero no pudo agarrarla
-Sayonara- fue sólo el suave gesto de su mano, como si pretendiera empujarla pero sin siquiera llegar a rozarla y Nora se vio despedida hacia la Puerta Yomi con brutalidad. Cuando despertara, estaría en su casa como si todo hubiese sido un sueño turbio e hiriente. La sensación de rechazo, de verse inútil e impotente... no eran y no serían nunca, al parecer, extrañas para ella.

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