A la mañana siguiente, Nora seguía dándole aún vueltas a su decisión. Sí, había elegido por fin, pero era la clase de decisiones que hacía plantear una y otra vez si estaba haciendo lo correcto. Echa un ovillo, descalza en el sofá, meditaba en silencio mientras Inu la olisqueaba y se oía el lejano correr del agua mientras Jack se duchaba. La chica ya había desayunado y lo único que tenía en frente era un televisor apagado en el que se reflejaba a sí misma mordisqueándose con ansiedad la uña del dedo pulgar de la mano, meditabunda en lo que le deparaba. Entonces, de pronto, recayó en ella una enorme responsabilidad incumplida que había pasado por alto por completo debido a las fuertes emociones vividas en las últimas horas. Su teléfono móvil estaba completamente hecho polvo y la llamada que necesitaba realizar, de hacerla con un teléfono fijo, costaría una millonada. De ese modo, Nora se acercó al baño y sin abrir la puerta dio un par de golpes en la puerta -¿Jack? ¿Me oyes?-
-Sí- dijo simplemente el hombre a través del agua -¿Pasa algo?-
-No... Osea, sí... Nada grave, pero me preguntaba si tienes algún ordenador o... algún método de usar internet y que no esté tan destrozado como mi teléfono móvil- dijo la chica con reparo
-Sí, tengo un ordenador portátil. No es la tecnología más puntera del último lustro, pero si no pretendes ponerte a jugar a videojuegos de la última generación...- se mofó el hombre
-No, para nada. Sólo quisiera realizar una videollamada-
-Entonces sin problemas. Está en mi habitación, en el armario. Está guardado junto a unas cajas, no tiene pérdida- aclaró el hombre, dejando que Nora fuese a encargarse de sus asuntos.
La chica entró de nuevo en la habitación de Jack, donde había pasado la noche, y se puso a buscar el ordenador. En el armario no pudo evitar distinguir un traje elegante, bien planchado y arreglado. Parecía esas típicas ropas de etiqueta que a veces solían vestir los mafiosos en las películas ¿Jack un mafioso? Según estuviese de mejor o peor humor, podría quedarle bien el estilo. Nora se apartó la idea de la cabeza y se agachó a rebuscar entre un par de cajas de cartón que había a los pies en el armario hasta que dio con el ordenador. Estaba en perfecto estado pero se notaba que tenía unos años y poco uso -Igualmente servirá- con prisa por hacer la llamada sacó el ordenador del armario sin demasiado cuidado, de forma que el aparato se enganchó con una de las cajas y la tapadera salió volando. Pese a que tenía prisa, no podía dejarle la habitación a Jack hecha un estropicio, por lo que se remitió a cerrar la caja, no sin antes percatarse de algo muy curioso. A parte de una serie de papeles y carpetas que de nada incumbían a Nora, fueron un pequeño número de fotografías lo que cautivaron a la chica. Eran, en principio, fotografías de un Jack bastante más joven con una chica de cabellos rubios, muy mona, que a Nora le resultaba familiar. Con sumo cuidado tomó las fotos para verlas más de cerca, más a la luz. Las examinó con detenimiento concentrándose en los detalles y... ¿Serena? ¿Aquella joven era Serena? Las fotografías no parecían ser precisamente de amigos... aunque en ninguna foto se denotaba una completa actitud romántica, sí estaban mucho más apegados de la cuenta. No obstante, las fotos eran bastante antiguas y estaban algo deterioradas. Nora las miró por un instante una tras otra, pasando de foto en foto hasta que tras pasar tres fotos, ya no estaba Serena en ninguna. Eran fotos de Jack en solitario, al estilo selfie o a panoramas ya japoneses. Eran paisajes preciosos pero... las fotos de Jack... Si las giraba, si las inclinaba un poco, creía poder ver una extraña aura alrededor del hombre. Era casi imperceptible pero sin duda estaba ahí ¿Qué era? ¿Qué significaba? ¿Tendría algo que ver con el hecho de ser un cazador? De pronto, aún en la ducha, Jack tosió con fuerza y estruendo, al punto de que Nora se asustó, pensando que la había pillado mirando las fotos. Las guardó con velocidad, cerró la caja y bajó a toda velocidad al salón para realizar la llamada.
Los tonos del programa de chat y videoconferencia se hicieron dulcemente familiares. La chica no pudo evitar sonreir mientras esperaba que Sam atendiera la llamada. No fue de extrañar en absoluto que la chica empezase a pegar gritos en cuanto la vio al otro lado de la pantalla -¡ME CAGO EN TU VIDA!- sollozaba Sam desde el primer segundo
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Lo siento muchísimo, de verdad. Perdóname- suplicó Nora
-¿¡Tienes idea del miedo que he pasado!? ¿¡Tienes la menor idea de cómo me he sentido!? Te he llamado tantas veces que el móvil me ha mandado a tomar por culo directamente- rugía la chica
-Sam... se me estropeó el teléfono. Han sido unas horas muy movidas, un par de días muy jodidos. No me lo tengas encuenta. Estoy aquí, en cuanto he podido calmarme y pensar en lo que tenía por hacer- Nora se calmó al ver cómo Sam volvía a sonreir. Directamente reía, consolándose a sí misma al ver que su querida amiga estaba bien
-¿Cómo estás, maldita? ¿Sufriste algún daño? ¿Está todo bien?-
-Todo menos mis cosas...- se encogió de hombros -Lo perdí todo en la explosión-
-¿Se sabe ya que ha ocurrido? ¿Terrorismo?- Sam trataba de hablar con tranquilidad
-No tengo ni la menor idea...- mintió la chica -Tampoco pretendo saberlo. Ya me entiendes. No gano nada. Sólo me contento con saber que sigo aquí, vivita y coleando a duras penas-
-Una cabeza tan dura tenía que servir para algo...- Sam se limpió las lágrimas
-¿Cómo estáis tú y Alice?- sonrió Nora
-Ahora bien. Joder, maldita hija de puta. Que susto nos has dado. Ahora estamos bien. Bueno, lo estará cuando regrese, está trabajando aún- sonrió cálida también
-Me alegro. Oye, de verdad que lo siento-
-No, da igual ya. Estás bien y eso es lo que importa...- suspiró -A todo esto ¿Dónde estás?-
-En casa de un amigo. Bueno, un conocido-
-¿Qué conocido? ¿No se suponía que estabas sola allí?- Sam alzó las cejas
-Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que...- Nora bufó, se agobiaba con sólo pensarlo
-Osea que ahora tienes un amigo- Sam asentía despacio, frunciendo los labios
-No lo digas Sam...-
-¿Está bueno?-
-Sam...- Nora chasqueó la lengua
-¡Que es broma, mujer! Venga, en algún momento tendrás que levantar el ánimo. Ese pozo de mierda en el que estás metida no te va a llevar a ninguna parte y conocer gente nueva es el mejor paso. Oye... sé que lo de Patrick es un tema delicado y que no es sencillo ¿vale? Pero tómatelo con calma. Pasa página. No fue tu culpa- Nora agachó la cabeza, pensativa. Tanto que no oyó a Jack llegar
-¿Todo bien?- la chica se sobresaltó
-Ah, sí, es que...- cuando lo miró se quedó helada. Ya le había curado las heridas en la espalda pero no le había visto completamente descamisado. Se acababa de vendar las heridas y lucía sólo los pantalones en ese instante, con una camiseta blanca en la mano. Era un mar de cicatrices. El maldito bastardo era un oceano de heridas plateadas por todas partes... ¿Con cuantas bestias se había topado en los años que llevaba en japón? ¿Cuantas heridas habría tenido que curarse...?
-¿Nora?- Sam dio unos golpecitos al micrófono -¿Quién es? ¿Es tu amigo?-
-Ah, sí. Es Jack. Como te dije me está dando cobijo hasta que encuentre algo. Le debo la vida- Sam nunca imaginaría hasta qué punto era literal esa frase
-¡Hola, Jack!- saludó Sam al micrófono. El hombre, con su amabilidad natural, se asomó a la cámara y saludó con la mano y una cálida sonrisa. Sam se quedó patidifusa como Nora, pero no por las cicatrices precisamente, pues la calidad de la imagen no dejaba distinguirlas y se asomó sólo lo justo para que no se le viesen los vendajes
-Un placer...-
-Sam- dijo la inglesa al otro lado
-Sam. Encantado, Sam. Soy Jack y estoy cuidando de tu... ¿Es tu hermana, tu amiga...?-
-Somos amigas- dijo Nora simplemente
-Pues eso... Está a buen recaudo- asintió Jack
-Ya te digo...- murmuró Sam
-¿Perdón?- el muchacho sonrió al no haber oído bien
-Que me alegro mucho. Es un alivio después de lo que hemos oído que ha ocurrido allí-
-Sí, un gran alivio. Un placer, Sam. Tengo que despedirme-
-Hasta la vista...- Jack se marchó -...baby- concluyó Sam cuando el muchacho se fue
-No lo digas, Sam- advirtió Nora de mala gana -No lo digas otra vez o te juro que no vuelvo a llamarte-
-No lo diré- dijo Sam con calidez -Porque si algún día Alice y yo terminásemos... te pediré su número- un comentario jocoso, sin maldad alguna, que fue capaz de robarle a Nora una brillante sonrisa. Sam siempre sabía hacerle reir con sus tonos de voz estúpidos y sus expresiones faciales exageradas.
Cuando acabó la conversación, Jack ya estaba vestido y preparado para salir. Le dijo a Nora que hiciera lo propio si no le importaba, pues tenían un lugar al que acudir: su puesto de trabajo. Fue bastante improvisado, pero fue un hecho que Nora sintió una gran ilusión al respecto ¿Un trabajo de verdad? ¿Por fin podría sentirse realizada y útil para sí misma? Una vez vestida, dejaron la casa para poner rumbo a Shinjuku, al conocido barrio de Kabukicho. Echaron un buen rato de viaje, pero valdría la pena, pues era un puesto de trabajo seguro. Se dirigieron juntos hacia un amplio local en el barrio de la noche llamado Flying Dutchman -Hola- dijo Jack al entrar, con tono alegre, acercándose hacia un hombre de mediana edad que hablaba con unas chicas en la barra
-¡Jack-san!- el hombre le tendió la mano -¿Qué haces aquí? ¿No estabas indispuesto?-
-Me temo, Mori-san, que aún tardaré unos días- se levantó ligeramente la camiseta para mostrar las vendas
-No te preocupes, no te preocupes- el hombre sonrió -Te podremos cubrir la ausencia. Mi buen guardia de seguridad es una pieza idónea de este lugar-
-Gracias, Mori-san- Jack inclinó la cabeza -Traigo una amiga. Quería proponerla para trabajar aquí- señaló a Nora
-Ooh, extranjera, como tú- el hombre saludó a Nora con la cabeza y la chica hizo lo propio. Ella le entendía perfectamente por alguna razón
-Ella es inglesa- corrigió Jack -Yo soy americano-
-Sí, sí. De occidente. Da igual de donde, es extranjera-
-El Flying Dutchman es un local que quiere especializarse en lo exótico para japón. Es decir, Mori-san quiere contratar a cuantos extranjeros pueda, pero no le resulta demasiado fácil- explicó Jack a la chica
-Es una lástima- dijo Nora en perfecto japonés
-Ah, pero si tú quieres estás prácticamente contratada, chiquilla- sonrió Mori. Era un hombre verdaderamente amable, alejado de esos estereotipos de tipo aprovechado. Hablaba de forma humilde y las otras dos chicas que trabajaban en el local también parecían amables, aunque eran japonesas como Mori
-Estaría encantada. Es un placer. Me llamo Nora- se inclinó la chica
-Nora-san. Un nombre muy bonito- advirtió Mori
-Vendrá conmigo, si no te importa, cuando esté preparado. No conoce mucho japón y le vendría bien mi compañía y tutela durante los primeros días- inquirió Jack
-Claro- asintió Mori -¿Por qué no? A fin de cuentas los días y las noches están calmados últimamente. Cuento de hecho que quizá la presencia de Nora nos haga aumentar ligeramente la clientela- sonrió el hombre -Y contigo estaremos todos más seguros-
-Cuenta con ello- concluyó Jack -¿Te parece bien todo, Nora?- miró a la chica, la cual asintió con el ánimo algo mejorado ¿De verdad era trabajo? ¿Tan sencillo como servir las mesas en un lugar con tan, apanrentemente, buen ambiente? Encantada, se llevó las manos tras la espalda y sintió un ligero bulto prominente en el bolsillo del pantalón. Al palparlo adivinó la forma de un magatama ¿Cómo...? Debía de ser cosa de Jack... y por eso debió entender tan bien a Mori. Al mirar al muchacho, éste la seguía mirando. Parecía adivinar que se había dado cuenta sobre el magatama. Simplemente le guiñó el ojo. Jack era ciertamente imprevisible.
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