Adam comenzó a vestirse a toda prisa. El ruido que estaba armando no pasó desapercibido a los oídos de Serena, que se acercó a la habitación a ver qué ocurría -¿Adam? ¿Qué se supone que estás haciendo?-
-He recibido una llamada de Nora, tengo que salir- dijo el hombre apresurado
-¿De Nora?- Serena alzó las cejas en una expresión de completa indiferencia -¿Y qué se supone que es tan urgente?-
-No lo sé, Serena- decía mientras se ponía una camiseta blanca sencilla -Pero no sonaba bien. Estaba falta de oxígeno, había ruido. Parece ser grave- al decir aquello, la mujer de Adam comenzó a cambiar de expresión
-¿En serio?- se apoyó en la puerta
-¿¡Crees que te estoy mintiendo!?- Adam no pretendía alzar la voz, pero estaba realmente preocupado y no quería perder tiempo con los estúpidos sondeos de Serena. Independientemente de lo que Nora fuese para él, había estado siendo su alumna, había estado desaparecida y había establecido un pequeño vínculo de afecto. Diablos, Adam no era el marido perfecto pero sin duda tampoco era un mal amigo y no dejaría que nadie que le importara sufriera en soledad
-...No- Serena contestó con voz neutra -No digo que me estés mintiendo...-
-Perfecto- cogió las llaves del coche -Volveré enseguida, en cuanto vea que todo está bien. Si algo sucede te llamaré- la besó con prisa en la frente y salió por la puerta con la fuerza de un vendabal en pos del vehículo.
Si algo debía de agradecer al asunto de que Serena los viese en el parque aquel día es que ahora sabía exactamente dónde vivía Nora sin despertar sospechas de la procedencia de dicha información, de manera que se abrió paso a través de las calles a toda velocidad, tratando de respetar el tráfico lo suficiente como para no ocasionar accidentes o llamar la atención de la policía. Afortunadamente, la noche era más tranquila que el día y no tardaría mucho en llegar.
Por otro lado, en la vivienda de Nora había trabajo que hacer. Mizuki llevaba atado a su pelo una pequeña y hermosa campanita que tintineaba con cada movimiento de su cabeza y con la suave brisa que soplaba aquella noche. La luna refulgía con fuerza y dejaba a buena vista a todos los yokai presentes en la zona. Aquel pequeño ornamento en su pelo provocaba que cualquier persona no sensible en los alrededores no fuese consciente de lo que estaba sucediendo, como si el tiempo se detuviese para ellos, de manera que nunca se sabría lo que realmente sucedía. Con sus dos Tantô brillando a la luz celestial, dio un veloz salto que la aproximó hasta los primeros demonios. Como si danzara, dio un giro sobre sí misma con las hojas de acero extendidas y los cortó con una precisión endiablada. Al hacerlo, varias de las criaturas se fijaron en ella y cargaron contra la cazadora -Vamos, venid- provocó con sonrisa maliciosa, luchando con la tenacidad de los antiguos shinobi, con veloces ataques cortantes que serraban a los yokai y los deshacía, expulsando sus esencias de vuelta al Yomi. Estaba a punto de subir las escaleras hasta la casa de Nora cuando escuchó el motor de un vehículo aproximándose ¿Era posible? Se quedó helada al ver que, efectivamente, un coche se detuvo frente al edificio y un hombre bajaba del mismo, contemplando el espectáculo demoníaco con asombro y horror -Mierda- susurró la mujer, escondiéndose a toda prisa
-¿Nora?- preguntó Adam desde la calle -¿¡Nora!?- vociferó mientras los yokai seguían saltando, rompiendo y riendo con voces macabras -¡Nora!- llamó de nuevo subiendo hacia la casa de la joven. Esquivó a un par de karakusas, paraguas endemoniados cuyas lenguas trataban de alcanzarle -¿Qué coño es esto? ¿Qué demonios...?- el sentido común le invitaba obviamente a abandonar el lugar a toda prisa, pero sabía que la chica estaba en apuros y no podía abandonarla. Empujó la puerta con los hombros de forma insistente pero bajo ninguna premisa la puerta cedió -Bien... Vale...- respiró hondo, tomó carrerilla y pateó la puerta con fuerza, consiguiendo abrirla aunque destrozando un tanto la cerradura -¿¡Nora!?- vociferó, entrando en la casa. Tan pequeña como era, pudo ver a la chica enseguida. A esas alturas ya estaba tendida en el suelo y rodeada de espíritus malignos. Mientras los cho-chin y los karakusa se dedicaban a destrozar el mobiliario, las entidades espectrales tan blancos como la nieve rondaban sobre Nora con extrañas y grotescas mortajas en su frente. La acariciaban, la arañaban, le mordían la piel sin dejar marca. Parecían devorar su alma misma -¡Alejaos de ella! ¡Vamos, fuera, cabrones bastardos!- gruñó Adam reuniendo valor suficiente para acercarse. Las entidades fantasmales le miraron con malicia, con ojos inyectados en sangre -¡Largo!- rugió. Intentó patear a uno pero de nada funcionó. Eran completamente etéreos como los fantasmas que solía ver por las calles. Lo único que le quedaba por hacer era sacar de allí a la chica cuanto antes, alejarla de aquellos monstruos -Vamos...- se agachó a toda velocidad y la cargó en brazos. Nora parecía estar inconsciente -Mierda... ¡Vamos, Adam...!- se decía a sí mismo para animarse y darse prisa. Debía llevarla al coche y correr al hospital más cercano. Nora parecía que apenas respiraba.
Mizuki, por otra parte, seguía allí. Desde las sombras observó al hombre bajar con Nora en brazos en dirección al coche, montarla y arrancar para salir de allí a toda velocidad -No le creerán si cuenta lo que ha visto- dijo para sí misma, sabiendo que ahora le quedaba acabar el trabajo -Vamos allá...- preparó sus armas y subió hacia la casa de la chica. Era hora de purificar el lugar.
Eran altas horas de la noche cuando Serena irrumpió en el hospital. Encaró el largo pasillo blanco hacia las salas de espera, donde encontró a un Adam reflexivo mirando hacia el suelo, sentado en los verdes asientos del lugar -Adam, cielo- la mujer se aproximó a su marido y se sentó a su lado -¿Se sabe algo?-
-¿Qué haces aquí?- el hombre le tomó las manos a su mujer
-Los niños están a buen recaudo, sólo será un momento y volveré a casa- explicó
-Pero Serena, no tenías por qué venir...-
-Adam... La conozco. La he tenido en mi casa, le hemos dado de comer en nuestra mesa. Para mí ya no es una desconocida y me preocupa su salud. Y más sabiendo su estado...- la mujer suspiró apesadumbrada
-Seguramente estará agradecida- sonrió su marido
-¿Han dicho algo los médicos?- Serena le acarició los cabellos a Adam. Estaba pálido, como si hubiese visto un fantasma
-Estoy esperando respuestas aún. Están haciéndole unas pruebas para asegurarse de que no corre peligro y...-
-¿Señor Crane?- la voz de un hombre de mediana edad anunció la llegada del doctor. Era bajito, de cara redonda y portaba unas gafas diminutas de lentes igualmente redondas. Estaba calvo como una bola de billar.
-Sí- Adam se puso en pie -¿Es la chica? ¿Cómo está?-
-Bien, bien. No corre ningún peligro- asintió el doctor
-¿No ha sido un intento de suicidio?- la pregunta salió con amargura de la boca del hombre
-No, en absoluto. Ese es el problema, quizá, por lo que hemos podido saber-
-¿Está despierta?- Adam dio un paso al frente
-Sí, pueden pasar a verla si quieren, sólo no la atosiguéis. A fin de cuentas, ella...-
-¿De verdad has intentado dejar los antidepresivos de golpe, Nora?- Adam estaba sentado en una silla junto a la cama, igual que Serena. La joven inglesa tenía un aspecto horrible, demacrada, más delgada y con unas marcadas ojeras. Aunque no lloraba a pleno pulmón, no dejaban de salirle lágrimas de los ojos que corrían hacia la blanca y pulcra almohada. Los ojos estaban enrojecidos por el lamento -Eres temeraria hasta decir basta, eh...-
-No pensé que sucedería esto... Lo siento...- al decir aquello su voz se quebró más
-No tienes nada que lamentar- Serena hizo el esfuerzo mental de tomarle la mano a la chica como si nada sucediera entre ellas -No pienses más en negativo. Trata de calmarte, animarte...- le sonrió
-Serena...- Nora no tenía más que decir. Más bien, no había palabras que pronunciar. Recordaba todo lo que había estado aconteciendo en su casa horas antes de despertar pero en ese preciso momento tenía el doble de ganas de desaparecer que antes, estaba peor, mucho más triste, mucho más deprimida
-Al menos vas a estar aquí a buen recaudo. No me haría mucha gracia dejarte sola en casa de nuevo- suspiró Adam
-¿Recaudo...?- Nora le miró confusa
-Sí, vas a estar unos días aquí en observación, para descartar que te pueda ocurrir algo más. Tienes una terrible debilidad física y mental algo difícil de explicar, incluso para los médicos- dijo Adam apenado
-No... No, no, no... No puedo quedarme aquí- la chica trató de incorporarse pero Adam la detuvo velozmente, agarrándola de los hombros
-¿A dónde crees que vas? Túmbate, es tarde y debes descansar-
-Tengo... Tengo un vuelo- confesó -Vuelvo a casa Adam. Vuelvo a Londres-
-¿Por qué tan pronto? ¿Y tu visado? Aún no ha caducado ¿no?- el hombre miró a Serena extrañado
-¿Y Jack? ¿No iba a ayudarte a encontrar algo? Se os veía a gusto juntos en casa el otro día- las palabras de Serena hicieron que Adam frunciera el ceño
-¿Jack...?- el hombre miró a la inglesa -¿Has hablado con Jack estos días, Nora? ¿O tiene él algo que ver en esto?-
-Jack...- Nora suspiró. Tenía un gran nudo en el pecho y la garganta -Él... No...- se le encogió la barbilla. Estaba destrozada anímicamente
-Dejemosla dormir Adam- Serena tomó a su marido del brazo con suavidad -Creo que es lo mejor-
-Sí...- Adam se pasó la mano por el rostro. Era tarde y había vivido fuertes emociones que Serena no comprendería. Ver a esos demonios sobre Nora como si la estuviesen devorando viva... ¿Qué era todo aquello exactamente? -¿Estarás bien?-
-Sí... Yo sólo quiero dormir...- dijo sin más, dándose la vuelta y dándoles la espalda. No lo hizo por mala educación, pero estaba completamente deshinibida sobre cortesías. En cuanto cerró los ojos, se perdió en un profundísimo y oscuro sueño.
Despuntaban las luces del alba y Jack veía la aurora del sol surgir en el horizonte mientras sus pies se mojaban con el agua fresca del río. Llevaba horas caminando sin parar durante la noche. Había destrozado casi 100 yokais a lo largo del camino y ninguno tenía información o la inteligencia suficiente para entenderle. Ese maldito monstruo... ¿Dónde estaba? En su soledad, se permitía mostrarse con naturalidad y no obsesionarse con no mostrar debilidad. La garganta se le cerraba y tosía a veces con violencia. Sentía un terrible dolor en el pecho que le aquejaba cada vez más y, de vez en cuando, le sangraba la boca al toser. Fue precisamente por eso por lo que decidió sentarse a descansar, para no forzarse. Aquel monstruo le maldijo con una muerte lenta y dolorosa. Debía encontrarla. Kyubi, el poderoso demonio de nueve colas que adoptó la forma de una mujer y, como acostumbraba a hacer, le engañó, o intentó hacerlo más bien. El resultado fallido del engaño culminó en aquella maldición que le agotaba su salud como un terrible cáncer -¿Dónde estás...?- preguntó al viento, al sol naciente, a la naturaleza -¿Dónde estás maldita Zorra...?- como si fuese obra de la providencia, a su segunda pregunta sonó el teléfono móvil. Había poca cobertura en el bosque, pero al estar en mitad de un claro parecía estar algo contactable. Al descolgar, se sorprendió de oír a Adam al otro lado de la línea, aunque con poca calidad de sonido
-¿Dónde demonios estás?-
-¿Qué quieres, Adam?- Jack sonaba poco paciente
-¿Le hiciste algo a Nora desde que te fuiste con ella? ¿La engañaste de algún modo? ¿O la forzaste, cabronazo? No se te ocurriría ¿Verdad?- que el sonido saliese entrecortado por la falta de cobertura hacía que Jack se enfureciera con más facilidad
-¿De qué cojones estás hablando, imbécil? ¿Quién crees que soy? ¿Tú? Ser tu hermano no significa ser igual de desgraciado, Adam- gruñó -¿Qué tiene que ver Nora con esta llamada, por cierto? ¿Es que ha pasado algo?-
-Está ingresada en el hospital. Tiene una gran debilidad física y emocionalmente no está estable. Tomaba unos antidepresivos y...- Jack escuchó atentamente lo que dijo Adam, pero descartó muy rápido el asunto antidepresivo como efecto de esa repentina debilidad física. No tardó, sin embargo, en atar cabos. El por qué el magatama se descontroló en sus manos ¿Era por eso? ¿Por eso atraía también a tanta cantidad de yokai? ¿Tenía depresión y estaba en tratamiento? Eso debió saberlo antes... Maldita sea, debió de haberlo sabido mucho antes. Tenía que verla, hablar con ella
-Iré enseguida- dijo sin más
-¿Estás por los alrededores?- cuestionó Adam
-No ando lejos- colgó sin decir nada más. Tenía cosas que arreglar. Demasiados puntos que pulir en cuanto viese que Nora estaba bien... y cuanto supiera con exactitud qué había sucedido. Ella aún podía formar parte de los cazadores. Aún no era tarde.
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