martes, 12 de junio de 2018

El ataque de Adam no se hizo esperar tras la provocación por parte de la chica. La naginata de madera descendió sobre la cabeza de Nora a una velocidad vertiginosa, aunque la chica lo esquivó con un ágil paso lateral y contraatacó por el costado. Adam por su parte supo interponer su arma para que, de nuevo, los palos de madera chocasen con estrépito propiciando ese sonido crujiente que en ocasiones resultaba hasta placentero a los oídos. La nieve y el frío en los pies además les animaba a moverse con velocidad y no quedarse quietos en el sitio en el que se encontraban ante la amenaza de quemarse la piel por el contacto con el campo de hielo. Jack, sentado en la roca como de costumbre aunque ya curado prácticamente de sus heridas, observaba con sumo interés la progresión de ambos a la hora de encarar un combate. Veía que Adam seguía conteniéndose pese a que Nora exigía que la tratara como si de un yokai se tratase, a la par que ésta misma sí trataba de atacar a Adam como Jack pedía. Aquella visión hacía sonreir al muchacho, que se mesaba la corta barba imaginando las probabilidades de éxito de cada uno -Adam, como si fuese un yokai- recordó Jack una vez más
-¡Ya lo sé, maldita sea!- rugió su hermano mayor lanzando una estocada furiosa hacia Nora que estuvo a punto de acertar a la mujer de lleno en el pecho, y que, de haber no haber sido porque la chica se supo mover y esquivar el ataque, podría haberle causado graves daño. Nora sin embargo se movió por puro instinto, con la cara asustada por aquel ataque, girando sobre sí misma y finalmente acabando con su arma en el cuello de Adam. El combate terminó. La chica estaba jadeante, con los ojos muy abiertos clavados en la cara de su contrincante, que la miraba igualmente sorprendido. El silencio se rompió con unos aplausos dispersos de Jack
-Y así es como uno pierde la batalla, Adam- terció Jack, acercándose a ambos. Él también lucía el hakama blanco de entrenamiento
-He hecho lo que has pedido- gruñó el hombre
-Y aún así Nora ha ganado, por fin- le sonrió Jack a la chica -¿Puedes decirme por qué, hermano?-
-Porque es más pequeña y más rápida-
-Error- Jack alzó un dedo -Te ha ganado porque eres un obstinado que crees que cuanto te digo es sólo por molestarte, por regañarte, por darte por el culo, hablando en plata-
-Bah...- Adam apartó la mirada. Llevaba varios días de un humor bastante cambiante, bastante extraño. Cada vez pasaba más tiempo furibundo, entrenando a ratos a solas, y otros ratos siempre cerca de Nora. Jack se preguntaba cuánto tiempo pasaba con su familia
-Lo has hecho muy bien,  Nora- felicitó Jack a la chica, que sonrió
-Estoy agotada. No sé ni cómo lo he hecho- se limpió el sudor de la frente
-Hay una parte vital en la vida del guerrero que no se puede transmitir de maestro a alumno, y eso lo sé aunque apenas tengo unos años de experiencia sobre vosotros. Esa parte vital se llama instinto. El instinto se desarrolla con la práctica, con la memoria muscular y sobre todo, con el miedo-
-¿Miedo?- Adam se pronunció -¿Se supone que tenemos que tener miedo? Creía que ser cazadores era, precisamente, para protegernos de los yokai ¿Y se supone que les tenemos que tener miedo?-
-Realmente no entiendes nada ¿verdad, Adam?- Jack entornó la mirada -El miedo ha sido siempre una parte fundamental de cualquier disciplina de combate, Adam-
-Los samurais, por ejemplo, no tenían miedo. Aceptaban la muerte, Jack. Es el camino del Bushido- ilustró el mayor -Y eso les hacía fieros-
-No somos samurais Adam. No servimos a ningún señor feudal, no servimos a nadie. Somos un grupo, una hermandad de gente que aprende a combatir un mal invisible que la sociedad no puede controlar. No tenemos una filosofía fija de vida, no somos una secta ni una religión. Cada uno es libre de seguir el camino que crea apropiado y, como tu superior, te recomiendo temer al enemigo-
-Yo creo que tener miedo y no tenerlo es igualmente válido...- se encogió de hombros Nora, tratando de relajar el ambiente -Sólo... supongo... depende la situación. No tener miedo te empuja a luchar ¿verdad? Pero tener miedo...- recordó al enormísimo oni -Tener miedo puede hacerte saber cuando puedes ganar y cuando no, cuando merece la pena arriesgar la vida y cuando no...-
-Nora tiene razón- suspiró Jack -Tampoco trataba de decir que debemos vivir con miedo a los yokai. Debemos temerles, pero controlar ese temor ¿Lo entiendes, Adam?-
-Sí, lo entiendo. No es necesario que me trates de enseñar algo tan obvio como lo que ya ha dicho Nora- volvió a refunfuñar
-Estupendo- la expresión fría de Jack hacia su hermano no mostraba, en absoluto, que todo estuviera "estupendo"

Tras cambiarse los tres de atuendo y prepararse para salir con la nueva caida del sol una vez finalizado el entrenamiento, se reencontraron en las puertas del castillo Azuchi para marchar a la vez. La figura del Maestro Iga les destuvo, sin embargo, pues rara vez aparecía en algún lugar que no fuera su estancia sin alguna razón concreta -¿Maestro? ¿Ocurre algo?- preguntó Jack antes de abrir la puerta Yomi
-Alguien quiere verte- sonreía el hombre amablemente
-¿Mizuki?- adivinó el muchacho, haciendo que Adam y Nora se mirasen mutuamente.

Entraron de nuevo en el castillo y siguieron al maestro a paso calmado a través de los largos pasillos impolutos y silenciosos hasta una gran sala en el primer piso, una estancia donde ninguno de los 3 había estado. A decir verdad, Nora, Adam y Jack apenas habían explorado el castillo Azuchi en absoluto. Allí, una vez Iga abrió la puerta corrediza, pudieron ver a unas 4 personas repartidas por toda la habitación. Todos ellos estaban heridos y de forma relativamente reciente. Mizuki era una de ellos, la más alejada. A diferencia de los otros 3, ella estaba incorporada en el futón. Iga se acercó a ella con calma para no molestar al resto, seguido por la tríada de los cazadores extranjeros -Hola, Mizuki-chan. Aquí tienes visita- sonrió el hombre con calidez
-Iga sensei... Arigato- dijo la chica cabizbaja, sin llegar a alzar la mirada
-Mizuki... ¿Cómo estás?- Jack se sentó en postura seiza junto a ella. Era doloroso ver a una compañera conocida desde hacía años así, sentada en el futon, sin ropa en la parte posterior del cuerpo, sólo con una grandísima cantidad de vendas que le cubrían casi del cuello hasta el estómago, envolviendo sobre todo la parte donde anteriormente estaba su brazo. No había nada, absolutamente nada. Sólo un hombro con un intenso dolor fantasma
-¿Cómo crees que estoy...?- sonaba apagada, sin vida, sin ánimo -He perdido el brazo... ¿Cómo voy a luchar ahora, Jack? Dímelo...-
-Mizuki...- Jack se atrevió a tomarle la mano -Eh... mírame- la chica obedeció, aunque tardó en hacerlo -No era un brazo lo que te hacía temible para los yokai- le sonrió, mostrando a Adam y Nora sus facetas más amables dentro del trabajo de cazador -Es tu tenacidad y tu asombrosa velocidad. Encontrarás la forma de darles caza, ya verás-
-Es fácil para ti decirlo Jack...- Mizuki pasó la vista del hombre hacia Nora -Ahora tienes otros amigos eh...-
-Son mis... aprendices- se encogió de hombros Jack, no captando, o no queriendo captar a sabiendas, las intenciones de Mizuki en esas palabras
-¿Qué tal lo hace la chica...?-
-Es buena- Jack miró a Nora -Tiene un gran futuro- Adam se sentía frustrado porque se le ignorara
-Yo también avanzo de forma satisfactoria- dijo sin venir a cuento, con tono enfadado. Mizuki le miró, pero inmediatamente volvió a Nora
-¿Cómo te llamabas...?- preguntó la japonesa
-Nora, me llamo Nora- la inglesa inclinó la cabeza respetuosamente
-¿Ves esto, Nora?- Mizuki giró un poco el torso para mostrar las vendas que cubrían su miembro cercenado, empapadas de sangre seca -Quiero que sepas algo, y lo recuerdes constantemente- Nora asintió -Esto... es por tu culpa-
-¡Mizuki!- tronó Iga de pronto, pero no pudo impedir que las palabras llegasen a Nora
-Si no fuese por ti, por tu descontrol, por tu infantilismo y tu necesidad de llamar la atención... Trajiste a un oni a esta tierra y casi haces que maten a Jack. Yo perdí el brazo gustosa por su vida pero por ti...- Mizuki escupió al suelo a los pies de Nora -Gustosamente habría dejado que te hiciese trizas entre sus dientes más afilados- seguramente habría seguido hablando, de no ser porque Iga se agachó ipso facto frente a ella y le cruzó la cara de una sonora bofetada
-Suficiente. Ya basta, Mizuki. Nora-san ahora es una compañera cazadora y un miembro muy importante de esta hermandad. Te sugiero que aprendas a comportante delante de ella y que no guardes rencor. Nosotros, los Ryoshi, no somos un grupo intolerante y jamás tendremos la potestad de culpar a nadie por las miserias que siente y sufra. Si quieres culpar a Nora de la presencia del oni en el aeropuerto deberías mirarte al espejo y contemplar tu propio estado de ánimo. Si no abandonas esa ira que esconden tus palabras pronto traerás ejércitos enteros a las puertas de este sagrado castillo y no lo pienso tolerar- regañó de forma severa el hombre a gran velocidad. El japonés sin duda era un idioma intimidante cuando se pronunciaba veloz y enfadado
-Iga sensei...- sollozó Mizuki, con la mano en la mejilla que el anciano le había abofeteado
-Y-yo...- Nora bajó la cabeza
-No es culpa tuya- dijo Jack, soltando la mano de Mizuki y poniéndose en pie junto a la chica -Jamás será tu culpa, Nora. Te lo aseguro- Jack la tomó a ella por los hombros -No dejes que sus palabras te afecten
-Jack...- Nora no sabía que pensar. Adam, mientras, se cruzaba de brazos observando la escena
-Creo que aún necesitas descansar y reflexionar bastante, Mizuki, para estar en contacto con los demás- inquirió Iga, invitando a Jack y a los demás a dejar a Mizuki a solas. La japonesa permaneció sentada en silencio cabizbaja mientras se marchaban.

-¿Qué hay del resto de heridos?- preguntó Jack cuando la puerta se cerró tras el maestro -Son recientes ¿verdad?-
-Tenemos un problema que no conseguimos corregir y me temo que no me queda otro remedio que encargártelo, Jack-san- Iga asintió
-Lo suponía- sonrió Jack con pesadez -¿Qué ocurre?-
-Disneyland Tokio está sufriendo una serie de percances que están poniendo en peligro la vida de cenas. No, centenas de personas-
-¿Disneyland?- Nora ladeó la cabeza
-Exactamente- asintió el hombre a la chica
-Pero... un parque de atracciones...- la chica no encontraba razones para que hubiese emociones poderosas allí, más allá del gozo y disfrute de los más jóvenes, pero según Jack, una alegría simple no era suficiente. La felicidad como tal no gustaba en exceso a los yokai
-Ese es el problema. Los cazadores que habéis visto ahí dentro no han dado con el motivo de por qué llevan apareciendo yokai en los alrededores y dentro del parque durante una semana. Se han dado algunos que otros accidentes a civiles sin venir a cuento y tenemos en consideración que están siendo atraidos por algo que aún no hemos identificado-
-¿Entonces el plan es ir a un parque de atracciones?- se cuestionó Adam -Nunca pensé que ser cazador nos llevará a tener un buen plan de ocio-
-No es un plan de ocio- inquirió Jack de mala gana
-Sí, lo es- asintió Iga de nuevo para asombro de Jack y beneplácito de Adam -Ireis y vagabundeareis por el parque como simples civiles. Investigadlo todo, no perdáis detalle, aunque eso implique tener que montaros en atracciones y entrar en tiendas- Iga suspiró ligeramente al ser consciente de la extraña misión que les estaba encomendando -Si veis yokai peligrosos purificadlos cuanto antes, destruidlos sin llamar la atención. Prevenid cualquier accidente que podais y, por favor, encontrad el foco que atrae a la oscuridad. Cuento con vosotros. Muchas vidas corren graves peligros allí, sobre todo niños que sólo buscan pasar unas felices vacaciones, incluso gente extranjera como vosotros- Iga miró a Nora en ese momento. La chica le devolvió la mirada con cierta decisión. No era un trabajo sencillo y era, por fin, la primera misión de campo que se les asignaba directamente. Tenía que dar lo mejor de sí misma, poner en práctica todo lo aprendido. Jack y Adam la acompañarían, así que... no tenía nada que temer. Debían encontrar el problema cuanto antes.

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