lunes, 11 de junio de 2018

Inu no se cansaba de presentar sus alabanzas caninas a los recién llegados pese a que el ambiente era cuanto menos tenso. Adam aceptó la invitación a tomar asiento y se acomodó en el sofá del salón junto a Nora, mientras que Jack se sentaba en una silla frente a ambos, apoyándose sobre la mesa -Creo que no entiendes la situación, hermano- comenzó de mala gana -Esto no es una barbacoa a la que te apuntas para tomar unas cervezas-
-¿Me tomas por un niño pequeño, Jack? Soy el mayor de los dos. Sé muy bien a qué me enfrento-
-¿Ah, sí?- sonrió Jack con frialdad. Nora miraba a Adam con un deje de preocupación ¿De verdad, hablaba en serio?
-Sí. Son esos demonios. Cazadores. Supongo que entrenáis ¿no? Era como ver a aquella ninja extraña contigo el otro día en el aeropuerto. Si tú puedes hacerlo y Nora también ¿Por qué no yo?-
-Hay unas normas estrictas, Adam. Muy estrictas. No estoy seguro de que seas capaz de llevarlas hacia delante- terció Jack
-¿Y se puede saber por qué?- gruñó el mayor
-Los cazadores luchamos contra los yokai, los demonios. Esos seres se alimentan de las emociones fuertes. Les atrae, les hace fuertes. Por eso Nora es un foco tan grande. Es una psíquica, una persona con unas capacidades prácticamente únicas para establecer un vínculo con el otro lado, con el llamado Yomi, el reino de los muertos. Para más problemas, Nora sufre de una desetabilidad emocional a causa de la depresión y, por eso, es por lo que debe ser entrenada. Ella debe saber protegerse de las hordas de demonios que la asolarán el resto de su vida. Debe aprender a controlar sus emociones y defenderse- Jack la señalaba con el dedo -Es por su bien, no por placer. Tú no deberías meterte en esto por puro capricho-
-Yo no sufro de ningún tipo de depresión. Estaré bien y seré un nuevo músculo para la acción- contestó frunciendo el ceño
-No es sólo la pena y la tristeza Adam. Las fuertes emociones a veces son positivas. Un exceso de bienestar, de felicidad... como el amor, la lujuria, el deseo...- Jack miró a Nora y luego a Adam -A veces son peores que el pesar y la pérdida-
-¿El amor y el deseo?- Nora no conocía dicha información -¿Entonces... un cazador no puede... amar?- Jack asintió ante la pregunta de la chica
-Debemos contener nuestras emociones atadas bajo una fuerte convicción. No podemos excedernos o seremos un foco, los atraeremos, cada vez más fuertes, como el oni del aeropuerto. Hay criaturas... monstruos al otro lado del velo del Yomi que jamás hemos visto y que, seguramente, jamás podremos enfrentar-
-Sandeces- inquirió Adam directamente -No hay nada de qué preocuparse- se cruzó de brazos -Puedo hacerlo-
-Adam, estás casado- dijo Jack por fin -Estás casado con Serena y tienes hijos. Tienes una familia. La familia son fuertes lazos afectivos que pueden afectarte-
-Pero ellos no tienen nada que ver en esto. Ellos no me afectarán porque están a salvo-
-¿Es que no te quieres dar cuenta de la situación o es que directamente eres imbécil?- Jack aporreó la mesa, perdiendo el control. Tuvo que serenarse al instante, no podía hablar de autocontrol y enfurecerse de pronto
-¿Hay alguna razón concreta por la que me rechaces en esto, hermano? ¿Alguna intención oculta? ¿Algo que temas perder?- los ojos de Adam brillaban con superioridad y desdén
-¿Eso crees? Bien...- Jack asintió -El deber de todo cazador que encuentre a otra persona sensible es llevarlo ante el Maestro Iga y que éste de su bendición y bienvenida. Cumpliré con mi deber, entonces, incluso contigo. Pero no habrá piedad por muy hermano mío que seas, ni excepciones-
-¿Desde cuando ha habido excepciones y piedad entre nosotros, Jack?- Adam se puso en pie y su hermano menor no contestó. La respuesta era obvia.

Tras atravesar una puerta Yomi, se encontraron los tres en Azuchi. Adam no daba crédito a lo que acababa de vivir, cruzando un umbral de brumas negras hasta llegar delante del elegante palacio donde, según le contaba Nora por el camino, parecían morar los cazadores o más bien, lo usaban de punto de encuentro. Una vez ante el maestro Iga, Adam se sentó en postura seiza al igual que Nora y Jack. El sabio anciano contemplaba a Adam con suma curiosidad, a la vez que sonreía amablemente a Nora -Nos honra enormemente tu participación, Nora-san. Bienvenida a Yokai Ryoshi- inclinó la cabeza y Nora hizo lo mismo con una flamante sonrisa -Encuanto a ti...-
-Soy el hermano mayor de Jack. Me llamo Adam Crane. Es un honor conocerle, señor Iga-
-Maestro- inquirió Iga con tono severo -En este sagrado lugar no hay más que maestros y aprendices, ni señores, ni hermanos, ni amigos... ni amantes- aquella última aclaración parecía no venir a cuento, pero Adam sentía que ese hombre estaba leyéndole el alma -¿Lo entiendes?- también miró a Nora -Es un juramento de hermandad que debéis realizar ante mí y el altar de los Ancestros-
-Juro lealtad a la hermandad de cazadores- dijo Adam de forma vehemente, apresurado. Sorprendentemente para Iga, el magatama que le había dejado no cambiaba de color. Adam estaba sorprendentemente balanceado emocionalmente en ese momento
-Yo también. Quiero decir... Juro lealtad y cumplir los votos de los cazadores- Nora inclinó la cabeza. No tenía nada que perder ¿Amor? Era un sentimiento que quedó atrás hacía ya bastante. Sólo tenía que ocuparse de la tristeza y la desolación.
-Bien... Jack- miró al muchacho -Creo que es oficial entonces. Tenemos a dos nuevos cazadores extranjeros con nosotros. Uno tu hermano y la hermosa muchacha psíquica. Estarán a tu cargo a partir de hoy. Tradad a Jack como vuestro maestro, onegaishimazu- se inclinó con respeto Iga
-¿Maestro?- Adam miró de reojo a Jack -¿Él será mi maestro?-
-Os enseñará a ambos a combatir como debéis. Y si me lo permitís, que sea cuanto antes. Por vuestro bien y por el bien de japón-
-Creo que sería inteligente dejar para mañana...- Jack se rascó la barbilla pensativo
-Podemos empezar ahora mismo- Adam estaba excitado -Quiero conocer este mundo. Quiero saber como funciona todo-
-Pero Adam...- Jack frunció el ceño
-Bien está lo que debe hacerse, Jack- alzó una mano el maestro Iga -Si está la predisposición al conocimiento, debe utilizarse. Y deben conocer el arte del magatama. Por favor, instrúyeles- ante la orden del maestro Iga, poco pudo hacer Jack para negarse.

Minutos después, Adam y Nora se encontraron en el patio que rodeaba al castillo Azuchi. A ambos se les entregó un hakama blanco con un kanji en la espalda que representaba el símbolo de la Mente, ensalzando el valor de la templanza. Jack aún continuaba herido y no podía moverse de forma adecuada y sufría aún el dolor en su estómago y espalda, de manera que tuvo que optar por presenciar un entrenamiento básico entre Nora y Adam. El muchacho se sentó de forma cómoda, con las piernas recogidas y meditabundo, sobre una piedra. El lugar en el que se encontraban era precioso incluso cuando llega la noche. Había un pequeño lago artificial con un junco que caía sobre el mismo al llenarse de agua y unas luciérnagas preciosas revoloteaban alrededor de los tres. El lugar estaba envuelto en un respetuoso silencio solo roto por el continuo traqueteo del junco sobre el agua -Ropas bastante cómodas- dijo Adam examinándose el hakama, que a poco dejaba lucir parte de su torso, bastante endurecido y fortalecido
-Sí, no está mal- Nora se estudiaba a sí misma y trataba de ajustarse el hakama de forma que no revelara demasiado su torso, cosa de la que Adam no perdía detalle y sus ojos se lanzaban de cabeza a zambullirse en el cuerpo de la joven. Estaba preciosa con ese ropaje japonés
-¿No se te hace tarde para volver, Adam?- dijo Jack por última vez -Serena estará preocupada- Adam miró al sol poniente a esas horas, con el hermoso cielo azul tornándose anaranjado poco a poco
-Sabe que estoy en tu casa. No hay ningún problema- sonrió de forma forzada
-Está bien...- suspiró Jack
-¿Qué tenemos que hacer?- preguntó Nora
-Para comenzar... teneis que dar forma a vuestro magatama. Es sencillo. La piedra espiritual que llevais al cuello responde de forma automática a vuestros deseos, pues se anclan a vuestra alma en el momento que os la engarzais al cuello. Entonces simplemente tomadla en las manos y sabed con certeza que debéis luchar, que tenéis que defenderos de un peligro- adiestró Jack, viendo como ambos hacían exactamente lo que les decía, el magatama en sendos aprendices comenzó a brillar y tomó la forma del arma que les era predilecta según sus anhelos, debilidades y caracter espiritual. Jack esbozó una ligera sonrisa al ver que tanto Adam como Nora por igual tenían una naginata en las manos
-¿Cómo demonios...? ¿Esto es magia?- Adam no dejaba de examinar el arma -Es... real-
-Has visto un oni con tus propios ojos y ahora te sorprende una naginata espiritual- bufó Jack
-Madre mía...- Nora estaba pletórica -¿Es... mía? Es preciosa...- acariciaba el largo mango del arma con delicadeza
-El arma que nace del magatama representa el espíritu del individuo. Cuanto más fuerte os hagáis, cuanto más os conozcais a vosotros mismos... irá tomando una forma más concreta, más fuerte... y única- Jack se puso en pie y se acercó al almacen que tenía detrás para tomar dos bô, dos palos de madera simples del tamaño de la naginata
-¿Para qué es eso?- Adam escuadriñó las largas varas
-¿Piensas luchar contra Nora con una naginata? Os vais a matar mutuamente. Entrenaréis con esto. Olvidad las naginata por un momento, sabed que "no están" y se desvanecerán- fue costoso al principio, pero tras varios intentos, consiguieron que las armas volvieran a ser los magatama que se colgaron al cuello -Ahora... enseñadme qué sabéis hacer-

Durante unos largos minutos, Adam y Nora intercambiaban lentos golpes con los bô, de manera que el constante chasquido de la madera reinaba en el patio mientras el sol caía más y más en el horizonte -Está bien. Tenéis el conocimiento básico de cómo chocar dos palos- Jack suspiró -¿Cuándo vais a luchar?-
-¿Es que quieres que le haga daño?- gruñó Adam
-O que ella te lo haga a ti. Sois cazadores ahora, no aprendices de una academia de kendo. Intentad luchar contra el otro como si os jugarais la vida. No olvidéis que los yokai no son vuestros amigos- asintió Jack
-D-de acuerdo...- Nora miró a Adam con cierto deje de duda, pero tras una confirmación de permiso por parte de Adam, la chica empuñó la vara con decisión y comenzó a atacar.

Golpes ascendentes, descendentes y laterales llegaban desde Nora con decisión, cada vez con menos atisbo y temor a golpear a Adam. El hombre era más alto y más fuerte, de manera que se anticipaba y bloqueaba los embites con facilidad. Caminaba al rededor de Nora para marearla mientras que de vez en cuando lanzaba él algún que otro ataque sorpresa que Nora bloqueaba con esfuerzo. Los golpes de Adam eran fuertes, difíciles de bloquear. La chica tenía aún mucho de lo que reponerse, pero sin duda era vigorizante. Sentir el sudor bañando su frente, su espalda y su pecho, el dolor de los músculos, el calor en el corazón... se sentía útil. Sabía que estaba aprendiendo algo verdaderamente vital para su día a día, algo que la alejaría de volver a sufrir. Estaba exultante. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillantes. Su aliento encendido con el fuego de un dragón que le rugía en el pecho, que gritaba a cada golpe que lanzaba a Adam, el hombre que se estaba prendando de la belleza de la mujer con la que entrenaba. Veía su pelo cada vez más húmedo volar como una bandada de golondrinas hacia el crepúsculo, veía las gotas de sudor perlar su piel y colarse entre la abertura del hakama, algo más revelador a cada golpe y movimiento de Nora. La boca abierta y jadeante de la chica le invitaba a imaginar y desear que estuviesen en otro lugar, en una cama y desnudos en lugar de entrenando en un patio donde Jack los examinaba. Cómo la deseaba. Cómo anhelaba tenerla para él a solas durante unas horas. Lo comprendió en ese momento mejor que nunca. Y esa comprensión le llevó a dejarse llevar por unos instantes; esquivó una estocada del bô de Nora, aferró la vara de la chica y tiró de ella con fuerza para atraerla hacia sí. Entonces la rodeó con su propi bô, inmovilizándola, mientras que con la otra mano ahora la aferraba del cuello. Su piel suave y húmeda le llevaba a enloquecer un poco en el delirio de imaginar el simple hecho de recorrerla con los labios. Sus ojos se clavaban en los de Nora con furia. No era consciente de lo cerca que estaba del rostro de la joven -He... he perdido...- jadeaba Nora, inmóvil, hipnotizada ligeramente por la brillante mirada de Adam, la cual no comprendía
-No... prácticamente me has ganado, definitivamente...- murmuró Adam mirando los labios de la chica. Sólo unos centímetros más cerca y...
-Suficiente por hoy- terció Jack apareciendo de la nada, tomando el bô de Nora y con un ágil movimiento, colocándolo entre ambos para ejercer palanca y separarlos -Suficiente, definitivamente. Está más que bien- dijo mirando a Adam con llamas en los ojos
-¿Hemos... hemos estado bien?- preguntó Nora sin aliento
-Definitivamente- le sonrió Jack -Sigue así Nora. Lo haces mejor de lo que esperaba-
-Creo... Creo que necesito bañarme cinco o seis veces antes de dormir. Estoy asquerosa- bufó
-Yo también. Creo que debería volver a casa, de todas formas-
-Sí, deberías- inquirió Jack con furia en la voz mientras Nora se alejaba para volver a buscar su ropa, dejando a los dos hombres solos por un momento -¿Se puede saber qué coño haces, Adam?-
-¿Qué? ¿Qué he hecho ahora?-
-Aléjate de Nora. Estás casado con Serena, maldito hijo de puta- rugió en voz baja
-¿De qué demonios hablas Jack? Estás delirando-
-¿Delirando?- se acercó a su hermano, amenazante -¿Crees que deliro? ¿Me tomas por gilipollas o qué? ¿Crees que no sé reconocer a una persona excitada, un momento íntimo, las intenciones de un cuerpo descontrolado?- Adam frunció el ceño -Te han faltado segundos para besarla ¿verdad? No has dejado de mirarla. No te has concentrado en luchar, sino en ella. En cada movimiento, en su cuerpo-
-Si no me hubiese centrado en el combate, me habría ganado. Me habría golpeado unas cuantas...-
-No juegues conmigo Adam. Si has superado el combate contra ella es porque Nora está débil aún y es inexperta en esto de luchar. Es insegura, aún tiene mucho que aprender. Si ella fuese más experimentada que tú te habría molido a palos por no centrarte-
-De verdad que te equivocas Jack- dijo Adam encogiendo los hombros
-Te lo voy a decir una única vez, capullo engreido- Jack lo agarró del pecho del hakama pese a que ese movimiento le provocó un agudo dolor en las heridas, lo cual enfatizó su rabia -No voy a permitir que engañes a Serena, no voy a dejar bajo ningún concepto que juegues con las ilusiones de una mujer que te quiere y con la que has construido una vida. Más vale que dejes de pensar con la polla y te centres. Contén tu mirada y contén también tus emociones, porque si tu carácter de puñetero picaflor trae a los demonios a las puertas del castillo...- Adam intentó zafarse pero Jack lo agarró con más fuerza y se lo acercó a la cara -Si traes la oscuridad a Azuchi o peor, a Nora... Yo personalmente te destriparé y te crucificaré en el Yomi para que te devoren durante toda la eternidad, hijo de puta desgraciado- lo soltó con un empujón y se marchó, dejando a Adam a solas
-Te equivocas Jack... Te equivocas- se decía a sí mismo.

Cuando volvieron a casa, Adam no permanció más de un minuto allí. Se despidió de Nora que estaba a punto de ducharse y a Jack no le miró a los ojos. Tomó su vehículo y se marchó rumbo a casa. Mientras conducía, cabilaba sin pensar en lo que le había dicho Jack. No era estúpido, era consciente de todo cuanto había hecho desde que llegaron a japón, de la cantidad de alumnas con la que había intimado, pero... pero que alguien le agarrase de cerca y le recordara a la cara quién era y qué estaba haciendo le había frustrado de verdad ¿Cuanto tiempo llevaba negándoselo a sí mismo? Sentía una herida abierta de culpabilidad, supurante y dolorosa. Pensaba en Serena, en sus hijos. Dios... cuanto lo sentía. Cuanto apreciaba a esa mujer que lo daba todo por él mientras que él... él sólo pensaba, últimamente, en Nora. Y ahora lo sabía con claridad. Verla de esa guisa, verla brillar en lugar de llorar... era tan hermosa, era tan despampanante y cautivadora. Nora le resultaba una mujer mágica... y no se la podía quitar de la cabeza. Le tenía hechizado...

Paró el vehículo cerca de un local que conocía desde meses después de llegar a japón. Era un establecimiento clásico, una suerte de hostal con aires feudales. Allí las camareras servían en kimono o yukata a los clientes, además del ambiente tranquilo y el olor del incienso y las velas. Un local íntimo al que acudía poca gente, pero idoneo para reflexionar en silencio. Adam estaba vaciando una botella de sake mientras el teléfono le vibraba en el bolsillo -¿Sí...?-
-¿Dónde estás? Estoy preocupada- se oyó la voz de Serena al otro lado
-He estado con Jack, perdona, Serena. Volveré a casa en un rato. Me he parado... para, bueno, ya sabes... Me ha dado la necesidad de ir al baño-
-¿Estás bien? Te noto desanimado-
-Me duele el estómago, pero no te preocupes, ahora voy- dijo sin más
-Vale. Ten cuidado, Adam. Y no te preocupes. Conduce si te encuentras bien y si no descansa un poco. Te estaré esperando-
-Gracias, cariño. Un beso-
-Te quiero- dijo únicamente Serena y colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa mientras que unas manos blancas y preciosas le servían un nuevo trago en el ochoko, el vaso pequeño típico del sake
-Tienes un rostro tan triste...- Adam alzó la mirada hacia la mujer. Qué belleza. Su pelo era negro como el infinito y sus ojos grandes y atrapantes. Sus labios estaban pintados del rojo de la sangre. Su voz, su forma de hablar, eran coquetas y juguetonas. Traviesa, se inclinaba sobre la mesa dejando que el yukata, más abierto de lo normal, revelara unos pechos redondos y llamativos, tan blancos como el resto de su piel
-La vida a veces no es amable- dijo Adam sin poder apartar la mirada de la mujer
-¿Te gusta...?-
-¿Eh?-
-El sake... ¿Está bueno, de tu gusto?-
-Oh, sí... espléndido- Adam empezaba a sentir la embriaguez a esas alturas
-Me alegra saberlo pero... óyeme- le tomó la mano -¿Hay algo que podamos hacer para ayudarte? El cliente siempre es lo primero. Su felicidad es lo primero... y más de un hombre tan guapo y atractivo-
-Yo...-
-¿Te espera alguien en casa?- Adam la miraba pensativo
-...No-
-Ah...- los labios rojos de la japonesa se curvaron de forma sensual mientras se acariciaba el cuello de forma pausada.

Minutos después, una puerta corrediza de una habitación del hostal se abrió dejando paso a un vendabal de beso y jadeos mientras la mujer arrastraba a Adam al interior. La habitación estaba completamente vacía de cualquier tipo de mobiliario, pero el suelo bastaría. El hombre despojaba a la mujer del yukata revelándola en completa desnudez mientras ella le miraba, esperando encantada a que hiciera con ella lo que quisiera -Hazlo... Hazlo, mi elegante caballero de mirada brillante...- dijo ella hipnótica y manipuladora, sintiendo cómo Adam hundía su rostro entre sus senos, los besaba y los manipulaba con una pasión desmedida -Hazlo... hazme el amor- gemía la mujer, motivando al hombre que se desabrochaba el pantalón y se despojaba del mismo con celeridad, tumbando a la mujer en el suelo de tatami mullido. Allí, bajo el hombre, ella le devoraba con la mirada, desnuda y derrotada ante su tamaño y fuerza. Ella le desabrochaba la camisa mientras él la miraba casi sin pestañear... A veces, le resultaba familiar, pero su riego sanguineo no le daba para pensar concretamente. Sus facciones, sus ojos... ¿Eran azules antes, o negros? Ahora no lo recordaba,pero... ahora que reflxionaba... Se parecía tanto a ella... -Vamos...- la mujer le tomó el rostro y le besó con fiereza mientras le despojaba de la ropa -Hazlo ya...- su voz... se parecía también ¿Era posible o estaba demasiado borracho? Era prácticamente ella... -Hazme el amor...- suplicaba jadeante y Adam no hizo más que complacerla. Penetró en ella con dureza aferrando sus caderas como si le fuese la vida en ello, devorando los rojos labios de la mujer mientras ésta gemía con la fuerza del rayo, capaz de partir el cielo en pedazos. Adam se degustaba en el cuerpo de la mujer, tocando y apretando cada parte de ella, saboreándolo con enfermedad. Ella sólo gemía y jadeaba, sintiendo el placer que el hombre le proporcionaba y el que ella le proporcionaba. De vez en cuando Adam la miraba y se prendaba nuevamente de su belleza
-Nora...- jadeaba el hombre, con su mente nublada, viendo el mismo reflejo de esa chica en la mujer con la que yacía con fiereza
-Sí... sí...- jadeaba la mujer, aferrándose a la espalda del hombre como si de garras se tratase. Adam gemía de puro placer, llevado y cegado por el deseo, mientras que la dama casi rompía en risas traviesas, en lo que sus ojos se volvían rojos como la sangre y sus iris se tornaban dorados como un sol agonizante. Se sentía fuerte, se sentía poderosa. En su boca dos colmillos asomaron por un instante y mordieron el cuello de Adam con tenacidad, haciendo al hombre gritar de placer mientras la acometía con más pasión y salvajismo. Una sombra comenzó a envolerlos a ambos hasta que finalmente penetró en Adam a través de la mordida de la dama de labios rojos
-Así...- sonreía, complacida -Sigue así, mi buen caballero...- se abrazó a él finalmente, dejándole culminar en un climax antinatural, en el que ella triunfaba y así mismo, la oscuridad.

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