jueves, 31 de mayo de 2018

Nora sintió como algunas gotas de sudor frío le recorrían la espalda, de las que estaba segura, no pertenecían a ningún ataque de necesidad de fármacos. Movía constantemente los pies, sobretodo cuando los dos hombres hablaban entre ellos o Serena le lanzaba una mirada cargada de interés analítico. Si hacía acopios de recuerdos, aquella era la situación más incómoda que había vivido en toda su vida. Y para colmo, el chico misterioso había aparecido ¡Y era el hermano de Adam! ¡¿Como había podido tener tanto tiempo tan cerca alguien tan importante como él?! Su cabeza divagaba tanto, mirando tantas veces a ese tal Jack boquiabierta, que durante muchos momentos dejó de prestar atención a los demás.
-¿No comes nada?- preguntó Serena, ofreciéndole un trozo de pastel. Nora tragó saliva y aceptó el ofrecimiento. Definitivamente, Serena estaba molesta. Y estaba claro, que también estaba celosa de ella. Si lo pensaba más detenidamente, la mujer tenía todas las razones del mundo para estarlo, mientras que ella... solo estaba dando problemas a aquella familia.
-Yo... os agradezco mucho la idea de crear una especie de convivencia de extranjeros en Tokio, pero... No es necesario. Dejará de serlo si no me dan el visado- comentó con cierto pesar.
-No seas pesimista, Nora. Al principio yo me encontraba igual de perdida que tú. Claro que yo tenía a Adam- explicó Serena. -A todo esto ¿Por qué viniste a Tokio, Nora? Adam no me lo ha explicado aún- cada palabra que salía de sus labios parecía veneno en estado gaseoso.
-Es una larga historia- tragó saliva la chica.
-¿Y para qué estamos aquí entonces?- Serena cruzó una pierna sobre la otra, expectante.
-Es que...- Nora se rascó una mejilla. ¿Que excusa podía inventar? -Cambie... de aires. Solo eso. No me gustaba como era mi vida en Londres-
-¡Anda! ¡Pues como Jack! Tenéis varias cosas en común... por eso no pude evitar llamarle. Ojalá yo hubiese tenido a alguien con quien acostumbrarme a esta nueva vida. Sobretodo cuando Adam no estaba. Trabaja tanto...- murmuró -Siempre tan dedicado a las clases de refuerzo... ¿Como se llamaba esa ultima chica a la que diste clases? ¡Inori! Si, recuerdo a Inori. ¿Conoces a Inori, Nora?- la chica negó con la cabeza -Oh, entonces ¿Ya no está en la academia?-
-Terminó sus estudios de inglés, cielo-
-Que lástima. Me hubiese gustado mucho conocerla, como a Nora-

Nora y Jack guardaron silencio durante todo momento. La chica no se atrevía a mirar a Adam, quizá por medio, quizá por respeto. Jack sin embargo, si le miraba, con el ceño fruncido de forma constante. Empezaba a darse cuenta de que había algo muy extraño en el comportamiento de Serena y aquello no le gustó nada. -Entonces... Te llamas Jack ¿No?- preguntó Nora en voz baja, sacando al hombre de sus pensamientos.
-¿No os conocíais?- preguntó Adam con interés.
-Sí, pero...- A Nora no se le pasó por la mente ninguna excusa. Por suerte, eso fue algo que Jack sintió.
-No le dije mi nombre- Se adelantó él -Estaba en el metro. Tenía un acosador detrás que la estaba molestando y yo la ayudé. Increpé a ese hombre por su comportamiento y procuré que no se acercase más a ella y al resto de chicas del vagón hasta que bajó del tren- Nora tuvo que pestañear dos veces. ¿Como podía su mente trabajar tan rápidamente una excusa? O quizás era ella la torpe, sintiendo la cabeza pesada y angustiada.
-Vaya, se puede decir que la salvaste- comentó Serena, encantada.
-Bueno, quizá ella sola hubiese podido hacerlo- Jack lanzó una mirada significativa a la chica, quien captó la indirecta rápidamente. ¿La estaba acusando por lo que sucedió aquella noche? -Pero supongo que contar con ayuda siempre es bueno-
-Entonces para vosotros esto es una coincidencia de lo más asombrosa. ¡Que maravilla! Llego a saber que en mi mano estaba reuniros y lo hubiese hecho mucho antes. ¿A que si, cielo?- Adam asintió con pesadez. Nada de aquello era lo esperado para él. Estaba perdiendo el control de la situación por primera vez.

La tarde transcurrió entre pequeños y cortos silencios, únicamente destruidos por la imponente voz de Serena, que procuraba colmar a sus invitados de todo cuanto necesitasen, pero manteniendo ese semblante astuto y atento. Nora se sintió bastante nerviosa durante toda la merienda. Siendo sincera, no deseaba estar allí. No deseaba estar con Adam y Serena. Deseaba estar fuera, en su casa, pero con Jack. Ahora que le había encontrado, no pensaba volver a dejar que se escapara otra vez. Tenía tantas preguntas deseando brotar, que a veces sentía un nudo extraño en la garganta que le impedía respirar.

Observó desde la esquina del sofá como aquella familia era algo extraña. Hasta donde llegó a entender, Jack y Adam eran dos hermanos un poco complicados, con rencillas entre ellos dos de tal magnitud que llevaron a que fuese aquel día la primera vez que Jack conociese a Nick, aquel bebé regordete y rubio que hacía poco que había nacido.  Quizá fue en aquel momento cuando más excluida se sintió, cuando decidió que ya era hora de marcharse. Sin embargo, no lo dijo. Esperó a que fuese Jack quien decidiese marcharse, ya caída la noche, para poder llevar a cabo sus intenciones.
-Yo también tengo que irme-

Ambos se despidieron de la pareja. Nora sintió el impulso de pedirle ayuda a Adam, incluso a Serena, sobre su problema con las pastillas. Pero la situación estaba tan tensa que decidió no hacerlo. Justo cuando Jack y ella salieron del portal del edificio, la chica vio como el hombre iba a tomar un camino distinto a ella como si nada ocurriese, de forma que le agarró de la muñeca con fuerza. -No, no, no. No te vayas. Ni se te ocurra irte ahora- imploró. -Dijiste que si volvíamos a encontrarnos, me contarías que está ocurriendo-
-¿Aún no lo sabes?- Aquella condescendencia al hablar crispó los nervios de la chica.
-¡¿Como quieres que lo sepa?!-
-Pensé que sacarías tus propias conclusiones-
-Pero ¡¿Qué...?!- Jack dejaba a Nora sin palabras. Hablaba como si lo que ambos veían no fuera importante, como si estuviese tan acostumbrado a ver a espíritus y demonios que se le había olvidado lo extraño que era en realidad. -Oye, mira. Necesito hablar contigo de esto ¿De acuerdo? Tengo muchas preguntas. Demasiadas- Jack la miró a los ojos durante unos instantes, sopesando las posibilidades. Finalmente, asintió.
-Está bien. Supongo que tienes derecho a saberlo. Pero no aquí, no en la calle. No en un lugar público. Vamos a tu casa-

Si bien la propuesta tomó a Nora de sorpresa, no dudó en aceptarla. Su casa era horrible, sin apenas decorar y demasiado pequeña. Pero claro, Jack ya la había visto. ¿De que se tenía que preocupar entonces? Tras tomar el metro y llegar hasta Nerima, ambos anduvieron hasta el piso. Al llegar, Nora dejó que Jack pasase primero, encendiendo las luces detrás de él conforme se adentraban en el hogar.
-Veo que no has arreglado el desastre que provocaron esos demonios el otro día- Nora se sonrojó al ser descubierto su descuido. Había un jarrón roto sobre la cocina, un cactus triturado sobre su maceta y una pared corredera estaba desgarrada.
-¿Y para qué? Llegarán más y destrozarán más cosas. Siempre lo hacen- suspiró.
-No- comentó Jack tajante.
-¿No, qué?-
-Esa no es la actitud. No debes permitir que ellos estén siempre rondando a su placer. No es bueno. Menos aun si eres una psíquica- Las palabras de Jack empezaron a hacer mella en la mente de la chica, quien empezó a sentirse mareada de tanta información.
-Espera, haré como que no he oído eso que has dicho... Por favor, siéntate- Nora tomó asiento bajo el kotatsu -No tengo nada que ofrecerte, lo siento. El frigorífico está vacío-
-Descuida. ¿Qué quieres sabes?-
-Lo primero...- Nora intentó pensar cual iba a ser su primera pregunta entre tantas que tenía. Sería sensato barajar bien las opciones y empezar de manera que comprendiese todo lo que ocurría. Pero, en vez de eso, extendió una mano y cogió la de Jack. Si bien el hombre pudo extrañarse en un primer momento, la chica acabó dándole un pellizco sobre el dorso de la mano que hizo que el hombre retirase la mano con rapidez. -Vale, estás aquí. Eres real-
-¡Eso se hace con uno mismo, para saber que no estás soñando!-
-Si, si, ya lo sé.- Nora hizo lo mismo con su mano -Estaba convencida de que yo estaba despierta. No tengo tanta imaginación como para soñar todo lo que ha ocurrido hoy. Pero no estaba convencida de que tu fueses real-
-¿Como no iba a serlo?-
-¿Quizá por que veo desde que tengo recuerdo demasiadas cosas que no sol reales?-
-Desde luego... no sabes nada-
-Pues explícamelo todo-
-¿Todo, todo?-
-Todo-
-Está bien... ¿Sabes que es lo que ves, al menos?- Nora dudó.
-Sé que veo espíritus. Sé que son espíritus de gente que ha muerto porque una vez reconocí a mi gato entre ellos. Sé que, en general, son pacíficos y que no hacen el menor daño. Y los otros... no se exactamente que son-
-Son demonios. Aquí, en Japón, los llaman yokais- La chica escuchó con atención, ligeramente nerviosa por la afirmación del hombre -Son entidades peligrosas que constantemente quieren pasar de su plano al nuestro-
-Pero aquí son distintas... Cuando vivía en Londres presentaban otra forma... eran como...-
-¿Personas deformes de ojos rojizos? Lo sé. Antes de llegar aquí yo también los veía así. Aquí son distintos, pero solo en lo físico. La razón de ser de los yokais y el resto de demonios es la misma. Por eso debes contener tus emociones. Eres una psíquica-
-¿Qué es... ser una psíquica?-
-Significa que eres algo más que una medium. Los medium solo pueden ver lo que vemos tú y yo, incluso luchar contra ellos. Pero eres una psíquica, y eso significa que tienes la habilidad de transportar a esos seres desde su plano al nuestro. Ya lo hiciste aquel día con aquella Onna. Cuando la destruí, sangró. Ningun yokai sangra si sigue en su plano-
-Pero... yo ni hice nada-
-Te debilitaste mentalmente. Estabas llorando a oscuras en tu baño. Los yokais aprovechan las emociones fuertes, las que hacen que tu mente se debilite o desconecte. Por medio de esas emociones se aprovechan de ti y tus habilidades para viajar- Nora no podía creer lo que estaba oyendo. A veces, sentía que los ojos se le enlagrimaban de pura confusión. Otras, sentía deseos de llorar, porque si Jack decía la verdad... estaba descubriendo quien era realmente.
-¿Entonces... yo soy una psíquica? ¿Soy... alguien normal?- Jack calló un momento, comprendiendo el pesar y la frustración que la voz de la chica cargaba consigo. Se cruzó de brazos por un momento y suspiró
-Bueno, no es que seamos muy normales- sonrió -Pero no eres la única, Nora, si es lo que te estabas preguntando. Hay más como nosotros, aquí y en todo el mundo. Más de los que puedas imaginar.- A la chica se le escaparon un par de lágrimas sin querer. Se sonrojó de pura vergüenza y se secó la humedad con la manga del jersey.
-Lo siento, lo siento. No quiero...-
-No pasa nada-
-Es que... he pensado durante tanto tiempo que... estaba loca... Han pasado tantas cosas por culpa de esta... habilidad- sollozó. -Por eso te estuve buscando por Tokio-
-¿Me buscaste?-
-Necesitaba saber la verdad. Necesitaba ese alivio- carraspeó -Necesitaba saber que no iba a morir en un manicomio mientras afirmaba que veía espíritus, demonios y premoniciones-
-¿Premoniciones?-  la voz de Jack sonó extraña, así como sus ojos mostraron cierta incertidumbre. Nora supo, rápidamente, que algo iba mal.


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