Nora estaba inquieta. Esperaba la llegada de su compañero bajo el umbral del gran arco que el castillo principal del parque poseía en su base. Oyendo las risas de las personas, los leves gritos lejanos del éxtasis en las atracciones, oliendo el dulce olor a caramelo y golosinas, y viendo a las personas caminar de aquí para allá, la chica dejó de sentirse parte de aquel lugar que tan maravilloso le había parecido hasta hacía escasos minutos. Sentía la mirada de Adam clavada en su nuca, preocupado. ¿Como explicarle? ¿Como decirle lo que había oído? Jamás debía hacerlo. -No me está gustando nada este lugar-
Cuando Jack apareció, la chica se dirigió rápidamente hacia él. El hombre no necesito preguntar nada para, con solo ver el rostro descompuesto de su compañera y alumna, saber que había encontrado algo. -¿Lo has visto? ¿Donde está?-
-Yo... no estoy segura de qué he visto-
-¿No has visto al yokai?-
-Sí, pero...-
-Yo no he visto nada- explicó Adam -Y he estado con ella en todo momento- Jack frunció el ceño extrañado, para después fijarse en que Nora tenía entre sus manos varias fotos instantáneas.
-¿Lo has captado?- quiso saber, al tiempo que tomaba las fotos y empezaba a pasarlas una a una. Entre ellas pudo encontrar fotos de Nora, fotos del parque y una foto de la chica y Adam bastante apegados, en la que tuvo que detenerse unos segundos para intentar entender aquella actitud.
-¿No... lo ves?-
-¿Ver qué?- La chica suspiró desesperada. -Nora ¿Qué ves tú en estas fotos?-
-Ahora nada. Pero antes, hace un rato, vi algo. Y no solo lo vi, lo oí- explicó. Jack miró a Adam y este negó con la cabeza. Definitivamente, la chica era la única que había presenciado tal cosa.
-Esto es muy extraño. Si hubiese un yokai, Adam también lo habría visto.-
-Pero de verdad lo vi, y lo oí-
-Un yokai cualquiera no tiene la capacidad de comunicarse. Tampoco la de camuflarse a nuestra vista así como así. ¿Qué dijo exactamente?- Nora se tensó. Abrió la boca para hablar, pero rápidamente la cerró. Aquel gesto no pasó por alto para Jack, quien esperó expectante a que dijese algo.
-Nada claro... pero tenía mi voz- terminó por decir. -Era negro, repleto de plumas. Tenía una máscara blanca, creo- añadió -No puedo decir más-
-Pues si sólo tu puedes verle, eres la única que po...-
Nora dejó de prestar atención a lo que el hombre decía. Todo su entorno volvió a silenciarse de aquella forma tan macabra, haciendo parecer que todo trascendía de forma más lenta a la natural. -Tu culpa. Asesina. Tu culpa. Asesina- volvió a oir muy cerca, como si la voz sobrevolase por encima de su cabeza.
-¡Cállate!- gritó la chica.
-Tu culpa. Asesina. Tu culpa. Asesina-
-¡No es mi culpa! ¡No es mi culpa!- volvió a gritar, llevándose las manos a las orejas y colocándose de cuclillas sobre el suelo, en un vano intento de protegerse de aquellas acusaciones tan horribles. -Déjame... no es mi culpa... ¡No es mi culpa!-
-¡Nora!- Jack, arrodillado junto a la chica, intentó separar sus manos de su cabeza en un intento de que saliera de aquel extraño trance.
-¡¿Que le pasa?!-
-No lo sé- Jack bufó. La gente a su al rededor miraba con interés y preocupación la escena que la chica estaba montando. Algunos pasaban rápido por su lado, mientras que otros se detenían en pos de poder ayudar. -¡Nora! ¿Qué ocurre? ¿Es esa cosa?- La chica asintió, incapaz de abrir los ojos o reaccionar de forma normal ante las preguntas de Jack.
-Ahí arriba... está ahí arriba-
Un Reino de Oscuridad
miércoles, 13 de junio de 2018
Jack tomó un camino completamente opuesto al que Adam y Nora iban a continuar, y así se lo hizo saber Adam a la chica una vez que le dio caza mientras ella miraba de un sitio a otro y se dedicaba a hacer fotos -¿Es seguro que nos separemos de esta manera?- terció, mirando en la dirección en la que Jack se había ido según Adam, pero no consiguió verle partir
-Bueno, si algo podemos tener claro es que sabe cuidarse mejor que nosotros ¿no?- se encogió de hombres Adam -Por algo es nuestro "maestro"-
-Supongo que tienes razón... aún así...- Nora se mordió el labio con cierta preocupación
-Venga, vamos a lo nuestro- sonrió Adam -Y tratemos de pasarlo bien mientras buscamos algún movimiento extraño ¡Tenemos todo el día!- estaba muy equivocado y si Jack hubiese estado delante le hubiese reprendido, pero no estaba. Nora estaba tan feliz y excitada de encontrarse en el parque de la franquicia Disney que nisiquiera prestó atención a que realmente estaban buscando un objetivo concreto.
Comenzaron la larga travesía en dirección a la zona conocida como Fantasyland, donde había varias atracciones y los elementos de mayor fantasía dentro de la famosa marca de dibujos animados y entretenimiento familiar. Nora estaba exultante. Irradiaba una felicidad nunca antes vista por Adam y eso hacía que el hombre no pudiese quitarle los ojos de encima. Nunca, reflexionaba, había visto una sonrisa tan hermosa como la que tenía Nora. Sí, le resultaba muchísimo mas hermosa que Serena, más que la de sus propios hijos, siendo egoista pero sincero consigo mismo. Fue quizá la perpetua aura sombría y triste que la chica siempre llevó consigo en los meses anteriores lo que hizo que nunca le prestara la atención que le prestaba en ese instante... ahora definitivamente tenía algo. Algo que siempre había añorado cada vez que la veía. Vida. Ahora la veía viva, eso era, esa era la mejor explicación que el hombre habría sido capaz de dar. Pese a que el parque estaba a rebosar de familias y niños por doquier, Nora robaba para él todo espectáculo. Poco le importaba la belleza y magia de las instalaciones, del ambiente, de la música tan conocida para los amantes de Disney que sonaba en los altavoces. Para Adam, la canción conocida como "Un mundo pequeño es" no le llenaba de nostalgia y gozo como a Nora o al resto del público. Él sólo consideraba, siendo aún más egoista, que el mundo era pequeño, sí, por tenerlo tan cerca de Nora y no poder llegar a una mayor cercanía con la chica -Esto me está llenando de vida- dijo tan sonriente y con sus perlados dientes brillando como diamantes por la propia luz que la chica desprendía que Adam no vocalizó palabra -¿De verdad que no extrañas haber traido a Serena y los niños? Este lugar es un sueño hecho realidad ¡Me temo que voy a llorar incluso cuando nos vayamos!- la chica abrió los brazos y dio vueltas sobre sí misma con tremenda ilusión. Adam sólo podía mirarla. Le hechizaba. Maldita sea, estaba embrujado. No podía tener otra explicación para que de pronto le maravillase tanto -Sólo de pensar en que se acabe el carrete de esta cámara me causa un tremendo ardor en el pecho- comentó triste -Y aún no hemos visto nada tampoco...- terminó por suspirar
-Eh, pues antes de que se acabe el carrete quisiera tener un recuerdo- dijo el hombre acercándose
-¿Quieres una foto?- se mofó la chica -Lo suyo sería estar con Jack también ¿no? Un recuerdo de nuestra primera misión- Adam se puso junto a Nora y pretendió coger la cámara, pero lo que tomó fue la mano de la chica que sostenía dicho aparato
-Sólo es nuestra primera misión para ti y para mí. Jack ya ha hecho lo que debía durante años- el hombre se reclinó hasta estar a la altura de Nora y se apegó mucho a la chica. Demasiado.
-¿Adam...?- Nora trató de mirarle a la cara y el hombre hizo lo propio. Estaban demasiado, excesivamente cerca. Ambos pudieron sentir la respiración del otro en sus caras
-Sonríe, estamos en Disneylandia. Di patata- sonrió el hombre con alegría y le contagió la sonrisa a Nora. Entonces se disparó la fotografía de ambos y automáticamente en seguida ambos se separaron. Nora sintió una extraña presión en el pecho por haber tenido a Adam tan cerca pero... quizá eran imaginaciones. Sólo era una foto y se habían separado ¿no? No tenía nada de malo. A fin de cuentas era su amigo, su profesor de idiomas. Tenían confianza y le debía bastante ayuda. La chica torció los labios en un gesto de indecisión ¿Debería haberse alejado, haberle reprendido? Miró a Adam mientras este investigaba con la mirada los alrededores. No parecía interesado en ella pero... ¿Debía hablar con él?
Tras otro rato caminando y sin encontrar nada, decidieron hacer una pequeña parada sentándose ambos en un banco para beber un poco de agua y revisar las fotografías que Nora había tomado. La chica seguía dándole vueltas y estaba mayormente inclinada a comentarle a Adam sobre el acercamiento que habían tenido antes, y lo hubiese hecho de no haber reparado en algo en las fotografías -¿Qué pasa? Estás muy seria-
-¿Has... visto esto? No me di cuenta antes- pasando una fotografía tras otra, la chica apreciaba que en algún rincón del panorama estaba la misma figura, pero juraría no haberlo visto antes con sus propios ojos. Aquello que aparecía en las fotografías, más cercano o más lejano según la imagen, parecía ser una entidad humanoide del tamaño promedio de un ser humano. Parecía estar cubierto por una manta o capa que cubría su cuerpo hecha de plumas negras y su rostro parecía estar cubierto por una máscara blanca bastante desalentadora y escalofriante con una expresión agónica. Fijándose bien, la chica incluso creyó poder oír una voz. Una voz muy familiar. Su propia voz, aunque no era ella quien hablaba.
Durante una fracción de segundo dejó de sentir la más leve brisa de aire, ni oía a las personas a su alrededor, ni el correr del agua de las fuentes. No oía a Adam, ni a los niños, ni las atracciones. Lentamente, Nora alzó la mirada hacia el frente, pues sólo oía su voz, su propia voz -¿A quién pretendes engañar? Eres quien eres, eres lo que eres. Tienes lo que te mereces. Eres una asesina. Eres un ser deleznable. Mereces todo cuanto has sufrido y aún deberías sufrir más por ello- oía cada vez más claro. Al terminar de alzar la mirada al frente, allí estaba. La oscura figura la miraba fijamente entre el gentío que caminaba de un lado a otro en el más completo silencio. La máscara blanca como el marfil tenía unos ojos oscuros y vacíos como pozos de la más siniestra oscuridad que amenazaban con devorarla por completo. La chica se sentía profundizar en ellos, arrastrada, poseida, como si tirara de ella una fuerza invisible que le pedía a gritos acercarse -Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya- repetía y repetía sin cesar con una voz agónica, llorosa y desoladora mientras que un profundo dolor de cabeza comenzaba a hacerse notar en la chica. Sus ojos se llenaron de lágrimas y cayeron como cataratas por sus mejillas
-¿Nora?- Adam la zarandeó y, de pronto, todo volvió a la normalidad -¿Estás bien? ¿Qué ocurre?- completamente desorientada, Nora miró al hombre y después inmediatamente al frente. Todo había vuelto a ser como era. Las voces, los niños riendo, los sonidos del parque. Aquella criatura no estaba. Ni siquiera estaba en las fotografías ¿Se estaba volviendo loca? -Nora háblame ¿Por qué lloras?-
-Adam... ¿Tú... no has visto las fotografías?-
-Las estaba mirando ahora y de pronto te has puesto a llorar ¿Te encuentras mal?-
-N-no. Osea, yo...- se llevó una mano a la frente, pensativa y algo conmocionada
-Puedes contarme cualquier cosa que necesites- la mano de Adam cayó de forma inmediata sobre la pierna de Nora. En un principio de forma amistosa con una palmada de ánimo, que después se convirtió en un muy ligero agarre algo más cerca del muslo
-Deberíamos buscar a Jack. Necesito preguntarle algo- dijo la chica poniéndose en pie como un resorte. Estaba histérica, demasiado afectada por lo que acababa de ver y sobre todo de oír. Interpretaba cualquier gesto de forma erronea y no quería juzgar mal a Adam, de manera que obvió ese gesto como una sugestión
-De acuerdo, busquemosle- suspiró Adam -Dónde estará... Ah, sí... Vamos al castillo, se supone que sería el punto de encuentro- señaló, a lo que Nora asintió y se pusieron en marcha. Quería estar lejos de Adam para no sentirse demasiado mal en su presencia, pero a su vez no quería estar sola y le reconfortaba su presencia. La chica presentía que iba a ser una tarea difícil, esa misión. Le habían fastidiado el día pero bien.
Mientras ellos marchaban, una preciosa mujer que acaparaba las miradas de todos los hombres que pasaban por su lado se permitía el lujo de comer un trocito de algodón de azucar de la forma más provocativa que se le ocurría. Hipnotizaba incluso a las mujeres con su sensualidad y su vestido rojo sangre, al igual que sus labios. Su cabello negro brillaba a la luz del sol invernal y destacaba como un faro en la noche al no ir precisamente muy abrigada. Se sentía extremadamente bien en aquel lugar. Le encantaba el nido de emociones que se formaba en torno al parque y más se acentuaba con su presencia. Lujuria, pura lujuria. Sacó de su bolso un pequeño teléfono móvil y marcó el número con desgana. Dio dos tonos hasta que alguien descolgó -Definitivamente está aquí...- se pasó un dedo por los labios al terminarse el algodón de azucar -Creo que esa chica... puedes ser lo que llevamos tanto tiempo buscando-
-¿Estás segura?- la voz de un hombre maduro sonó al otro lado de la línea -Nuestro Señor no admitirá errores-
-Tu Señor...- corrigió ella con voz cantarina -Yo no sirvo a nadie, recuérdaselo-
-Eso lo discutirás personalmente con él, Jorogumo-
-Con gusto- se miró las uñas perfectamente cuidadas y volvió a disparar una mirada a la pareja que se alejaba, Adam y Nora -Pero ella le siente. Y su presencia le fortalece. Hay un Onmoraki aquí en el parque de atracciones y está convirtiendo este lugar en un patio de recreo para los yokai. Si realmente es quien creemos que es... no tardarán en aparecer viejos amigos míos...- sonrió con malicia
-Vigilala. Si es ella, traela de inmediato- sentenció el hombre
-Querido... no sabes cómo funciona el juego, al igual que tu Señor- se burló la mujer -La telaraña del destino se teje sola-
-Qué clase de araña...- gruñó el hombre
-La que necesitais tú y tu Señor para que todo fluya como debe. Confía en mí, cariño y todo irá bien... Déjame jugar y seré buena contigo, mientras, para tu diversión hasta que llegue el momento- concluyó coqueta
-...No nos falles- la llamada se cortó y la mujer guardó el móvil en el bolso. Se puso en pie y movió la cabeza hacia un lado para que el pelo le cayese por delante de uno de los hombros. Aquello de nuevo robó decenas de miradas lascivas. Esas vibraciones la hicieron sonreir, aunque no duró mucho. Por un instante se le herizó cada vello del cuerpo y sentía como su corazón se convulsionaba con una fuerza insoportable. El ambiente se volvió pesado para ella. Conocía muy bien esa sensación ya milenaria. La reacción de todo yokai ante su presencia -Vaya...- alzó la mirada y creyó verle surcar el cielo sobre su cabeza. Una oscura forma fantasmal que envolvía un cuerpo blanco como la misma nieve, carente de expresión, de rostro, de facciones -Hora de irse...- sonrió -El destino es insondable, a fin de cuentas- sonrió perversa y divertida mientras caminaba hacia un portal Yomi que se abrió ante ella, desapareciendo en el acto.
Jack en ese momento también se dirigía hacia el castillo en pos de encontrar a Adam y Nora allí, o eso esperaba. El hombre no había encontrado gran cosa, aunque sí había visto algunos espíritus agitados en la zona que eran los que causaban revuelo y fenómenos paranormales, como objetos que caían solos en las tiendas y otras tantas cosas que comunmente en el mundo occidental se denominada como poltergeist. Sólo Nora había visto al Onmoraki y sólamente ella podría encontrarle al ser psíquica. Ninguno de los tres tenía ni idea del peso que recaía en los hombros de la joven y del siniestro peligro que sobrevolaba sus cabezas. Un pequeño error y los tres serían pasto de demonios en la tierra de los muertos si osaban cruzarse en el camino de la fantasmal figura que acababa de llegar al parque, el Shinigami.
-Bueno, si algo podemos tener claro es que sabe cuidarse mejor que nosotros ¿no?- se encogió de hombres Adam -Por algo es nuestro "maestro"-
-Supongo que tienes razón... aún así...- Nora se mordió el labio con cierta preocupación
-Venga, vamos a lo nuestro- sonrió Adam -Y tratemos de pasarlo bien mientras buscamos algún movimiento extraño ¡Tenemos todo el día!- estaba muy equivocado y si Jack hubiese estado delante le hubiese reprendido, pero no estaba. Nora estaba tan feliz y excitada de encontrarse en el parque de la franquicia Disney que nisiquiera prestó atención a que realmente estaban buscando un objetivo concreto.
Comenzaron la larga travesía en dirección a la zona conocida como Fantasyland, donde había varias atracciones y los elementos de mayor fantasía dentro de la famosa marca de dibujos animados y entretenimiento familiar. Nora estaba exultante. Irradiaba una felicidad nunca antes vista por Adam y eso hacía que el hombre no pudiese quitarle los ojos de encima. Nunca, reflexionaba, había visto una sonrisa tan hermosa como la que tenía Nora. Sí, le resultaba muchísimo mas hermosa que Serena, más que la de sus propios hijos, siendo egoista pero sincero consigo mismo. Fue quizá la perpetua aura sombría y triste que la chica siempre llevó consigo en los meses anteriores lo que hizo que nunca le prestara la atención que le prestaba en ese instante... ahora definitivamente tenía algo. Algo que siempre había añorado cada vez que la veía. Vida. Ahora la veía viva, eso era, esa era la mejor explicación que el hombre habría sido capaz de dar. Pese a que el parque estaba a rebosar de familias y niños por doquier, Nora robaba para él todo espectáculo. Poco le importaba la belleza y magia de las instalaciones, del ambiente, de la música tan conocida para los amantes de Disney que sonaba en los altavoces. Para Adam, la canción conocida como "Un mundo pequeño es" no le llenaba de nostalgia y gozo como a Nora o al resto del público. Él sólo consideraba, siendo aún más egoista, que el mundo era pequeño, sí, por tenerlo tan cerca de Nora y no poder llegar a una mayor cercanía con la chica -Esto me está llenando de vida- dijo tan sonriente y con sus perlados dientes brillando como diamantes por la propia luz que la chica desprendía que Adam no vocalizó palabra -¿De verdad que no extrañas haber traido a Serena y los niños? Este lugar es un sueño hecho realidad ¡Me temo que voy a llorar incluso cuando nos vayamos!- la chica abrió los brazos y dio vueltas sobre sí misma con tremenda ilusión. Adam sólo podía mirarla. Le hechizaba. Maldita sea, estaba embrujado. No podía tener otra explicación para que de pronto le maravillase tanto -Sólo de pensar en que se acabe el carrete de esta cámara me causa un tremendo ardor en el pecho- comentó triste -Y aún no hemos visto nada tampoco...- terminó por suspirar
-Eh, pues antes de que se acabe el carrete quisiera tener un recuerdo- dijo el hombre acercándose
-¿Quieres una foto?- se mofó la chica -Lo suyo sería estar con Jack también ¿no? Un recuerdo de nuestra primera misión- Adam se puso junto a Nora y pretendió coger la cámara, pero lo que tomó fue la mano de la chica que sostenía dicho aparato
-Sólo es nuestra primera misión para ti y para mí. Jack ya ha hecho lo que debía durante años- el hombre se reclinó hasta estar a la altura de Nora y se apegó mucho a la chica. Demasiado.
-¿Adam...?- Nora trató de mirarle a la cara y el hombre hizo lo propio. Estaban demasiado, excesivamente cerca. Ambos pudieron sentir la respiración del otro en sus caras
-Sonríe, estamos en Disneylandia. Di patata- sonrió el hombre con alegría y le contagió la sonrisa a Nora. Entonces se disparó la fotografía de ambos y automáticamente en seguida ambos se separaron. Nora sintió una extraña presión en el pecho por haber tenido a Adam tan cerca pero... quizá eran imaginaciones. Sólo era una foto y se habían separado ¿no? No tenía nada de malo. A fin de cuentas era su amigo, su profesor de idiomas. Tenían confianza y le debía bastante ayuda. La chica torció los labios en un gesto de indecisión ¿Debería haberse alejado, haberle reprendido? Miró a Adam mientras este investigaba con la mirada los alrededores. No parecía interesado en ella pero... ¿Debía hablar con él?
Tras otro rato caminando y sin encontrar nada, decidieron hacer una pequeña parada sentándose ambos en un banco para beber un poco de agua y revisar las fotografías que Nora había tomado. La chica seguía dándole vueltas y estaba mayormente inclinada a comentarle a Adam sobre el acercamiento que habían tenido antes, y lo hubiese hecho de no haber reparado en algo en las fotografías -¿Qué pasa? Estás muy seria-
-¿Has... visto esto? No me di cuenta antes- pasando una fotografía tras otra, la chica apreciaba que en algún rincón del panorama estaba la misma figura, pero juraría no haberlo visto antes con sus propios ojos. Aquello que aparecía en las fotografías, más cercano o más lejano según la imagen, parecía ser una entidad humanoide del tamaño promedio de un ser humano. Parecía estar cubierto por una manta o capa que cubría su cuerpo hecha de plumas negras y su rostro parecía estar cubierto por una máscara blanca bastante desalentadora y escalofriante con una expresión agónica. Fijándose bien, la chica incluso creyó poder oír una voz. Una voz muy familiar. Su propia voz, aunque no era ella quien hablaba.
Durante una fracción de segundo dejó de sentir la más leve brisa de aire, ni oía a las personas a su alrededor, ni el correr del agua de las fuentes. No oía a Adam, ni a los niños, ni las atracciones. Lentamente, Nora alzó la mirada hacia el frente, pues sólo oía su voz, su propia voz -¿A quién pretendes engañar? Eres quien eres, eres lo que eres. Tienes lo que te mereces. Eres una asesina. Eres un ser deleznable. Mereces todo cuanto has sufrido y aún deberías sufrir más por ello- oía cada vez más claro. Al terminar de alzar la mirada al frente, allí estaba. La oscura figura la miraba fijamente entre el gentío que caminaba de un lado a otro en el más completo silencio. La máscara blanca como el marfil tenía unos ojos oscuros y vacíos como pozos de la más siniestra oscuridad que amenazaban con devorarla por completo. La chica se sentía profundizar en ellos, arrastrada, poseida, como si tirara de ella una fuerza invisible que le pedía a gritos acercarse -Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya- repetía y repetía sin cesar con una voz agónica, llorosa y desoladora mientras que un profundo dolor de cabeza comenzaba a hacerse notar en la chica. Sus ojos se llenaron de lágrimas y cayeron como cataratas por sus mejillas
-¿Nora?- Adam la zarandeó y, de pronto, todo volvió a la normalidad -¿Estás bien? ¿Qué ocurre?- completamente desorientada, Nora miró al hombre y después inmediatamente al frente. Todo había vuelto a ser como era. Las voces, los niños riendo, los sonidos del parque. Aquella criatura no estaba. Ni siquiera estaba en las fotografías ¿Se estaba volviendo loca? -Nora háblame ¿Por qué lloras?-
-Adam... ¿Tú... no has visto las fotografías?-
-Las estaba mirando ahora y de pronto te has puesto a llorar ¿Te encuentras mal?-
-N-no. Osea, yo...- se llevó una mano a la frente, pensativa y algo conmocionada
-Puedes contarme cualquier cosa que necesites- la mano de Adam cayó de forma inmediata sobre la pierna de Nora. En un principio de forma amistosa con una palmada de ánimo, que después se convirtió en un muy ligero agarre algo más cerca del muslo
-Deberíamos buscar a Jack. Necesito preguntarle algo- dijo la chica poniéndose en pie como un resorte. Estaba histérica, demasiado afectada por lo que acababa de ver y sobre todo de oír. Interpretaba cualquier gesto de forma erronea y no quería juzgar mal a Adam, de manera que obvió ese gesto como una sugestión
-De acuerdo, busquemosle- suspiró Adam -Dónde estará... Ah, sí... Vamos al castillo, se supone que sería el punto de encuentro- señaló, a lo que Nora asintió y se pusieron en marcha. Quería estar lejos de Adam para no sentirse demasiado mal en su presencia, pero a su vez no quería estar sola y le reconfortaba su presencia. La chica presentía que iba a ser una tarea difícil, esa misión. Le habían fastidiado el día pero bien.
Mientras ellos marchaban, una preciosa mujer que acaparaba las miradas de todos los hombres que pasaban por su lado se permitía el lujo de comer un trocito de algodón de azucar de la forma más provocativa que se le ocurría. Hipnotizaba incluso a las mujeres con su sensualidad y su vestido rojo sangre, al igual que sus labios. Su cabello negro brillaba a la luz del sol invernal y destacaba como un faro en la noche al no ir precisamente muy abrigada. Se sentía extremadamente bien en aquel lugar. Le encantaba el nido de emociones que se formaba en torno al parque y más se acentuaba con su presencia. Lujuria, pura lujuria. Sacó de su bolso un pequeño teléfono móvil y marcó el número con desgana. Dio dos tonos hasta que alguien descolgó -Definitivamente está aquí...- se pasó un dedo por los labios al terminarse el algodón de azucar -Creo que esa chica... puedes ser lo que llevamos tanto tiempo buscando-
-¿Estás segura?- la voz de un hombre maduro sonó al otro lado de la línea -Nuestro Señor no admitirá errores-
-Tu Señor...- corrigió ella con voz cantarina -Yo no sirvo a nadie, recuérdaselo-
-Eso lo discutirás personalmente con él, Jorogumo-
-Con gusto- se miró las uñas perfectamente cuidadas y volvió a disparar una mirada a la pareja que se alejaba, Adam y Nora -Pero ella le siente. Y su presencia le fortalece. Hay un Onmoraki aquí en el parque de atracciones y está convirtiendo este lugar en un patio de recreo para los yokai. Si realmente es quien creemos que es... no tardarán en aparecer viejos amigos míos...- sonrió con malicia
-Vigilala. Si es ella, traela de inmediato- sentenció el hombre
-Querido... no sabes cómo funciona el juego, al igual que tu Señor- se burló la mujer -La telaraña del destino se teje sola-
-Qué clase de araña...- gruñó el hombre
-La que necesitais tú y tu Señor para que todo fluya como debe. Confía en mí, cariño y todo irá bien... Déjame jugar y seré buena contigo, mientras, para tu diversión hasta que llegue el momento- concluyó coqueta
-...No nos falles- la llamada se cortó y la mujer guardó el móvil en el bolso. Se puso en pie y movió la cabeza hacia un lado para que el pelo le cayese por delante de uno de los hombros. Aquello de nuevo robó decenas de miradas lascivas. Esas vibraciones la hicieron sonreir, aunque no duró mucho. Por un instante se le herizó cada vello del cuerpo y sentía como su corazón se convulsionaba con una fuerza insoportable. El ambiente se volvió pesado para ella. Conocía muy bien esa sensación ya milenaria. La reacción de todo yokai ante su presencia -Vaya...- alzó la mirada y creyó verle surcar el cielo sobre su cabeza. Una oscura forma fantasmal que envolvía un cuerpo blanco como la misma nieve, carente de expresión, de rostro, de facciones -Hora de irse...- sonrió -El destino es insondable, a fin de cuentas- sonrió perversa y divertida mientras caminaba hacia un portal Yomi que se abrió ante ella, desapareciendo en el acto.
Jack en ese momento también se dirigía hacia el castillo en pos de encontrar a Adam y Nora allí, o eso esperaba. El hombre no había encontrado gran cosa, aunque sí había visto algunos espíritus agitados en la zona que eran los que causaban revuelo y fenómenos paranormales, como objetos que caían solos en las tiendas y otras tantas cosas que comunmente en el mundo occidental se denominada como poltergeist. Sólo Nora había visto al Onmoraki y sólamente ella podría encontrarle al ser psíquica. Ninguno de los tres tenía ni idea del peso que recaía en los hombros de la joven y del siniestro peligro que sobrevolaba sus cabezas. Un pequeño error y los tres serían pasto de demonios en la tierra de los muertos si osaban cruzarse en el camino de la fantasmal figura que acababa de llegar al parque, el Shinigami.
martes, 12 de junio de 2018
Aun la vivienda se hallaba sumida en una leve oscuridad, propia de la hora temprana, cuando unos pasos ligeros y frenéticos comenzaron a cruzar el pasillo y subir y bajar las escaleras de forma veloz. Jack, que hasta entonces había estado durmiendo sobre el sofá, frunció el ceño justo antes de abrir los ojos y preguntarse qué ocurría. Extrañado, se incorporó de manera que acabó despertando a Inu. Sí, seguía escuchando aquellos pasos nerviosos que indudablemente pertenecían a Nora ¿Que le ocurría? Se puso en pie, rascándose la nuca y bostezando posteriormente, para finalmente, acercarse hasta la escalera y asomar su rostro por el hueco de la misma -¿Nora?- De forma repentina y casi espectral, la chica cesó su actividad y asomó desde la planta superior.
-¿Sí?-
-¿Estás bien?- preguntó subiendo las escaleras.
-Sí, ningún problema- aseguró la voz lejana de la chica, quien contestó desde la habitación. Cuando Jack llegó para comprobar qué ocurría, encontró en el suelo de su habitación varias prendas femeninas repartidas por el suelo. Había pocas, pero las suficientes como para entender que se había formado un pequeño desastre. Nora salió del baño, aún vestida con ropas de Jack, pero llevando en su mano más prendas propias. -¿Qué pasa aquí?-
-Lo siento ¿Te he despertado?- preguntó de forma rápida mientras tomaba otra prenda del suelo y se la llevaba hacia el baño. Observando que la puerta del mismo estaba abierta, se atrevió asomarse, para contemplar así como la chica se miraba en el espejo con ropajes colocados sobre su vestimenta de forma descuidada.
-¿No es muy temprano?-
-Sí, es posible-
-¿Es posible?- preguntó extrañado. Definitivamente, aun estaba amaneciendo. Nora volvió a salir del baño. Su rostro era la representación de la más pura frustración. Se arrodilló sobre el suelo y observó las prendas de forma minuciosa, como si deseara escoger una combinación perfecta para vestir -¿Tienes una cita hoy o algo así? Tenemos una misión-
-Claro. Y por eso estoy eligiendo algo que ponerme-
-¿Todo esto es por ir a ese parque de atracciones?- Nora dedicó al hombre una mirada seria con cejas juntas. Fue tan estúpida la situación, que Jack no pudo reprimir una sonrisa -Si es por la misión, piensa que la ropa debe ser lo más cómoda posible-
-Lo sé, lo sé. Pero es que... aun tengo poca ropa propia. Las que Serena me dio son un poco... ¿Como decirlo?- La chica alargó su brazo hasta tomar un vestido que estaba perfectamente doblado en el interior de la maleta de viaje de Jack en la que guardaba sus prendas para no molestar. El vestido era negro, estrecho, ceñido y algo corto. Elegante y refinado, pero incómodo. Jack lo miró con seriedad, como si reconociese aquella prenda.
-Los gustos de Serena siempre han sido muy particulares-
-Tiene buen gusto, pero no es mi estilo- explicó la chica -Además... yo... me gustaría vestir bien-
-Sólo es un parque de atracciones-
-Es un parque de atracciones al que sueño con ir desde que era una niña- murmuró con cierto rintintín en la voz.
-¿Vivías en Londres de pequeña no? ¿Qué impidió a tus padres llevarte si tanto te ilusionaba?- Al hacer aquella pregunta, el rostro de Nora se reblandeció. Compuso una mirada algo triste y suspiró.
-Mis padres no tenían mucho tiempo de pensar en mí- se limitó a decir. Jack sintió como se había adentrado en un terreno delicado, de manera que decidió retroceder.
-Así que... Lo que realmente te ocurre es que estás ilusionada con ir. Te has despertado temprano solo para elegir qué prenda llevarás y qué cosas llevarás en el bolso- dijo Jack con voz burlona.
-Lo dices como si fuese vieses una niña en vez de una mujer-
-Diría que Charlotte estaría en estas circunstancias menos ilusionada que tú- una prenda voló de manera directa y concisa hasta la cara de Jack, provocando en éste una carcajada con la que, por inercia, se llevó una mano al estómago.
-¿Aun te duele?-
-Bastante poco. Pronto podré volver a entrenar-
-¿Y por qué no duermes ya en tu cama? Yo... me siento bastante apurada de seguir ocupándola- Jack sonrió, acercándose hasta la posición de la chica y arrodillándose a su lado.
-Qué mal anfitrión sería-
-Oh, vamos. Jack, por favor-
-Oye ¿Quieres llevarte esto?- Jack abrió su armario y sacó una caja que era ya familiar para Nora, puesto que ya sabía de las fotografías que había en su interior. Al abrirla, las manos del hombre rebuscaron entre varias cosas que la chica prefirió no mirar con curiosidad, hasta que sacó una cámara de fotos pequeña y compacta -Es algo antigua, pero te servirá. Podrás enviárselas a Sam- A Nora le brillaron los ojos al coger el aparato electrónico entre las manos. Ya casi podía imaginar al completo la cantidad de fotos que haría... -Pero recuerda: es una misión. No te distraigas. Hoy te estrenarás como cazadora. Muéstrame que todo cuanto te he enseñado en este último mes ha sido útil-
A la hora acordada, Adam pasó a recoger a la pareja en coche. El coche de Adam era precioso: un volvo de color oscuro, robusto y brillante. Aquella no era la primera vez que Nora montaba en él, por supuesto. Y dado que Jack decidió no sentarse junto a su hermano en el asiento de copiloto, fue ella quien lo hizo. Sus emociones estaban a flor de piel,de forma que a Adam no se le pasó desapercibido aquel hecho. La chica radiaba felicidad y bienestar después de mucho tiempo. -Te veo bien- aseguró el hombre. Nora sonrió, ajustándose el gorro de lana que había comprado el día anterior justo para aquella ocasión.
-Está emocionada porque ir a ese parque de atracciones es su sueño desde que era niña- explicó Jack desde el asiento trasero.
-¡Jack!-
-¿Qué? Como si Adam no pudiese notarlo-
-No vuelvo a contarte nada sobre mi- gruñó la chica cruzándose de brazos, haciendo que la chaqueta de lana que vestía la abrigase aún más.
-Me alegro en cualquier caso, Nora. Se te ve... recuperada. Me sentía muy mal por ti cuando estabas decaída, de forma que me congratula verte sonriente-
-Gracias- sonrió la chica -Y lo siento, debe ser un poco duro para ti el día de hoy- aseguró. Adam frunció el ceño sin entender -Por Serena y los niños... Sería mejor visitar el parque con ellos ¿Verdad?- preguntó con cierto tono de pena.
-Sí, si, sí. Exactamente- se excusó -Pero no pasa nada. Llevamos a Charlotte el día de su cumpleaños-
-Sí, pero... siempre es mejor estar rodeado de las personas que más quieres para disfrutar en un sitio como un parque de atracciones-
-Claro, claro- Adam miró por el retrovisor, encontrándose la mirada seria de Jack a sus espaldas, la cual decidió ignorar.
-¿Cómo esta Serena? Hace tiempo que no se nada de ella. Desde el accidente, realmente. ¿Le diste las gracias por la ropa?-
-Está bien, con los niños. Como siempre. No te preocupes por ella- le sonrió. -¡Vamos allá!-
Llegar al parque de atracciones Disneyland, fue, con diferencia, el tramo más lento de tiempo que Nora recordaba en toda su vida. Al aparcar el coche en una zona exterior, el trío se encaminó hacia la ventanilla de tickets donde se agenciaron una entrada para cada uno, por supuesto, pagadas por el bolsillo de la hermandad de cazadores. Nora no entendió como una hermandad tan mística y oculta podía tener fondos, y menos aún, de donde los conseguían. No solo pagaban, visto lo visto, los gastos necesarios de los cazadores, sino que disponían de los suficientes hilos como para mover rápidamente procesos burocráticos de lo más extraños. Los suficientes como para que las faltas al trabajo fuesen cubiertas por ellos mismos.
La chica alejó sus pensamientos de la cabeza cuando, ante ella, la gran entrada del parque apareció. Los ojos se le iluminaron a la par que sus pupilas se diltaban de forma casi imperceptible. Por un momento, sus pies fueron los que se movieron hacia delante de forma independiente a la de su mente, al menos hasta el momento en el que entró por completo al parque. Aún las atracciones no estaban cerca, y sin embargo, desde una calle principal Nora pudo contemplar multitud de tiendas, familias, parejas y amigos sonriendo y correteando por el lugar, algunos incluso vestidos y adornados con motivos acordes a la temática del parque. La leve música fantástica que sonaba a través de los altavoces ubicados en todas partes conseguía que cualquier persona se viese atrapada para viajar a un mundo totalmente distinto al real, a uno mágico, lleno de sueños. La chica se sintió pequeña de alguna forma, una niña otra vez, después de tantos años. Ansiaba verlo todo, ansiaba pasarlo bien, alejarse de las penas y disfrutar después de tanto tiempo. Solo deseaba poder compartir el momento con alguien querido como Sam... o quizás sus padres, como deseaba de niña. Algo seria, miró a Jack y Adam. Ellos no dejaban de ser sus amigos. Amigos que le brindaban ayuda y compañía en todo momento. Sonrió al saber que su compañía, de cierta forma, era perfecta.
Rauda, llevó una mano hasta la cremallera de su mochila para abrirla y sacar la cámara de fotos de Jack. De forma rápida, lanzó unas cuantas capturas al lugar bajo la atónita mirada de los hermanos -¿Qué? Iga dijo que debíamos comportarnos con normalidad-
-Veamos qué tenemos aquí- dijo Jack al tiempo que abría un mapa lleno de caricaturas que le habían cedido junto con las entradas -Este sitio es enorme... Veamos, hay varias zonas distintas. También hay un parque adicional con entrada propia al otro lado. Deberíamos movilizarnos tranquilamente y buscar información sobre los últimos incidentes que hayan ocurrido: Atracciones averiadas de forma extraña, accidentes de clientes inexplicables e incluso destrozos fuera de lo común. Podríamos separarnos-
-Nora ya se está separando ella sola- anunció Adam. Cuando Jack alzó la mirada, pudo ver como la chica andaba de un lado para otro con la cámara de fotos en la mano, curioseando tiendas, admirando el decorado e incluso deseosa de comprobar cuales eran las atracciones.
-Entonces separémonos cuanto antes. En una hora podríamos encontrarnos... aquí- Jack puso el dedo sobre el dibujo de un castillo enorme y emblemático.
-Nos vemos allí entonces. Voy con Nora- se adelantó
-¿Con Nora?-
-¿Te molesta? No has dicho en cuantos grupos nos separaríamos, y creo que es mejor no dejarla sola-
-¿La ves más débil que tu?-
-No. Pero me niego a estar contigo en este lugar. Al menos Nora no se comporta como una imbécil- gruñó el hombre para después marcharse, dejando a Jack con las palabras en la boca.
El grupo se dividió en dos. Tocaba buscar.
-¿Sí?-
-¿Estás bien?- preguntó subiendo las escaleras.
-Sí, ningún problema- aseguró la voz lejana de la chica, quien contestó desde la habitación. Cuando Jack llegó para comprobar qué ocurría, encontró en el suelo de su habitación varias prendas femeninas repartidas por el suelo. Había pocas, pero las suficientes como para entender que se había formado un pequeño desastre. Nora salió del baño, aún vestida con ropas de Jack, pero llevando en su mano más prendas propias. -¿Qué pasa aquí?-
-Lo siento ¿Te he despertado?- preguntó de forma rápida mientras tomaba otra prenda del suelo y se la llevaba hacia el baño. Observando que la puerta del mismo estaba abierta, se atrevió asomarse, para contemplar así como la chica se miraba en el espejo con ropajes colocados sobre su vestimenta de forma descuidada.
-¿No es muy temprano?-
-Sí, es posible-
-¿Es posible?- preguntó extrañado. Definitivamente, aun estaba amaneciendo. Nora volvió a salir del baño. Su rostro era la representación de la más pura frustración. Se arrodilló sobre el suelo y observó las prendas de forma minuciosa, como si deseara escoger una combinación perfecta para vestir -¿Tienes una cita hoy o algo así? Tenemos una misión-
-Claro. Y por eso estoy eligiendo algo que ponerme-
-¿Todo esto es por ir a ese parque de atracciones?- Nora dedicó al hombre una mirada seria con cejas juntas. Fue tan estúpida la situación, que Jack no pudo reprimir una sonrisa -Si es por la misión, piensa que la ropa debe ser lo más cómoda posible-
-Lo sé, lo sé. Pero es que... aun tengo poca ropa propia. Las que Serena me dio son un poco... ¿Como decirlo?- La chica alargó su brazo hasta tomar un vestido que estaba perfectamente doblado en el interior de la maleta de viaje de Jack en la que guardaba sus prendas para no molestar. El vestido era negro, estrecho, ceñido y algo corto. Elegante y refinado, pero incómodo. Jack lo miró con seriedad, como si reconociese aquella prenda.
-Los gustos de Serena siempre han sido muy particulares-
-Tiene buen gusto, pero no es mi estilo- explicó la chica -Además... yo... me gustaría vestir bien-
-Sólo es un parque de atracciones-
-Es un parque de atracciones al que sueño con ir desde que era una niña- murmuró con cierto rintintín en la voz.
-¿Vivías en Londres de pequeña no? ¿Qué impidió a tus padres llevarte si tanto te ilusionaba?- Al hacer aquella pregunta, el rostro de Nora se reblandeció. Compuso una mirada algo triste y suspiró.
-Mis padres no tenían mucho tiempo de pensar en mí- se limitó a decir. Jack sintió como se había adentrado en un terreno delicado, de manera que decidió retroceder.
-Así que... Lo que realmente te ocurre es que estás ilusionada con ir. Te has despertado temprano solo para elegir qué prenda llevarás y qué cosas llevarás en el bolso- dijo Jack con voz burlona.
-Lo dices como si fuese vieses una niña en vez de una mujer-
-Diría que Charlotte estaría en estas circunstancias menos ilusionada que tú- una prenda voló de manera directa y concisa hasta la cara de Jack, provocando en éste una carcajada con la que, por inercia, se llevó una mano al estómago.
-¿Aun te duele?-
-Bastante poco. Pronto podré volver a entrenar-
-¿Y por qué no duermes ya en tu cama? Yo... me siento bastante apurada de seguir ocupándola- Jack sonrió, acercándose hasta la posición de la chica y arrodillándose a su lado.
-Qué mal anfitrión sería-
-Oh, vamos. Jack, por favor-
-Oye ¿Quieres llevarte esto?- Jack abrió su armario y sacó una caja que era ya familiar para Nora, puesto que ya sabía de las fotografías que había en su interior. Al abrirla, las manos del hombre rebuscaron entre varias cosas que la chica prefirió no mirar con curiosidad, hasta que sacó una cámara de fotos pequeña y compacta -Es algo antigua, pero te servirá. Podrás enviárselas a Sam- A Nora le brillaron los ojos al coger el aparato electrónico entre las manos. Ya casi podía imaginar al completo la cantidad de fotos que haría... -Pero recuerda: es una misión. No te distraigas. Hoy te estrenarás como cazadora. Muéstrame que todo cuanto te he enseñado en este último mes ha sido útil-
A la hora acordada, Adam pasó a recoger a la pareja en coche. El coche de Adam era precioso: un volvo de color oscuro, robusto y brillante. Aquella no era la primera vez que Nora montaba en él, por supuesto. Y dado que Jack decidió no sentarse junto a su hermano en el asiento de copiloto, fue ella quien lo hizo. Sus emociones estaban a flor de piel,de forma que a Adam no se le pasó desapercibido aquel hecho. La chica radiaba felicidad y bienestar después de mucho tiempo. -Te veo bien- aseguró el hombre. Nora sonrió, ajustándose el gorro de lana que había comprado el día anterior justo para aquella ocasión.
-Está emocionada porque ir a ese parque de atracciones es su sueño desde que era niña- explicó Jack desde el asiento trasero.
-¡Jack!-
-¿Qué? Como si Adam no pudiese notarlo-
-No vuelvo a contarte nada sobre mi- gruñó la chica cruzándose de brazos, haciendo que la chaqueta de lana que vestía la abrigase aún más.
-Me alegro en cualquier caso, Nora. Se te ve... recuperada. Me sentía muy mal por ti cuando estabas decaída, de forma que me congratula verte sonriente-
-Gracias- sonrió la chica -Y lo siento, debe ser un poco duro para ti el día de hoy- aseguró. Adam frunció el ceño sin entender -Por Serena y los niños... Sería mejor visitar el parque con ellos ¿Verdad?- preguntó con cierto tono de pena.
-Sí, si, sí. Exactamente- se excusó -Pero no pasa nada. Llevamos a Charlotte el día de su cumpleaños-
-Sí, pero... siempre es mejor estar rodeado de las personas que más quieres para disfrutar en un sitio como un parque de atracciones-
-Claro, claro- Adam miró por el retrovisor, encontrándose la mirada seria de Jack a sus espaldas, la cual decidió ignorar.
-¿Cómo esta Serena? Hace tiempo que no se nada de ella. Desde el accidente, realmente. ¿Le diste las gracias por la ropa?-
-Está bien, con los niños. Como siempre. No te preocupes por ella- le sonrió. -¡Vamos allá!-
Llegar al parque de atracciones Disneyland, fue, con diferencia, el tramo más lento de tiempo que Nora recordaba en toda su vida. Al aparcar el coche en una zona exterior, el trío se encaminó hacia la ventanilla de tickets donde se agenciaron una entrada para cada uno, por supuesto, pagadas por el bolsillo de la hermandad de cazadores. Nora no entendió como una hermandad tan mística y oculta podía tener fondos, y menos aún, de donde los conseguían. No solo pagaban, visto lo visto, los gastos necesarios de los cazadores, sino que disponían de los suficientes hilos como para mover rápidamente procesos burocráticos de lo más extraños. Los suficientes como para que las faltas al trabajo fuesen cubiertas por ellos mismos.
La chica alejó sus pensamientos de la cabeza cuando, ante ella, la gran entrada del parque apareció. Los ojos se le iluminaron a la par que sus pupilas se diltaban de forma casi imperceptible. Por un momento, sus pies fueron los que se movieron hacia delante de forma independiente a la de su mente, al menos hasta el momento en el que entró por completo al parque. Aún las atracciones no estaban cerca, y sin embargo, desde una calle principal Nora pudo contemplar multitud de tiendas, familias, parejas y amigos sonriendo y correteando por el lugar, algunos incluso vestidos y adornados con motivos acordes a la temática del parque. La leve música fantástica que sonaba a través de los altavoces ubicados en todas partes conseguía que cualquier persona se viese atrapada para viajar a un mundo totalmente distinto al real, a uno mágico, lleno de sueños. La chica se sintió pequeña de alguna forma, una niña otra vez, después de tantos años. Ansiaba verlo todo, ansiaba pasarlo bien, alejarse de las penas y disfrutar después de tanto tiempo. Solo deseaba poder compartir el momento con alguien querido como Sam... o quizás sus padres, como deseaba de niña. Algo seria, miró a Jack y Adam. Ellos no dejaban de ser sus amigos. Amigos que le brindaban ayuda y compañía en todo momento. Sonrió al saber que su compañía, de cierta forma, era perfecta.
Rauda, llevó una mano hasta la cremallera de su mochila para abrirla y sacar la cámara de fotos de Jack. De forma rápida, lanzó unas cuantas capturas al lugar bajo la atónita mirada de los hermanos -¿Qué? Iga dijo que debíamos comportarnos con normalidad-
-Veamos qué tenemos aquí- dijo Jack al tiempo que abría un mapa lleno de caricaturas que le habían cedido junto con las entradas -Este sitio es enorme... Veamos, hay varias zonas distintas. También hay un parque adicional con entrada propia al otro lado. Deberíamos movilizarnos tranquilamente y buscar información sobre los últimos incidentes que hayan ocurrido: Atracciones averiadas de forma extraña, accidentes de clientes inexplicables e incluso destrozos fuera de lo común. Podríamos separarnos-
-Nora ya se está separando ella sola- anunció Adam. Cuando Jack alzó la mirada, pudo ver como la chica andaba de un lado para otro con la cámara de fotos en la mano, curioseando tiendas, admirando el decorado e incluso deseosa de comprobar cuales eran las atracciones.
-Entonces separémonos cuanto antes. En una hora podríamos encontrarnos... aquí- Jack puso el dedo sobre el dibujo de un castillo enorme y emblemático.
-Nos vemos allí entonces. Voy con Nora- se adelantó
-¿Con Nora?-
-¿Te molesta? No has dicho en cuantos grupos nos separaríamos, y creo que es mejor no dejarla sola-
-¿La ves más débil que tu?-
-No. Pero me niego a estar contigo en este lugar. Al menos Nora no se comporta como una imbécil- gruñó el hombre para después marcharse, dejando a Jack con las palabras en la boca.
El grupo se dividió en dos. Tocaba buscar.
El ataque de Adam no se hizo esperar tras la provocación por parte de la chica. La naginata de madera descendió sobre la cabeza de Nora a una velocidad vertiginosa, aunque la chica lo esquivó con un ágil paso lateral y contraatacó por el costado. Adam por su parte supo interponer su arma para que, de nuevo, los palos de madera chocasen con estrépito propiciando ese sonido crujiente que en ocasiones resultaba hasta placentero a los oídos. La nieve y el frío en los pies además les animaba a moverse con velocidad y no quedarse quietos en el sitio en el que se encontraban ante la amenaza de quemarse la piel por el contacto con el campo de hielo. Jack, sentado en la roca como de costumbre aunque ya curado prácticamente de sus heridas, observaba con sumo interés la progresión de ambos a la hora de encarar un combate. Veía que Adam seguía conteniéndose pese a que Nora exigía que la tratara como si de un yokai se tratase, a la par que ésta misma sí trataba de atacar a Adam como Jack pedía. Aquella visión hacía sonreir al muchacho, que se mesaba la corta barba imaginando las probabilidades de éxito de cada uno -Adam, como si fuese un yokai- recordó Jack una vez más
-¡Ya lo sé, maldita sea!- rugió su hermano mayor lanzando una estocada furiosa hacia Nora que estuvo a punto de acertar a la mujer de lleno en el pecho, y que, de haber no haber sido porque la chica se supo mover y esquivar el ataque, podría haberle causado graves daño. Nora sin embargo se movió por puro instinto, con la cara asustada por aquel ataque, girando sobre sí misma y finalmente acabando con su arma en el cuello de Adam. El combate terminó. La chica estaba jadeante, con los ojos muy abiertos clavados en la cara de su contrincante, que la miraba igualmente sorprendido. El silencio se rompió con unos aplausos dispersos de Jack
-Y así es como uno pierde la batalla, Adam- terció Jack, acercándose a ambos. Él también lucía el hakama blanco de entrenamiento
-He hecho lo que has pedido- gruñó el hombre
-Y aún así Nora ha ganado, por fin- le sonrió Jack a la chica -¿Puedes decirme por qué, hermano?-
-Porque es más pequeña y más rápida-
-Error- Jack alzó un dedo -Te ha ganado porque eres un obstinado que crees que cuanto te digo es sólo por molestarte, por regañarte, por darte por el culo, hablando en plata-
-Bah...- Adam apartó la mirada. Llevaba varios días de un humor bastante cambiante, bastante extraño. Cada vez pasaba más tiempo furibundo, entrenando a ratos a solas, y otros ratos siempre cerca de Nora. Jack se preguntaba cuánto tiempo pasaba con su familia
-Lo has hecho muy bien, Nora- felicitó Jack a la chica, que sonrió
-Estoy agotada. No sé ni cómo lo he hecho- se limpió el sudor de la frente
-Hay una parte vital en la vida del guerrero que no se puede transmitir de maestro a alumno, y eso lo sé aunque apenas tengo unos años de experiencia sobre vosotros. Esa parte vital se llama instinto. El instinto se desarrolla con la práctica, con la memoria muscular y sobre todo, con el miedo-
-¿Miedo?- Adam se pronunció -¿Se supone que tenemos que tener miedo? Creía que ser cazadores era, precisamente, para protegernos de los yokai ¿Y se supone que les tenemos que tener miedo?-
-Realmente no entiendes nada ¿verdad, Adam?- Jack entornó la mirada -El miedo ha sido siempre una parte fundamental de cualquier disciplina de combate, Adam-
-Los samurais, por ejemplo, no tenían miedo. Aceptaban la muerte, Jack. Es el camino del Bushido- ilustró el mayor -Y eso les hacía fieros-
-No somos samurais Adam. No servimos a ningún señor feudal, no servimos a nadie. Somos un grupo, una hermandad de gente que aprende a combatir un mal invisible que la sociedad no puede controlar. No tenemos una filosofía fija de vida, no somos una secta ni una religión. Cada uno es libre de seguir el camino que crea apropiado y, como tu superior, te recomiendo temer al enemigo-
-Yo creo que tener miedo y no tenerlo es igualmente válido...- se encogió de hombros Nora, tratando de relajar el ambiente -Sólo... supongo... depende la situación. No tener miedo te empuja a luchar ¿verdad? Pero tener miedo...- recordó al enormísimo oni -Tener miedo puede hacerte saber cuando puedes ganar y cuando no, cuando merece la pena arriesgar la vida y cuando no...-
-Nora tiene razón- suspiró Jack -Tampoco trataba de decir que debemos vivir con miedo a los yokai. Debemos temerles, pero controlar ese temor ¿Lo entiendes, Adam?-
-Sí, lo entiendo. No es necesario que me trates de enseñar algo tan obvio como lo que ya ha dicho Nora- volvió a refunfuñar
-Estupendo- la expresión fría de Jack hacia su hermano no mostraba, en absoluto, que todo estuviera "estupendo"
Tras cambiarse los tres de atuendo y prepararse para salir con la nueva caida del sol una vez finalizado el entrenamiento, se reencontraron en las puertas del castillo Azuchi para marchar a la vez. La figura del Maestro Iga les destuvo, sin embargo, pues rara vez aparecía en algún lugar que no fuera su estancia sin alguna razón concreta -¿Maestro? ¿Ocurre algo?- preguntó Jack antes de abrir la puerta Yomi
-Alguien quiere verte- sonreía el hombre amablemente
-¿Mizuki?- adivinó el muchacho, haciendo que Adam y Nora se mirasen mutuamente.
Entraron de nuevo en el castillo y siguieron al maestro a paso calmado a través de los largos pasillos impolutos y silenciosos hasta una gran sala en el primer piso, una estancia donde ninguno de los 3 había estado. A decir verdad, Nora, Adam y Jack apenas habían explorado el castillo Azuchi en absoluto. Allí, una vez Iga abrió la puerta corrediza, pudieron ver a unas 4 personas repartidas por toda la habitación. Todos ellos estaban heridos y de forma relativamente reciente. Mizuki era una de ellos, la más alejada. A diferencia de los otros 3, ella estaba incorporada en el futón. Iga se acercó a ella con calma para no molestar al resto, seguido por la tríada de los cazadores extranjeros -Hola, Mizuki-chan. Aquí tienes visita- sonrió el hombre con calidez
-Iga sensei... Arigato- dijo la chica cabizbaja, sin llegar a alzar la mirada
-Mizuki... ¿Cómo estás?- Jack se sentó en postura seiza junto a ella. Era doloroso ver a una compañera conocida desde hacía años así, sentada en el futon, sin ropa en la parte posterior del cuerpo, sólo con una grandísima cantidad de vendas que le cubrían casi del cuello hasta el estómago, envolviendo sobre todo la parte donde anteriormente estaba su brazo. No había nada, absolutamente nada. Sólo un hombro con un intenso dolor fantasma
-¿Cómo crees que estoy...?- sonaba apagada, sin vida, sin ánimo -He perdido el brazo... ¿Cómo voy a luchar ahora, Jack? Dímelo...-
-Mizuki...- Jack se atrevió a tomarle la mano -Eh... mírame- la chica obedeció, aunque tardó en hacerlo -No era un brazo lo que te hacía temible para los yokai- le sonrió, mostrando a Adam y Nora sus facetas más amables dentro del trabajo de cazador -Es tu tenacidad y tu asombrosa velocidad. Encontrarás la forma de darles caza, ya verás-
-Es fácil para ti decirlo Jack...- Mizuki pasó la vista del hombre hacia Nora -Ahora tienes otros amigos eh...-
-Son mis... aprendices- se encogió de hombros Jack, no captando, o no queriendo captar a sabiendas, las intenciones de Mizuki en esas palabras
-¿Qué tal lo hace la chica...?-
-Es buena- Jack miró a Nora -Tiene un gran futuro- Adam se sentía frustrado porque se le ignorara
-Yo también avanzo de forma satisfactoria- dijo sin venir a cuento, con tono enfadado. Mizuki le miró, pero inmediatamente volvió a Nora
-¿Cómo te llamabas...?- preguntó la japonesa
-Nora, me llamo Nora- la inglesa inclinó la cabeza respetuosamente
-¿Ves esto, Nora?- Mizuki giró un poco el torso para mostrar las vendas que cubrían su miembro cercenado, empapadas de sangre seca -Quiero que sepas algo, y lo recuerdes constantemente- Nora asintió -Esto... es por tu culpa-
-¡Mizuki!- tronó Iga de pronto, pero no pudo impedir que las palabras llegasen a Nora
-Si no fuese por ti, por tu descontrol, por tu infantilismo y tu necesidad de llamar la atención... Trajiste a un oni a esta tierra y casi haces que maten a Jack. Yo perdí el brazo gustosa por su vida pero por ti...- Mizuki escupió al suelo a los pies de Nora -Gustosamente habría dejado que te hiciese trizas entre sus dientes más afilados- seguramente habría seguido hablando, de no ser porque Iga se agachó ipso facto frente a ella y le cruzó la cara de una sonora bofetada
-Suficiente. Ya basta, Mizuki. Nora-san ahora es una compañera cazadora y un miembro muy importante de esta hermandad. Te sugiero que aprendas a comportante delante de ella y que no guardes rencor. Nosotros, los Ryoshi, no somos un grupo intolerante y jamás tendremos la potestad de culpar a nadie por las miserias que siente y sufra. Si quieres culpar a Nora de la presencia del oni en el aeropuerto deberías mirarte al espejo y contemplar tu propio estado de ánimo. Si no abandonas esa ira que esconden tus palabras pronto traerás ejércitos enteros a las puertas de este sagrado castillo y no lo pienso tolerar- regañó de forma severa el hombre a gran velocidad. El japonés sin duda era un idioma intimidante cuando se pronunciaba veloz y enfadado
-Iga sensei...- sollozó Mizuki, con la mano en la mejilla que el anciano le había abofeteado
-Y-yo...- Nora bajó la cabeza
-No es culpa tuya- dijo Jack, soltando la mano de Mizuki y poniéndose en pie junto a la chica -Jamás será tu culpa, Nora. Te lo aseguro- Jack la tomó a ella por los hombros -No dejes que sus palabras te afecten
-Jack...- Nora no sabía que pensar. Adam, mientras, se cruzaba de brazos observando la escena
-Creo que aún necesitas descansar y reflexionar bastante, Mizuki, para estar en contacto con los demás- inquirió Iga, invitando a Jack y a los demás a dejar a Mizuki a solas. La japonesa permaneció sentada en silencio cabizbaja mientras se marchaban.
-¿Qué hay del resto de heridos?- preguntó Jack cuando la puerta se cerró tras el maestro -Son recientes ¿verdad?-
-Tenemos un problema que no conseguimos corregir y me temo que no me queda otro remedio que encargártelo, Jack-san- Iga asintió
-Lo suponía- sonrió Jack con pesadez -¿Qué ocurre?-
-Disneyland Tokio está sufriendo una serie de percances que están poniendo en peligro la vida de cenas. No, centenas de personas-
-¿Disneyland?- Nora ladeó la cabeza
-Exactamente- asintió el hombre a la chica
-Pero... un parque de atracciones...- la chica no encontraba razones para que hubiese emociones poderosas allí, más allá del gozo y disfrute de los más jóvenes, pero según Jack, una alegría simple no era suficiente. La felicidad como tal no gustaba en exceso a los yokai
-Ese es el problema. Los cazadores que habéis visto ahí dentro no han dado con el motivo de por qué llevan apareciendo yokai en los alrededores y dentro del parque durante una semana. Se han dado algunos que otros accidentes a civiles sin venir a cuento y tenemos en consideración que están siendo atraidos por algo que aún no hemos identificado-
-¿Entonces el plan es ir a un parque de atracciones?- se cuestionó Adam -Nunca pensé que ser cazador nos llevará a tener un buen plan de ocio-
-No es un plan de ocio- inquirió Jack de mala gana
-Sí, lo es- asintió Iga de nuevo para asombro de Jack y beneplácito de Adam -Ireis y vagabundeareis por el parque como simples civiles. Investigadlo todo, no perdáis detalle, aunque eso implique tener que montaros en atracciones y entrar en tiendas- Iga suspiró ligeramente al ser consciente de la extraña misión que les estaba encomendando -Si veis yokai peligrosos purificadlos cuanto antes, destruidlos sin llamar la atención. Prevenid cualquier accidente que podais y, por favor, encontrad el foco que atrae a la oscuridad. Cuento con vosotros. Muchas vidas corren graves peligros allí, sobre todo niños que sólo buscan pasar unas felices vacaciones, incluso gente extranjera como vosotros- Iga miró a Nora en ese momento. La chica le devolvió la mirada con cierta decisión. No era un trabajo sencillo y era, por fin, la primera misión de campo que se les asignaba directamente. Tenía que dar lo mejor de sí misma, poner en práctica todo lo aprendido. Jack y Adam la acompañarían, así que... no tenía nada que temer. Debían encontrar el problema cuanto antes.
-¡Ya lo sé, maldita sea!- rugió su hermano mayor lanzando una estocada furiosa hacia Nora que estuvo a punto de acertar a la mujer de lleno en el pecho, y que, de haber no haber sido porque la chica se supo mover y esquivar el ataque, podría haberle causado graves daño. Nora sin embargo se movió por puro instinto, con la cara asustada por aquel ataque, girando sobre sí misma y finalmente acabando con su arma en el cuello de Adam. El combate terminó. La chica estaba jadeante, con los ojos muy abiertos clavados en la cara de su contrincante, que la miraba igualmente sorprendido. El silencio se rompió con unos aplausos dispersos de Jack
-Y así es como uno pierde la batalla, Adam- terció Jack, acercándose a ambos. Él también lucía el hakama blanco de entrenamiento
-He hecho lo que has pedido- gruñó el hombre
-Y aún así Nora ha ganado, por fin- le sonrió Jack a la chica -¿Puedes decirme por qué, hermano?-
-Porque es más pequeña y más rápida-
-Error- Jack alzó un dedo -Te ha ganado porque eres un obstinado que crees que cuanto te digo es sólo por molestarte, por regañarte, por darte por el culo, hablando en plata-
-Bah...- Adam apartó la mirada. Llevaba varios días de un humor bastante cambiante, bastante extraño. Cada vez pasaba más tiempo furibundo, entrenando a ratos a solas, y otros ratos siempre cerca de Nora. Jack se preguntaba cuánto tiempo pasaba con su familia
-Lo has hecho muy bien, Nora- felicitó Jack a la chica, que sonrió
-Estoy agotada. No sé ni cómo lo he hecho- se limpió el sudor de la frente
-Hay una parte vital en la vida del guerrero que no se puede transmitir de maestro a alumno, y eso lo sé aunque apenas tengo unos años de experiencia sobre vosotros. Esa parte vital se llama instinto. El instinto se desarrolla con la práctica, con la memoria muscular y sobre todo, con el miedo-
-¿Miedo?- Adam se pronunció -¿Se supone que tenemos que tener miedo? Creía que ser cazadores era, precisamente, para protegernos de los yokai ¿Y se supone que les tenemos que tener miedo?-
-Realmente no entiendes nada ¿verdad, Adam?- Jack entornó la mirada -El miedo ha sido siempre una parte fundamental de cualquier disciplina de combate, Adam-
-Los samurais, por ejemplo, no tenían miedo. Aceptaban la muerte, Jack. Es el camino del Bushido- ilustró el mayor -Y eso les hacía fieros-
-No somos samurais Adam. No servimos a ningún señor feudal, no servimos a nadie. Somos un grupo, una hermandad de gente que aprende a combatir un mal invisible que la sociedad no puede controlar. No tenemos una filosofía fija de vida, no somos una secta ni una religión. Cada uno es libre de seguir el camino que crea apropiado y, como tu superior, te recomiendo temer al enemigo-
-Yo creo que tener miedo y no tenerlo es igualmente válido...- se encogió de hombros Nora, tratando de relajar el ambiente -Sólo... supongo... depende la situación. No tener miedo te empuja a luchar ¿verdad? Pero tener miedo...- recordó al enormísimo oni -Tener miedo puede hacerte saber cuando puedes ganar y cuando no, cuando merece la pena arriesgar la vida y cuando no...-
-Nora tiene razón- suspiró Jack -Tampoco trataba de decir que debemos vivir con miedo a los yokai. Debemos temerles, pero controlar ese temor ¿Lo entiendes, Adam?-
-Sí, lo entiendo. No es necesario que me trates de enseñar algo tan obvio como lo que ya ha dicho Nora- volvió a refunfuñar
-Estupendo- la expresión fría de Jack hacia su hermano no mostraba, en absoluto, que todo estuviera "estupendo"
Tras cambiarse los tres de atuendo y prepararse para salir con la nueva caida del sol una vez finalizado el entrenamiento, se reencontraron en las puertas del castillo Azuchi para marchar a la vez. La figura del Maestro Iga les destuvo, sin embargo, pues rara vez aparecía en algún lugar que no fuera su estancia sin alguna razón concreta -¿Maestro? ¿Ocurre algo?- preguntó Jack antes de abrir la puerta Yomi
-Alguien quiere verte- sonreía el hombre amablemente
-¿Mizuki?- adivinó el muchacho, haciendo que Adam y Nora se mirasen mutuamente.
Entraron de nuevo en el castillo y siguieron al maestro a paso calmado a través de los largos pasillos impolutos y silenciosos hasta una gran sala en el primer piso, una estancia donde ninguno de los 3 había estado. A decir verdad, Nora, Adam y Jack apenas habían explorado el castillo Azuchi en absoluto. Allí, una vez Iga abrió la puerta corrediza, pudieron ver a unas 4 personas repartidas por toda la habitación. Todos ellos estaban heridos y de forma relativamente reciente. Mizuki era una de ellos, la más alejada. A diferencia de los otros 3, ella estaba incorporada en el futón. Iga se acercó a ella con calma para no molestar al resto, seguido por la tríada de los cazadores extranjeros -Hola, Mizuki-chan. Aquí tienes visita- sonrió el hombre con calidez
-Iga sensei... Arigato- dijo la chica cabizbaja, sin llegar a alzar la mirada
-Mizuki... ¿Cómo estás?- Jack se sentó en postura seiza junto a ella. Era doloroso ver a una compañera conocida desde hacía años así, sentada en el futon, sin ropa en la parte posterior del cuerpo, sólo con una grandísima cantidad de vendas que le cubrían casi del cuello hasta el estómago, envolviendo sobre todo la parte donde anteriormente estaba su brazo. No había nada, absolutamente nada. Sólo un hombro con un intenso dolor fantasma
-¿Cómo crees que estoy...?- sonaba apagada, sin vida, sin ánimo -He perdido el brazo... ¿Cómo voy a luchar ahora, Jack? Dímelo...-
-Mizuki...- Jack se atrevió a tomarle la mano -Eh... mírame- la chica obedeció, aunque tardó en hacerlo -No era un brazo lo que te hacía temible para los yokai- le sonrió, mostrando a Adam y Nora sus facetas más amables dentro del trabajo de cazador -Es tu tenacidad y tu asombrosa velocidad. Encontrarás la forma de darles caza, ya verás-
-Es fácil para ti decirlo Jack...- Mizuki pasó la vista del hombre hacia Nora -Ahora tienes otros amigos eh...-
-Son mis... aprendices- se encogió de hombros Jack, no captando, o no queriendo captar a sabiendas, las intenciones de Mizuki en esas palabras
-¿Qué tal lo hace la chica...?-
-Es buena- Jack miró a Nora -Tiene un gran futuro- Adam se sentía frustrado porque se le ignorara
-Yo también avanzo de forma satisfactoria- dijo sin venir a cuento, con tono enfadado. Mizuki le miró, pero inmediatamente volvió a Nora
-¿Cómo te llamabas...?- preguntó la japonesa
-Nora, me llamo Nora- la inglesa inclinó la cabeza respetuosamente
-¿Ves esto, Nora?- Mizuki giró un poco el torso para mostrar las vendas que cubrían su miembro cercenado, empapadas de sangre seca -Quiero que sepas algo, y lo recuerdes constantemente- Nora asintió -Esto... es por tu culpa-
-¡Mizuki!- tronó Iga de pronto, pero no pudo impedir que las palabras llegasen a Nora
-Si no fuese por ti, por tu descontrol, por tu infantilismo y tu necesidad de llamar la atención... Trajiste a un oni a esta tierra y casi haces que maten a Jack. Yo perdí el brazo gustosa por su vida pero por ti...- Mizuki escupió al suelo a los pies de Nora -Gustosamente habría dejado que te hiciese trizas entre sus dientes más afilados- seguramente habría seguido hablando, de no ser porque Iga se agachó ipso facto frente a ella y le cruzó la cara de una sonora bofetada
-Suficiente. Ya basta, Mizuki. Nora-san ahora es una compañera cazadora y un miembro muy importante de esta hermandad. Te sugiero que aprendas a comportante delante de ella y que no guardes rencor. Nosotros, los Ryoshi, no somos un grupo intolerante y jamás tendremos la potestad de culpar a nadie por las miserias que siente y sufra. Si quieres culpar a Nora de la presencia del oni en el aeropuerto deberías mirarte al espejo y contemplar tu propio estado de ánimo. Si no abandonas esa ira que esconden tus palabras pronto traerás ejércitos enteros a las puertas de este sagrado castillo y no lo pienso tolerar- regañó de forma severa el hombre a gran velocidad. El japonés sin duda era un idioma intimidante cuando se pronunciaba veloz y enfadado
-Iga sensei...- sollozó Mizuki, con la mano en la mejilla que el anciano le había abofeteado
-Y-yo...- Nora bajó la cabeza
-No es culpa tuya- dijo Jack, soltando la mano de Mizuki y poniéndose en pie junto a la chica -Jamás será tu culpa, Nora. Te lo aseguro- Jack la tomó a ella por los hombros -No dejes que sus palabras te afecten
-Jack...- Nora no sabía que pensar. Adam, mientras, se cruzaba de brazos observando la escena
-Creo que aún necesitas descansar y reflexionar bastante, Mizuki, para estar en contacto con los demás- inquirió Iga, invitando a Jack y a los demás a dejar a Mizuki a solas. La japonesa permaneció sentada en silencio cabizbaja mientras se marchaban.
-¿Qué hay del resto de heridos?- preguntó Jack cuando la puerta se cerró tras el maestro -Son recientes ¿verdad?-
-Tenemos un problema que no conseguimos corregir y me temo que no me queda otro remedio que encargártelo, Jack-san- Iga asintió
-Lo suponía- sonrió Jack con pesadez -¿Qué ocurre?-
-Disneyland Tokio está sufriendo una serie de percances que están poniendo en peligro la vida de cenas. No, centenas de personas-
-¿Disneyland?- Nora ladeó la cabeza
-Exactamente- asintió el hombre a la chica
-Pero... un parque de atracciones...- la chica no encontraba razones para que hubiese emociones poderosas allí, más allá del gozo y disfrute de los más jóvenes, pero según Jack, una alegría simple no era suficiente. La felicidad como tal no gustaba en exceso a los yokai
-Ese es el problema. Los cazadores que habéis visto ahí dentro no han dado con el motivo de por qué llevan apareciendo yokai en los alrededores y dentro del parque durante una semana. Se han dado algunos que otros accidentes a civiles sin venir a cuento y tenemos en consideración que están siendo atraidos por algo que aún no hemos identificado-
-¿Entonces el plan es ir a un parque de atracciones?- se cuestionó Adam -Nunca pensé que ser cazador nos llevará a tener un buen plan de ocio-
-No es un plan de ocio- inquirió Jack de mala gana
-Sí, lo es- asintió Iga de nuevo para asombro de Jack y beneplácito de Adam -Ireis y vagabundeareis por el parque como simples civiles. Investigadlo todo, no perdáis detalle, aunque eso implique tener que montaros en atracciones y entrar en tiendas- Iga suspiró ligeramente al ser consciente de la extraña misión que les estaba encomendando -Si veis yokai peligrosos purificadlos cuanto antes, destruidlos sin llamar la atención. Prevenid cualquier accidente que podais y, por favor, encontrad el foco que atrae a la oscuridad. Cuento con vosotros. Muchas vidas corren graves peligros allí, sobre todo niños que sólo buscan pasar unas felices vacaciones, incluso gente extranjera como vosotros- Iga miró a Nora en ese momento. La chica le devolvió la mirada con cierta decisión. No era un trabajo sencillo y era, por fin, la primera misión de campo que se les asignaba directamente. Tenía que dar lo mejor de sí misma, poner en práctica todo lo aprendido. Jack y Adam la acompañarían, así que... no tenía nada que temer. Debían encontrar el problema cuanto antes.
lunes, 11 de junio de 2018
El invierno llegó, y con él, el insoportable frío que adornaba las calles de Tokio en forma de nieve y hielo, los cuales cubrían por completo cada coche, cada árbol, cada valla y cada semáforo que la pareja encontraba a su paso, de vuelta del trabajo.
Hacía ya un par de semanas que Nora se había incorporado a trabajar en el local donde Jack ejercía como personal de seguridad. Se trataba de una especie de local nocturno ambientado con motivos ingleses y americanos, como banderas colgadas en la pared, pequeñas figuras de águilas y cabinas telefónicas, en el que se servían bebidas procedentes de los propios países. Ciertamente, los clientes parecían no encontrar diferencia entre ambas culturas, pero eso era lo de menos. La chica se sentía a gusto sirviendo cafés y bebidas alcohólicas detrás de la barra, haciendo llegar platos combinados a las mesas de los clientes e incluso fregando los platos. No era el trabajo de sus sueños, pero era un trabajo por medio del cual había conseguido renovar su visado por un año, además de generar ingresos con los que podía pagar a Jack su alojamiento hasta que tuviese dinero suficiente para trasladarse a otro.
Aquella tarde, ambos acababan de terminar el turno de mañana. Por suerte y de momento, ambos compartían el mismo turno de trabajo, de forma que ya eran común acompañarse tanto en la ida como en la vuelta.
-No puedo más...- bufó la chica, estirando los brazos hacia delante al salir de la estación.
-¿Cómo que no puedes más? ¿Y que hay de entrenar luego?- preguntó Jack con voz dura.
-¡¿Que?! ¡¿Hoy también?!- preguntó la chica con disgusto en la voz -Entrenamos ayer y Adam me dio tan fuerte en la espalda que no pude dormir bien-
-Eres cazadora. Es tu deber-
-Y tu deber como profesor es enseñar bien- murmuró la chica en voz baja
-¿Objeciones a mi persona? ¿De verdad? Vaya una alumna rebelde estás hecha-
-Es verdad. Te pones muy severo cuando estamos entrenando. Tu voz y tu actitud cambian por completo-
-Es lo que tengo que hacer. Si no te instruyo bien ¿Cómo vas a defenderte cuando llegue tu oportunidad?-
-Quizás si me explicaras las cosas con más... ¿Tranquilidad? Aprendería mejor los pasos a dar para atacar y para defenderme. Te pones tan estricto que me pones nerviosa- le regañó a pesar de sus superioridad -Así no voy a saber hacer nada nunca... qué vergüenza-
-No lo haces tan mal, estás mejorando-
-Mentiroso. Adam sí que está mejorando. ¿Has visto como se mueve ya? Yo aún me golpeo en la cabeza con la naginata cuando se me escapa de las manos. A este paso seguiré entrenando con palos de madera-
-Bueno, bueno. No quieras tener prisa-
-Eso lo dices porque tú ya er...-
-Anda, cállate- gruñó Jack, metiéndole en la boca a la chica un mochi de fresas que habían comprado al salir del trabajo y que había estado desenvolviendo durante la charla. Después, pasó a abrir y comer el suyo propio. La chica masticó rápidamente para evitar atragantarse, de manera que no pudo decir nada a menos que quisiera escupir el dulce. Para sus adentros, terminó por sonreír.
Tras comer algo, descansar un poco y limpiar la casa, como casi todas las tardes, Adam, Jack y Nora se reunieron en Azuchi a la caída del sol. Era ya costumbre para los tres entrenar a aquellas horas en las que se dejaba de sentir el frío debido al ejercicio, incluso aunque los pies descalzos de los tres tocasen la nieve que ahora rodeaba los jardines de aquel palacio.
Los golpes, las estocadas y las fintas de Adam y Nora se acometían como si se tratase de una danza acompasada y lenta, rompiendo el silencio verbal que ninguno de los tres a veces deseaba romper. Y es que el sonido del entrenamiento era enigmático. El crujir de las armas de madera, el sonido de la nieve deslizándose bajo los pies de la pareja, e incluso los gemidos de dolor y esfuerzo de ambos, provocaban que, aunque de forma dura, las horas pasasen bastante rápido a veces.
-¡Mierda!- replicó Nora en cuanto cayó al suelo después de que Adam le pusiese una zancada con la naginata de madera. La chica se acarició el trasero mientras se quejaba de dolor. Soportaba dolores menstruales bastante fuertes, de manera que aquel día se sentía totalmente derrotada.
-Levántate- ordenó Jack, quien miraba los movimientos de ambos seriamente. La chica obedeció, no sin antes lanzarle a su maestro una mirada seria y ofendida.
-¿Te he hecho demasiado daño?- quiso saber Adam mientras se frotaba con el brazo el sudor de la frente.
-¿Le vas a preguntar a un yokai si le has hecho daño?- Jack se puso en pie.
-Oh, vamos. Ella no es un yokai-
-Deja de pensar eso. Si sigues viéndola como una compañera débil a la que proteger y de la que preocuparte siempre la pondrás en peligro-
-Al menos yo no permitiré que un demonio le arranque los brazos delante mía- dijo como si escupiera veneno, haciendo que Jack diese un paso adelante. Nora sintió que los ánimos se estaban caldeando demasiado, de forma que decidió intervenir.
-No pasa nada ¿De acuerdo? Estoy bien y me sabré defender llegada la ocasión- dijo de forma rápida mientras se ponía en pie. Recogió la falsa naginata del suelo y se colocó en posición ofensiva, tal y como Jack le había explicado. -Venga, Adam ¿Ya estás cansado?- sonrió -Soy un yokai que te puede devorar. ¡Ataca!-
Hacía ya un par de semanas que Nora se había incorporado a trabajar en el local donde Jack ejercía como personal de seguridad. Se trataba de una especie de local nocturno ambientado con motivos ingleses y americanos, como banderas colgadas en la pared, pequeñas figuras de águilas y cabinas telefónicas, en el que se servían bebidas procedentes de los propios países. Ciertamente, los clientes parecían no encontrar diferencia entre ambas culturas, pero eso era lo de menos. La chica se sentía a gusto sirviendo cafés y bebidas alcohólicas detrás de la barra, haciendo llegar platos combinados a las mesas de los clientes e incluso fregando los platos. No era el trabajo de sus sueños, pero era un trabajo por medio del cual había conseguido renovar su visado por un año, además de generar ingresos con los que podía pagar a Jack su alojamiento hasta que tuviese dinero suficiente para trasladarse a otro.
Aquella tarde, ambos acababan de terminar el turno de mañana. Por suerte y de momento, ambos compartían el mismo turno de trabajo, de forma que ya eran común acompañarse tanto en la ida como en la vuelta.
-No puedo más...- bufó la chica, estirando los brazos hacia delante al salir de la estación.
-¿Cómo que no puedes más? ¿Y que hay de entrenar luego?- preguntó Jack con voz dura.
-¡¿Que?! ¡¿Hoy también?!- preguntó la chica con disgusto en la voz -Entrenamos ayer y Adam me dio tan fuerte en la espalda que no pude dormir bien-
-Eres cazadora. Es tu deber-
-Y tu deber como profesor es enseñar bien- murmuró la chica en voz baja
-¿Objeciones a mi persona? ¿De verdad? Vaya una alumna rebelde estás hecha-
-Es verdad. Te pones muy severo cuando estamos entrenando. Tu voz y tu actitud cambian por completo-
-Es lo que tengo que hacer. Si no te instruyo bien ¿Cómo vas a defenderte cuando llegue tu oportunidad?-
-Quizás si me explicaras las cosas con más... ¿Tranquilidad? Aprendería mejor los pasos a dar para atacar y para defenderme. Te pones tan estricto que me pones nerviosa- le regañó a pesar de sus superioridad -Así no voy a saber hacer nada nunca... qué vergüenza-
-No lo haces tan mal, estás mejorando-
-Mentiroso. Adam sí que está mejorando. ¿Has visto como se mueve ya? Yo aún me golpeo en la cabeza con la naginata cuando se me escapa de las manos. A este paso seguiré entrenando con palos de madera-
-Bueno, bueno. No quieras tener prisa-
-Eso lo dices porque tú ya er...-
-Anda, cállate- gruñó Jack, metiéndole en la boca a la chica un mochi de fresas que habían comprado al salir del trabajo y que había estado desenvolviendo durante la charla. Después, pasó a abrir y comer el suyo propio. La chica masticó rápidamente para evitar atragantarse, de manera que no pudo decir nada a menos que quisiera escupir el dulce. Para sus adentros, terminó por sonreír.
Tras comer algo, descansar un poco y limpiar la casa, como casi todas las tardes, Adam, Jack y Nora se reunieron en Azuchi a la caída del sol. Era ya costumbre para los tres entrenar a aquellas horas en las que se dejaba de sentir el frío debido al ejercicio, incluso aunque los pies descalzos de los tres tocasen la nieve que ahora rodeaba los jardines de aquel palacio.
Los golpes, las estocadas y las fintas de Adam y Nora se acometían como si se tratase de una danza acompasada y lenta, rompiendo el silencio verbal que ninguno de los tres a veces deseaba romper. Y es que el sonido del entrenamiento era enigmático. El crujir de las armas de madera, el sonido de la nieve deslizándose bajo los pies de la pareja, e incluso los gemidos de dolor y esfuerzo de ambos, provocaban que, aunque de forma dura, las horas pasasen bastante rápido a veces.
-¡Mierda!- replicó Nora en cuanto cayó al suelo después de que Adam le pusiese una zancada con la naginata de madera. La chica se acarició el trasero mientras se quejaba de dolor. Soportaba dolores menstruales bastante fuertes, de manera que aquel día se sentía totalmente derrotada.
-Levántate- ordenó Jack, quien miraba los movimientos de ambos seriamente. La chica obedeció, no sin antes lanzarle a su maestro una mirada seria y ofendida.
-¿Te he hecho demasiado daño?- quiso saber Adam mientras se frotaba con el brazo el sudor de la frente.
-¿Le vas a preguntar a un yokai si le has hecho daño?- Jack se puso en pie.
-Oh, vamos. Ella no es un yokai-
-Deja de pensar eso. Si sigues viéndola como una compañera débil a la que proteger y de la que preocuparte siempre la pondrás en peligro-
-Al menos yo no permitiré que un demonio le arranque los brazos delante mía- dijo como si escupiera veneno, haciendo que Jack diese un paso adelante. Nora sintió que los ánimos se estaban caldeando demasiado, de forma que decidió intervenir.
-No pasa nada ¿De acuerdo? Estoy bien y me sabré defender llegada la ocasión- dijo de forma rápida mientras se ponía en pie. Recogió la falsa naginata del suelo y se colocó en posición ofensiva, tal y como Jack le había explicado. -Venga, Adam ¿Ya estás cansado?- sonrió -Soy un yokai que te puede devorar. ¡Ataca!-
Inu no se cansaba de presentar sus alabanzas caninas a los recién llegados pese a que el ambiente era cuanto menos tenso. Adam aceptó la invitación a tomar asiento y se acomodó en el sofá del salón junto a Nora, mientras que Jack se sentaba en una silla frente a ambos, apoyándose sobre la mesa -Creo que no entiendes la situación, hermano- comenzó de mala gana -Esto no es una barbacoa a la que te apuntas para tomar unas cervezas-
-¿Me tomas por un niño pequeño, Jack? Soy el mayor de los dos. Sé muy bien a qué me enfrento-
-¿Ah, sí?- sonrió Jack con frialdad. Nora miraba a Adam con un deje de preocupación ¿De verdad, hablaba en serio?
-Sí. Son esos demonios. Cazadores. Supongo que entrenáis ¿no? Era como ver a aquella ninja extraña contigo el otro día en el aeropuerto. Si tú puedes hacerlo y Nora también ¿Por qué no yo?-
-Hay unas normas estrictas, Adam. Muy estrictas. No estoy seguro de que seas capaz de llevarlas hacia delante- terció Jack
-¿Y se puede saber por qué?- gruñó el mayor
-Los cazadores luchamos contra los yokai, los demonios. Esos seres se alimentan de las emociones fuertes. Les atrae, les hace fuertes. Por eso Nora es un foco tan grande. Es una psíquica, una persona con unas capacidades prácticamente únicas para establecer un vínculo con el otro lado, con el llamado Yomi, el reino de los muertos. Para más problemas, Nora sufre de una desetabilidad emocional a causa de la depresión y, por eso, es por lo que debe ser entrenada. Ella debe saber protegerse de las hordas de demonios que la asolarán el resto de su vida. Debe aprender a controlar sus emociones y defenderse- Jack la señalaba con el dedo -Es por su bien, no por placer. Tú no deberías meterte en esto por puro capricho-
-Yo no sufro de ningún tipo de depresión. Estaré bien y seré un nuevo músculo para la acción- contestó frunciendo el ceño
-No es sólo la pena y la tristeza Adam. Las fuertes emociones a veces son positivas. Un exceso de bienestar, de felicidad... como el amor, la lujuria, el deseo...- Jack miró a Nora y luego a Adam -A veces son peores que el pesar y la pérdida-
-¿El amor y el deseo?- Nora no conocía dicha información -¿Entonces... un cazador no puede... amar?- Jack asintió ante la pregunta de la chica
-Debemos contener nuestras emociones atadas bajo una fuerte convicción. No podemos excedernos o seremos un foco, los atraeremos, cada vez más fuertes, como el oni del aeropuerto. Hay criaturas... monstruos al otro lado del velo del Yomi que jamás hemos visto y que, seguramente, jamás podremos enfrentar-
-Sandeces- inquirió Adam directamente -No hay nada de qué preocuparse- se cruzó de brazos -Puedo hacerlo-
-Adam, estás casado- dijo Jack por fin -Estás casado con Serena y tienes hijos. Tienes una familia. La familia son fuertes lazos afectivos que pueden afectarte-
-Pero ellos no tienen nada que ver en esto. Ellos no me afectarán porque están a salvo-
-¿Es que no te quieres dar cuenta de la situación o es que directamente eres imbécil?- Jack aporreó la mesa, perdiendo el control. Tuvo que serenarse al instante, no podía hablar de autocontrol y enfurecerse de pronto
-¿Hay alguna razón concreta por la que me rechaces en esto, hermano? ¿Alguna intención oculta? ¿Algo que temas perder?- los ojos de Adam brillaban con superioridad y desdén
-¿Eso crees? Bien...- Jack asintió -El deber de todo cazador que encuentre a otra persona sensible es llevarlo ante el Maestro Iga y que éste de su bendición y bienvenida. Cumpliré con mi deber, entonces, incluso contigo. Pero no habrá piedad por muy hermano mío que seas, ni excepciones-
-¿Desde cuando ha habido excepciones y piedad entre nosotros, Jack?- Adam se puso en pie y su hermano menor no contestó. La respuesta era obvia.
Tras atravesar una puerta Yomi, se encontraron los tres en Azuchi. Adam no daba crédito a lo que acababa de vivir, cruzando un umbral de brumas negras hasta llegar delante del elegante palacio donde, según le contaba Nora por el camino, parecían morar los cazadores o más bien, lo usaban de punto de encuentro. Una vez ante el maestro Iga, Adam se sentó en postura seiza al igual que Nora y Jack. El sabio anciano contemplaba a Adam con suma curiosidad, a la vez que sonreía amablemente a Nora -Nos honra enormemente tu participación, Nora-san. Bienvenida a Yokai Ryoshi- inclinó la cabeza y Nora hizo lo mismo con una flamante sonrisa -Encuanto a ti...-
-Soy el hermano mayor de Jack. Me llamo Adam Crane. Es un honor conocerle, señor Iga-
-Maestro- inquirió Iga con tono severo -En este sagrado lugar no hay más que maestros y aprendices, ni señores, ni hermanos, ni amigos... ni amantes- aquella última aclaración parecía no venir a cuento, pero Adam sentía que ese hombre estaba leyéndole el alma -¿Lo entiendes?- también miró a Nora -Es un juramento de hermandad que debéis realizar ante mí y el altar de los Ancestros-
-Juro lealtad a la hermandad de cazadores- dijo Adam de forma vehemente, apresurado. Sorprendentemente para Iga, el magatama que le había dejado no cambiaba de color. Adam estaba sorprendentemente balanceado emocionalmente en ese momento
-Yo también. Quiero decir... Juro lealtad y cumplir los votos de los cazadores- Nora inclinó la cabeza. No tenía nada que perder ¿Amor? Era un sentimiento que quedó atrás hacía ya bastante. Sólo tenía que ocuparse de la tristeza y la desolación.
-Bien... Jack- miró al muchacho -Creo que es oficial entonces. Tenemos a dos nuevos cazadores extranjeros con nosotros. Uno tu hermano y la hermosa muchacha psíquica. Estarán a tu cargo a partir de hoy. Tradad a Jack como vuestro maestro, onegaishimazu- se inclinó con respeto Iga
-¿Maestro?- Adam miró de reojo a Jack -¿Él será mi maestro?-
-Os enseñará a ambos a combatir como debéis. Y si me lo permitís, que sea cuanto antes. Por vuestro bien y por el bien de japón-
-Creo que sería inteligente dejar para mañana...- Jack se rascó la barbilla pensativo
-Podemos empezar ahora mismo- Adam estaba excitado -Quiero conocer este mundo. Quiero saber como funciona todo-
-Pero Adam...- Jack frunció el ceño
-Bien está lo que debe hacerse, Jack- alzó una mano el maestro Iga -Si está la predisposición al conocimiento, debe utilizarse. Y deben conocer el arte del magatama. Por favor, instrúyeles- ante la orden del maestro Iga, poco pudo hacer Jack para negarse.
Minutos después, Adam y Nora se encontraron en el patio que rodeaba al castillo Azuchi. A ambos se les entregó un hakama blanco con un kanji en la espalda que representaba el símbolo de la Mente, ensalzando el valor de la templanza. Jack aún continuaba herido y no podía moverse de forma adecuada y sufría aún el dolor en su estómago y espalda, de manera que tuvo que optar por presenciar un entrenamiento básico entre Nora y Adam. El muchacho se sentó de forma cómoda, con las piernas recogidas y meditabundo, sobre una piedra. El lugar en el que se encontraban era precioso incluso cuando llega la noche. Había un pequeño lago artificial con un junco que caía sobre el mismo al llenarse de agua y unas luciérnagas preciosas revoloteaban alrededor de los tres. El lugar estaba envuelto en un respetuoso silencio solo roto por el continuo traqueteo del junco sobre el agua -Ropas bastante cómodas- dijo Adam examinándose el hakama, que a poco dejaba lucir parte de su torso, bastante endurecido y fortalecido
-Sí, no está mal- Nora se estudiaba a sí misma y trataba de ajustarse el hakama de forma que no revelara demasiado su torso, cosa de la que Adam no perdía detalle y sus ojos se lanzaban de cabeza a zambullirse en el cuerpo de la joven. Estaba preciosa con ese ropaje japonés
-¿No se te hace tarde para volver, Adam?- dijo Jack por última vez -Serena estará preocupada- Adam miró al sol poniente a esas horas, con el hermoso cielo azul tornándose anaranjado poco a poco
-Sabe que estoy en tu casa. No hay ningún problema- sonrió de forma forzada
-Está bien...- suspiró Jack
-¿Qué tenemos que hacer?- preguntó Nora
-Para comenzar... teneis que dar forma a vuestro magatama. Es sencillo. La piedra espiritual que llevais al cuello responde de forma automática a vuestros deseos, pues se anclan a vuestra alma en el momento que os la engarzais al cuello. Entonces simplemente tomadla en las manos y sabed con certeza que debéis luchar, que tenéis que defenderos de un peligro- adiestró Jack, viendo como ambos hacían exactamente lo que les decía, el magatama en sendos aprendices comenzó a brillar y tomó la forma del arma que les era predilecta según sus anhelos, debilidades y caracter espiritual. Jack esbozó una ligera sonrisa al ver que tanto Adam como Nora por igual tenían una naginata en las manos
-¿Cómo demonios...? ¿Esto es magia?- Adam no dejaba de examinar el arma -Es... real-
-Has visto un oni con tus propios ojos y ahora te sorprende una naginata espiritual- bufó Jack
-Madre mía...- Nora estaba pletórica -¿Es... mía? Es preciosa...- acariciaba el largo mango del arma con delicadeza
-El arma que nace del magatama representa el espíritu del individuo. Cuanto más fuerte os hagáis, cuanto más os conozcais a vosotros mismos... irá tomando una forma más concreta, más fuerte... y única- Jack se puso en pie y se acercó al almacen que tenía detrás para tomar dos bô, dos palos de madera simples del tamaño de la naginata
-¿Para qué es eso?- Adam escuadriñó las largas varas
-¿Piensas luchar contra Nora con una naginata? Os vais a matar mutuamente. Entrenaréis con esto. Olvidad las naginata por un momento, sabed que "no están" y se desvanecerán- fue costoso al principio, pero tras varios intentos, consiguieron que las armas volvieran a ser los magatama que se colgaron al cuello -Ahora... enseñadme qué sabéis hacer-
Durante unos largos minutos, Adam y Nora intercambiaban lentos golpes con los bô, de manera que el constante chasquido de la madera reinaba en el patio mientras el sol caía más y más en el horizonte -Está bien. Tenéis el conocimiento básico de cómo chocar dos palos- Jack suspiró -¿Cuándo vais a luchar?-
-¿Es que quieres que le haga daño?- gruñó Adam
-O que ella te lo haga a ti. Sois cazadores ahora, no aprendices de una academia de kendo. Intentad luchar contra el otro como si os jugarais la vida. No olvidéis que los yokai no son vuestros amigos- asintió Jack
-D-de acuerdo...- Nora miró a Adam con cierto deje de duda, pero tras una confirmación de permiso por parte de Adam, la chica empuñó la vara con decisión y comenzó a atacar.
Golpes ascendentes, descendentes y laterales llegaban desde Nora con decisión, cada vez con menos atisbo y temor a golpear a Adam. El hombre era más alto y más fuerte, de manera que se anticipaba y bloqueaba los embites con facilidad. Caminaba al rededor de Nora para marearla mientras que de vez en cuando lanzaba él algún que otro ataque sorpresa que Nora bloqueaba con esfuerzo. Los golpes de Adam eran fuertes, difíciles de bloquear. La chica tenía aún mucho de lo que reponerse, pero sin duda era vigorizante. Sentir el sudor bañando su frente, su espalda y su pecho, el dolor de los músculos, el calor en el corazón... se sentía útil. Sabía que estaba aprendiendo algo verdaderamente vital para su día a día, algo que la alejaría de volver a sufrir. Estaba exultante. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillantes. Su aliento encendido con el fuego de un dragón que le rugía en el pecho, que gritaba a cada golpe que lanzaba a Adam, el hombre que se estaba prendando de la belleza de la mujer con la que entrenaba. Veía su pelo cada vez más húmedo volar como una bandada de golondrinas hacia el crepúsculo, veía las gotas de sudor perlar su piel y colarse entre la abertura del hakama, algo más revelador a cada golpe y movimiento de Nora. La boca abierta y jadeante de la chica le invitaba a imaginar y desear que estuviesen en otro lugar, en una cama y desnudos en lugar de entrenando en un patio donde Jack los examinaba. Cómo la deseaba. Cómo anhelaba tenerla para él a solas durante unas horas. Lo comprendió en ese momento mejor que nunca. Y esa comprensión le llevó a dejarse llevar por unos instantes; esquivó una estocada del bô de Nora, aferró la vara de la chica y tiró de ella con fuerza para atraerla hacia sí. Entonces la rodeó con su propi bô, inmovilizándola, mientras que con la otra mano ahora la aferraba del cuello. Su piel suave y húmeda le llevaba a enloquecer un poco en el delirio de imaginar el simple hecho de recorrerla con los labios. Sus ojos se clavaban en los de Nora con furia. No era consciente de lo cerca que estaba del rostro de la joven -He... he perdido...- jadeaba Nora, inmóvil, hipnotizada ligeramente por la brillante mirada de Adam, la cual no comprendía
-No... prácticamente me has ganado, definitivamente...- murmuró Adam mirando los labios de la chica. Sólo unos centímetros más cerca y...
-Suficiente por hoy- terció Jack apareciendo de la nada, tomando el bô de Nora y con un ágil movimiento, colocándolo entre ambos para ejercer palanca y separarlos -Suficiente, definitivamente. Está más que bien- dijo mirando a Adam con llamas en los ojos
-¿Hemos... hemos estado bien?- preguntó Nora sin aliento
-Definitivamente- le sonrió Jack -Sigue así Nora. Lo haces mejor de lo que esperaba-
-Creo... Creo que necesito bañarme cinco o seis veces antes de dormir. Estoy asquerosa- bufó
-Yo también. Creo que debería volver a casa, de todas formas-
-Sí, deberías- inquirió Jack con furia en la voz mientras Nora se alejaba para volver a buscar su ropa, dejando a los dos hombres solos por un momento -¿Se puede saber qué coño haces, Adam?-
-¿Qué? ¿Qué he hecho ahora?-
-Aléjate de Nora. Estás casado con Serena, maldito hijo de puta- rugió en voz baja
-¿De qué demonios hablas Jack? Estás delirando-
-¿Delirando?- se acercó a su hermano, amenazante -¿Crees que deliro? ¿Me tomas por gilipollas o qué? ¿Crees que no sé reconocer a una persona excitada, un momento íntimo, las intenciones de un cuerpo descontrolado?- Adam frunció el ceño -Te han faltado segundos para besarla ¿verdad? No has dejado de mirarla. No te has concentrado en luchar, sino en ella. En cada movimiento, en su cuerpo-
-Si no me hubiese centrado en el combate, me habría ganado. Me habría golpeado unas cuantas...-
-No juegues conmigo Adam. Si has superado el combate contra ella es porque Nora está débil aún y es inexperta en esto de luchar. Es insegura, aún tiene mucho que aprender. Si ella fuese más experimentada que tú te habría molido a palos por no centrarte-
-De verdad que te equivocas Jack- dijo Adam encogiendo los hombros
-Te lo voy a decir una única vez, capullo engreido- Jack lo agarró del pecho del hakama pese a que ese movimiento le provocó un agudo dolor en las heridas, lo cual enfatizó su rabia -No voy a permitir que engañes a Serena, no voy a dejar bajo ningún concepto que juegues con las ilusiones de una mujer que te quiere y con la que has construido una vida. Más vale que dejes de pensar con la polla y te centres. Contén tu mirada y contén también tus emociones, porque si tu carácter de puñetero picaflor trae a los demonios a las puertas del castillo...- Adam intentó zafarse pero Jack lo agarró con más fuerza y se lo acercó a la cara -Si traes la oscuridad a Azuchi o peor, a Nora... Yo personalmente te destriparé y te crucificaré en el Yomi para que te devoren durante toda la eternidad, hijo de puta desgraciado- lo soltó con un empujón y se marchó, dejando a Adam a solas
-Te equivocas Jack... Te equivocas- se decía a sí mismo.
Cuando volvieron a casa, Adam no permanció más de un minuto allí. Se despidió de Nora que estaba a punto de ducharse y a Jack no le miró a los ojos. Tomó su vehículo y se marchó rumbo a casa. Mientras conducía, cabilaba sin pensar en lo que le había dicho Jack. No era estúpido, era consciente de todo cuanto había hecho desde que llegaron a japón, de la cantidad de alumnas con la que había intimado, pero... pero que alguien le agarrase de cerca y le recordara a la cara quién era y qué estaba haciendo le había frustrado de verdad ¿Cuanto tiempo llevaba negándoselo a sí mismo? Sentía una herida abierta de culpabilidad, supurante y dolorosa. Pensaba en Serena, en sus hijos. Dios... cuanto lo sentía. Cuanto apreciaba a esa mujer que lo daba todo por él mientras que él... él sólo pensaba, últimamente, en Nora. Y ahora lo sabía con claridad. Verla de esa guisa, verla brillar en lugar de llorar... era tan hermosa, era tan despampanante y cautivadora. Nora le resultaba una mujer mágica... y no se la podía quitar de la cabeza. Le tenía hechizado...
Paró el vehículo cerca de un local que conocía desde meses después de llegar a japón. Era un establecimiento clásico, una suerte de hostal con aires feudales. Allí las camareras servían en kimono o yukata a los clientes, además del ambiente tranquilo y el olor del incienso y las velas. Un local íntimo al que acudía poca gente, pero idoneo para reflexionar en silencio. Adam estaba vaciando una botella de sake mientras el teléfono le vibraba en el bolsillo -¿Sí...?-
-¿Dónde estás? Estoy preocupada- se oyó la voz de Serena al otro lado
-He estado con Jack, perdona, Serena. Volveré a casa en un rato. Me he parado... para, bueno, ya sabes... Me ha dado la necesidad de ir al baño-
-¿Estás bien? Te noto desanimado-
-Me duele el estómago, pero no te preocupes, ahora voy- dijo sin más
-Vale. Ten cuidado, Adam. Y no te preocupes. Conduce si te encuentras bien y si no descansa un poco. Te estaré esperando-
-Gracias, cariño. Un beso-
-Te quiero- dijo únicamente Serena y colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa mientras que unas manos blancas y preciosas le servían un nuevo trago en el ochoko, el vaso pequeño típico del sake
-Tienes un rostro tan triste...- Adam alzó la mirada hacia la mujer. Qué belleza. Su pelo era negro como el infinito y sus ojos grandes y atrapantes. Sus labios estaban pintados del rojo de la sangre. Su voz, su forma de hablar, eran coquetas y juguetonas. Traviesa, se inclinaba sobre la mesa dejando que el yukata, más abierto de lo normal, revelara unos pechos redondos y llamativos, tan blancos como el resto de su piel
-La vida a veces no es amable- dijo Adam sin poder apartar la mirada de la mujer
-¿Te gusta...?-
-¿Eh?-
-El sake... ¿Está bueno, de tu gusto?-
-Oh, sí... espléndido- Adam empezaba a sentir la embriaguez a esas alturas
-Me alegra saberlo pero... óyeme- le tomó la mano -¿Hay algo que podamos hacer para ayudarte? El cliente siempre es lo primero. Su felicidad es lo primero... y más de un hombre tan guapo y atractivo-
-Yo...-
-¿Te espera alguien en casa?- Adam la miraba pensativo
-...No-
-Ah...- los labios rojos de la japonesa se curvaron de forma sensual mientras se acariciaba el cuello de forma pausada.
Minutos después, una puerta corrediza de una habitación del hostal se abrió dejando paso a un vendabal de beso y jadeos mientras la mujer arrastraba a Adam al interior. La habitación estaba completamente vacía de cualquier tipo de mobiliario, pero el suelo bastaría. El hombre despojaba a la mujer del yukata revelándola en completa desnudez mientras ella le miraba, esperando encantada a que hiciera con ella lo que quisiera -Hazlo... Hazlo, mi elegante caballero de mirada brillante...- dijo ella hipnótica y manipuladora, sintiendo cómo Adam hundía su rostro entre sus senos, los besaba y los manipulaba con una pasión desmedida -Hazlo... hazme el amor- gemía la mujer, motivando al hombre que se desabrochaba el pantalón y se despojaba del mismo con celeridad, tumbando a la mujer en el suelo de tatami mullido. Allí, bajo el hombre, ella le devoraba con la mirada, desnuda y derrotada ante su tamaño y fuerza. Ella le desabrochaba la camisa mientras él la miraba casi sin pestañear... A veces, le resultaba familiar, pero su riego sanguineo no le daba para pensar concretamente. Sus facciones, sus ojos... ¿Eran azules antes, o negros? Ahora no lo recordaba,pero... ahora que reflxionaba... Se parecía tanto a ella... -Vamos...- la mujer le tomó el rostro y le besó con fiereza mientras le despojaba de la ropa -Hazlo ya...- su voz... se parecía también ¿Era posible o estaba demasiado borracho? Era prácticamente ella... -Hazme el amor...- suplicaba jadeante y Adam no hizo más que complacerla. Penetró en ella con dureza aferrando sus caderas como si le fuese la vida en ello, devorando los rojos labios de la mujer mientras ésta gemía con la fuerza del rayo, capaz de partir el cielo en pedazos. Adam se degustaba en el cuerpo de la mujer, tocando y apretando cada parte de ella, saboreándolo con enfermedad. Ella sólo gemía y jadeaba, sintiendo el placer que el hombre le proporcionaba y el que ella le proporcionaba. De vez en cuando Adam la miraba y se prendaba nuevamente de su belleza
-Nora...- jadeaba el hombre, con su mente nublada, viendo el mismo reflejo de esa chica en la mujer con la que yacía con fiereza
-Sí... sí...- jadeaba la mujer, aferrándose a la espalda del hombre como si de garras se tratase. Adam gemía de puro placer, llevado y cegado por el deseo, mientras que la dama casi rompía en risas traviesas, en lo que sus ojos se volvían rojos como la sangre y sus iris se tornaban dorados como un sol agonizante. Se sentía fuerte, se sentía poderosa. En su boca dos colmillos asomaron por un instante y mordieron el cuello de Adam con tenacidad, haciendo al hombre gritar de placer mientras la acometía con más pasión y salvajismo. Una sombra comenzó a envolerlos a ambos hasta que finalmente penetró en Adam a través de la mordida de la dama de labios rojos
-Así...- sonreía, complacida -Sigue así, mi buen caballero...- se abrazó a él finalmente, dejándole culminar en un climax antinatural, en el que ella triunfaba y así mismo, la oscuridad.
-¿Me tomas por un niño pequeño, Jack? Soy el mayor de los dos. Sé muy bien a qué me enfrento-
-¿Ah, sí?- sonrió Jack con frialdad. Nora miraba a Adam con un deje de preocupación ¿De verdad, hablaba en serio?
-Sí. Son esos demonios. Cazadores. Supongo que entrenáis ¿no? Era como ver a aquella ninja extraña contigo el otro día en el aeropuerto. Si tú puedes hacerlo y Nora también ¿Por qué no yo?-
-Hay unas normas estrictas, Adam. Muy estrictas. No estoy seguro de que seas capaz de llevarlas hacia delante- terció Jack
-¿Y se puede saber por qué?- gruñó el mayor
-Los cazadores luchamos contra los yokai, los demonios. Esos seres se alimentan de las emociones fuertes. Les atrae, les hace fuertes. Por eso Nora es un foco tan grande. Es una psíquica, una persona con unas capacidades prácticamente únicas para establecer un vínculo con el otro lado, con el llamado Yomi, el reino de los muertos. Para más problemas, Nora sufre de una desetabilidad emocional a causa de la depresión y, por eso, es por lo que debe ser entrenada. Ella debe saber protegerse de las hordas de demonios que la asolarán el resto de su vida. Debe aprender a controlar sus emociones y defenderse- Jack la señalaba con el dedo -Es por su bien, no por placer. Tú no deberías meterte en esto por puro capricho-
-Yo no sufro de ningún tipo de depresión. Estaré bien y seré un nuevo músculo para la acción- contestó frunciendo el ceño
-No es sólo la pena y la tristeza Adam. Las fuertes emociones a veces son positivas. Un exceso de bienestar, de felicidad... como el amor, la lujuria, el deseo...- Jack miró a Nora y luego a Adam -A veces son peores que el pesar y la pérdida-
-¿El amor y el deseo?- Nora no conocía dicha información -¿Entonces... un cazador no puede... amar?- Jack asintió ante la pregunta de la chica
-Debemos contener nuestras emociones atadas bajo una fuerte convicción. No podemos excedernos o seremos un foco, los atraeremos, cada vez más fuertes, como el oni del aeropuerto. Hay criaturas... monstruos al otro lado del velo del Yomi que jamás hemos visto y que, seguramente, jamás podremos enfrentar-
-Sandeces- inquirió Adam directamente -No hay nada de qué preocuparse- se cruzó de brazos -Puedo hacerlo-
-Adam, estás casado- dijo Jack por fin -Estás casado con Serena y tienes hijos. Tienes una familia. La familia son fuertes lazos afectivos que pueden afectarte-
-Pero ellos no tienen nada que ver en esto. Ellos no me afectarán porque están a salvo-
-¿Es que no te quieres dar cuenta de la situación o es que directamente eres imbécil?- Jack aporreó la mesa, perdiendo el control. Tuvo que serenarse al instante, no podía hablar de autocontrol y enfurecerse de pronto
-¿Hay alguna razón concreta por la que me rechaces en esto, hermano? ¿Alguna intención oculta? ¿Algo que temas perder?- los ojos de Adam brillaban con superioridad y desdén
-¿Eso crees? Bien...- Jack asintió -El deber de todo cazador que encuentre a otra persona sensible es llevarlo ante el Maestro Iga y que éste de su bendición y bienvenida. Cumpliré con mi deber, entonces, incluso contigo. Pero no habrá piedad por muy hermano mío que seas, ni excepciones-
-¿Desde cuando ha habido excepciones y piedad entre nosotros, Jack?- Adam se puso en pie y su hermano menor no contestó. La respuesta era obvia.
Tras atravesar una puerta Yomi, se encontraron los tres en Azuchi. Adam no daba crédito a lo que acababa de vivir, cruzando un umbral de brumas negras hasta llegar delante del elegante palacio donde, según le contaba Nora por el camino, parecían morar los cazadores o más bien, lo usaban de punto de encuentro. Una vez ante el maestro Iga, Adam se sentó en postura seiza al igual que Nora y Jack. El sabio anciano contemplaba a Adam con suma curiosidad, a la vez que sonreía amablemente a Nora -Nos honra enormemente tu participación, Nora-san. Bienvenida a Yokai Ryoshi- inclinó la cabeza y Nora hizo lo mismo con una flamante sonrisa -Encuanto a ti...-
-Soy el hermano mayor de Jack. Me llamo Adam Crane. Es un honor conocerle, señor Iga-
-Maestro- inquirió Iga con tono severo -En este sagrado lugar no hay más que maestros y aprendices, ni señores, ni hermanos, ni amigos... ni amantes- aquella última aclaración parecía no venir a cuento, pero Adam sentía que ese hombre estaba leyéndole el alma -¿Lo entiendes?- también miró a Nora -Es un juramento de hermandad que debéis realizar ante mí y el altar de los Ancestros-
-Juro lealtad a la hermandad de cazadores- dijo Adam de forma vehemente, apresurado. Sorprendentemente para Iga, el magatama que le había dejado no cambiaba de color. Adam estaba sorprendentemente balanceado emocionalmente en ese momento
-Yo también. Quiero decir... Juro lealtad y cumplir los votos de los cazadores- Nora inclinó la cabeza. No tenía nada que perder ¿Amor? Era un sentimiento que quedó atrás hacía ya bastante. Sólo tenía que ocuparse de la tristeza y la desolación.
-Bien... Jack- miró al muchacho -Creo que es oficial entonces. Tenemos a dos nuevos cazadores extranjeros con nosotros. Uno tu hermano y la hermosa muchacha psíquica. Estarán a tu cargo a partir de hoy. Tradad a Jack como vuestro maestro, onegaishimazu- se inclinó con respeto Iga
-¿Maestro?- Adam miró de reojo a Jack -¿Él será mi maestro?-
-Os enseñará a ambos a combatir como debéis. Y si me lo permitís, que sea cuanto antes. Por vuestro bien y por el bien de japón-
-Creo que sería inteligente dejar para mañana...- Jack se rascó la barbilla pensativo
-Podemos empezar ahora mismo- Adam estaba excitado -Quiero conocer este mundo. Quiero saber como funciona todo-
-Pero Adam...- Jack frunció el ceño
-Bien está lo que debe hacerse, Jack- alzó una mano el maestro Iga -Si está la predisposición al conocimiento, debe utilizarse. Y deben conocer el arte del magatama. Por favor, instrúyeles- ante la orden del maestro Iga, poco pudo hacer Jack para negarse.
Minutos después, Adam y Nora se encontraron en el patio que rodeaba al castillo Azuchi. A ambos se les entregó un hakama blanco con un kanji en la espalda que representaba el símbolo de la Mente, ensalzando el valor de la templanza. Jack aún continuaba herido y no podía moverse de forma adecuada y sufría aún el dolor en su estómago y espalda, de manera que tuvo que optar por presenciar un entrenamiento básico entre Nora y Adam. El muchacho se sentó de forma cómoda, con las piernas recogidas y meditabundo, sobre una piedra. El lugar en el que se encontraban era precioso incluso cuando llega la noche. Había un pequeño lago artificial con un junco que caía sobre el mismo al llenarse de agua y unas luciérnagas preciosas revoloteaban alrededor de los tres. El lugar estaba envuelto en un respetuoso silencio solo roto por el continuo traqueteo del junco sobre el agua -Ropas bastante cómodas- dijo Adam examinándose el hakama, que a poco dejaba lucir parte de su torso, bastante endurecido y fortalecido
-Sí, no está mal- Nora se estudiaba a sí misma y trataba de ajustarse el hakama de forma que no revelara demasiado su torso, cosa de la que Adam no perdía detalle y sus ojos se lanzaban de cabeza a zambullirse en el cuerpo de la joven. Estaba preciosa con ese ropaje japonés
-¿No se te hace tarde para volver, Adam?- dijo Jack por última vez -Serena estará preocupada- Adam miró al sol poniente a esas horas, con el hermoso cielo azul tornándose anaranjado poco a poco
-Sabe que estoy en tu casa. No hay ningún problema- sonrió de forma forzada
-Está bien...- suspiró Jack
-¿Qué tenemos que hacer?- preguntó Nora
-Para comenzar... teneis que dar forma a vuestro magatama. Es sencillo. La piedra espiritual que llevais al cuello responde de forma automática a vuestros deseos, pues se anclan a vuestra alma en el momento que os la engarzais al cuello. Entonces simplemente tomadla en las manos y sabed con certeza que debéis luchar, que tenéis que defenderos de un peligro- adiestró Jack, viendo como ambos hacían exactamente lo que les decía, el magatama en sendos aprendices comenzó a brillar y tomó la forma del arma que les era predilecta según sus anhelos, debilidades y caracter espiritual. Jack esbozó una ligera sonrisa al ver que tanto Adam como Nora por igual tenían una naginata en las manos
-¿Cómo demonios...? ¿Esto es magia?- Adam no dejaba de examinar el arma -Es... real-
-Has visto un oni con tus propios ojos y ahora te sorprende una naginata espiritual- bufó Jack
-Madre mía...- Nora estaba pletórica -¿Es... mía? Es preciosa...- acariciaba el largo mango del arma con delicadeza
-El arma que nace del magatama representa el espíritu del individuo. Cuanto más fuerte os hagáis, cuanto más os conozcais a vosotros mismos... irá tomando una forma más concreta, más fuerte... y única- Jack se puso en pie y se acercó al almacen que tenía detrás para tomar dos bô, dos palos de madera simples del tamaño de la naginata
-¿Para qué es eso?- Adam escuadriñó las largas varas
-¿Piensas luchar contra Nora con una naginata? Os vais a matar mutuamente. Entrenaréis con esto. Olvidad las naginata por un momento, sabed que "no están" y se desvanecerán- fue costoso al principio, pero tras varios intentos, consiguieron que las armas volvieran a ser los magatama que se colgaron al cuello -Ahora... enseñadme qué sabéis hacer-
Durante unos largos minutos, Adam y Nora intercambiaban lentos golpes con los bô, de manera que el constante chasquido de la madera reinaba en el patio mientras el sol caía más y más en el horizonte -Está bien. Tenéis el conocimiento básico de cómo chocar dos palos- Jack suspiró -¿Cuándo vais a luchar?-
-¿Es que quieres que le haga daño?- gruñó Adam
-O que ella te lo haga a ti. Sois cazadores ahora, no aprendices de una academia de kendo. Intentad luchar contra el otro como si os jugarais la vida. No olvidéis que los yokai no son vuestros amigos- asintió Jack
-D-de acuerdo...- Nora miró a Adam con cierto deje de duda, pero tras una confirmación de permiso por parte de Adam, la chica empuñó la vara con decisión y comenzó a atacar.
Golpes ascendentes, descendentes y laterales llegaban desde Nora con decisión, cada vez con menos atisbo y temor a golpear a Adam. El hombre era más alto y más fuerte, de manera que se anticipaba y bloqueaba los embites con facilidad. Caminaba al rededor de Nora para marearla mientras que de vez en cuando lanzaba él algún que otro ataque sorpresa que Nora bloqueaba con esfuerzo. Los golpes de Adam eran fuertes, difíciles de bloquear. La chica tenía aún mucho de lo que reponerse, pero sin duda era vigorizante. Sentir el sudor bañando su frente, su espalda y su pecho, el dolor de los músculos, el calor en el corazón... se sentía útil. Sabía que estaba aprendiendo algo verdaderamente vital para su día a día, algo que la alejaría de volver a sufrir. Estaba exultante. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillantes. Su aliento encendido con el fuego de un dragón que le rugía en el pecho, que gritaba a cada golpe que lanzaba a Adam, el hombre que se estaba prendando de la belleza de la mujer con la que entrenaba. Veía su pelo cada vez más húmedo volar como una bandada de golondrinas hacia el crepúsculo, veía las gotas de sudor perlar su piel y colarse entre la abertura del hakama, algo más revelador a cada golpe y movimiento de Nora. La boca abierta y jadeante de la chica le invitaba a imaginar y desear que estuviesen en otro lugar, en una cama y desnudos en lugar de entrenando en un patio donde Jack los examinaba. Cómo la deseaba. Cómo anhelaba tenerla para él a solas durante unas horas. Lo comprendió en ese momento mejor que nunca. Y esa comprensión le llevó a dejarse llevar por unos instantes; esquivó una estocada del bô de Nora, aferró la vara de la chica y tiró de ella con fuerza para atraerla hacia sí. Entonces la rodeó con su propi bô, inmovilizándola, mientras que con la otra mano ahora la aferraba del cuello. Su piel suave y húmeda le llevaba a enloquecer un poco en el delirio de imaginar el simple hecho de recorrerla con los labios. Sus ojos se clavaban en los de Nora con furia. No era consciente de lo cerca que estaba del rostro de la joven -He... he perdido...- jadeaba Nora, inmóvil, hipnotizada ligeramente por la brillante mirada de Adam, la cual no comprendía
-No... prácticamente me has ganado, definitivamente...- murmuró Adam mirando los labios de la chica. Sólo unos centímetros más cerca y...
-Suficiente por hoy- terció Jack apareciendo de la nada, tomando el bô de Nora y con un ágil movimiento, colocándolo entre ambos para ejercer palanca y separarlos -Suficiente, definitivamente. Está más que bien- dijo mirando a Adam con llamas en los ojos
-¿Hemos... hemos estado bien?- preguntó Nora sin aliento
-Definitivamente- le sonrió Jack -Sigue así Nora. Lo haces mejor de lo que esperaba-
-Creo... Creo que necesito bañarme cinco o seis veces antes de dormir. Estoy asquerosa- bufó
-Yo también. Creo que debería volver a casa, de todas formas-
-Sí, deberías- inquirió Jack con furia en la voz mientras Nora se alejaba para volver a buscar su ropa, dejando a los dos hombres solos por un momento -¿Se puede saber qué coño haces, Adam?-
-¿Qué? ¿Qué he hecho ahora?-
-Aléjate de Nora. Estás casado con Serena, maldito hijo de puta- rugió en voz baja
-¿De qué demonios hablas Jack? Estás delirando-
-¿Delirando?- se acercó a su hermano, amenazante -¿Crees que deliro? ¿Me tomas por gilipollas o qué? ¿Crees que no sé reconocer a una persona excitada, un momento íntimo, las intenciones de un cuerpo descontrolado?- Adam frunció el ceño -Te han faltado segundos para besarla ¿verdad? No has dejado de mirarla. No te has concentrado en luchar, sino en ella. En cada movimiento, en su cuerpo-
-Si no me hubiese centrado en el combate, me habría ganado. Me habría golpeado unas cuantas...-
-No juegues conmigo Adam. Si has superado el combate contra ella es porque Nora está débil aún y es inexperta en esto de luchar. Es insegura, aún tiene mucho que aprender. Si ella fuese más experimentada que tú te habría molido a palos por no centrarte-
-De verdad que te equivocas Jack- dijo Adam encogiendo los hombros
-Te lo voy a decir una única vez, capullo engreido- Jack lo agarró del pecho del hakama pese a que ese movimiento le provocó un agudo dolor en las heridas, lo cual enfatizó su rabia -No voy a permitir que engañes a Serena, no voy a dejar bajo ningún concepto que juegues con las ilusiones de una mujer que te quiere y con la que has construido una vida. Más vale que dejes de pensar con la polla y te centres. Contén tu mirada y contén también tus emociones, porque si tu carácter de puñetero picaflor trae a los demonios a las puertas del castillo...- Adam intentó zafarse pero Jack lo agarró con más fuerza y se lo acercó a la cara -Si traes la oscuridad a Azuchi o peor, a Nora... Yo personalmente te destriparé y te crucificaré en el Yomi para que te devoren durante toda la eternidad, hijo de puta desgraciado- lo soltó con un empujón y se marchó, dejando a Adam a solas
-Te equivocas Jack... Te equivocas- se decía a sí mismo.
Cuando volvieron a casa, Adam no permanció más de un minuto allí. Se despidió de Nora que estaba a punto de ducharse y a Jack no le miró a los ojos. Tomó su vehículo y se marchó rumbo a casa. Mientras conducía, cabilaba sin pensar en lo que le había dicho Jack. No era estúpido, era consciente de todo cuanto había hecho desde que llegaron a japón, de la cantidad de alumnas con la que había intimado, pero... pero que alguien le agarrase de cerca y le recordara a la cara quién era y qué estaba haciendo le había frustrado de verdad ¿Cuanto tiempo llevaba negándoselo a sí mismo? Sentía una herida abierta de culpabilidad, supurante y dolorosa. Pensaba en Serena, en sus hijos. Dios... cuanto lo sentía. Cuanto apreciaba a esa mujer que lo daba todo por él mientras que él... él sólo pensaba, últimamente, en Nora. Y ahora lo sabía con claridad. Verla de esa guisa, verla brillar en lugar de llorar... era tan hermosa, era tan despampanante y cautivadora. Nora le resultaba una mujer mágica... y no se la podía quitar de la cabeza. Le tenía hechizado...
Paró el vehículo cerca de un local que conocía desde meses después de llegar a japón. Era un establecimiento clásico, una suerte de hostal con aires feudales. Allí las camareras servían en kimono o yukata a los clientes, además del ambiente tranquilo y el olor del incienso y las velas. Un local íntimo al que acudía poca gente, pero idoneo para reflexionar en silencio. Adam estaba vaciando una botella de sake mientras el teléfono le vibraba en el bolsillo -¿Sí...?-
-¿Dónde estás? Estoy preocupada- se oyó la voz de Serena al otro lado
-He estado con Jack, perdona, Serena. Volveré a casa en un rato. Me he parado... para, bueno, ya sabes... Me ha dado la necesidad de ir al baño-
-¿Estás bien? Te noto desanimado-
-Me duele el estómago, pero no te preocupes, ahora voy- dijo sin más
-Vale. Ten cuidado, Adam. Y no te preocupes. Conduce si te encuentras bien y si no descansa un poco. Te estaré esperando-
-Gracias, cariño. Un beso-
-Te quiero- dijo únicamente Serena y colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa mientras que unas manos blancas y preciosas le servían un nuevo trago en el ochoko, el vaso pequeño típico del sake
-Tienes un rostro tan triste...- Adam alzó la mirada hacia la mujer. Qué belleza. Su pelo era negro como el infinito y sus ojos grandes y atrapantes. Sus labios estaban pintados del rojo de la sangre. Su voz, su forma de hablar, eran coquetas y juguetonas. Traviesa, se inclinaba sobre la mesa dejando que el yukata, más abierto de lo normal, revelara unos pechos redondos y llamativos, tan blancos como el resto de su piel
-La vida a veces no es amable- dijo Adam sin poder apartar la mirada de la mujer
-¿Te gusta...?-
-¿Eh?-
-El sake... ¿Está bueno, de tu gusto?-
-Oh, sí... espléndido- Adam empezaba a sentir la embriaguez a esas alturas
-Me alegra saberlo pero... óyeme- le tomó la mano -¿Hay algo que podamos hacer para ayudarte? El cliente siempre es lo primero. Su felicidad es lo primero... y más de un hombre tan guapo y atractivo-
-Yo...-
-¿Te espera alguien en casa?- Adam la miraba pensativo
-...No-
-Ah...- los labios rojos de la japonesa se curvaron de forma sensual mientras se acariciaba el cuello de forma pausada.
Minutos después, una puerta corrediza de una habitación del hostal se abrió dejando paso a un vendabal de beso y jadeos mientras la mujer arrastraba a Adam al interior. La habitación estaba completamente vacía de cualquier tipo de mobiliario, pero el suelo bastaría. El hombre despojaba a la mujer del yukata revelándola en completa desnudez mientras ella le miraba, esperando encantada a que hiciera con ella lo que quisiera -Hazlo... Hazlo, mi elegante caballero de mirada brillante...- dijo ella hipnótica y manipuladora, sintiendo cómo Adam hundía su rostro entre sus senos, los besaba y los manipulaba con una pasión desmedida -Hazlo... hazme el amor- gemía la mujer, motivando al hombre que se desabrochaba el pantalón y se despojaba del mismo con celeridad, tumbando a la mujer en el suelo de tatami mullido. Allí, bajo el hombre, ella le devoraba con la mirada, desnuda y derrotada ante su tamaño y fuerza. Ella le desabrochaba la camisa mientras él la miraba casi sin pestañear... A veces, le resultaba familiar, pero su riego sanguineo no le daba para pensar concretamente. Sus facciones, sus ojos... ¿Eran azules antes, o negros? Ahora no lo recordaba,pero... ahora que reflxionaba... Se parecía tanto a ella... -Vamos...- la mujer le tomó el rostro y le besó con fiereza mientras le despojaba de la ropa -Hazlo ya...- su voz... se parecía también ¿Era posible o estaba demasiado borracho? Era prácticamente ella... -Hazme el amor...- suplicaba jadeante y Adam no hizo más que complacerla. Penetró en ella con dureza aferrando sus caderas como si le fuese la vida en ello, devorando los rojos labios de la mujer mientras ésta gemía con la fuerza del rayo, capaz de partir el cielo en pedazos. Adam se degustaba en el cuerpo de la mujer, tocando y apretando cada parte de ella, saboreándolo con enfermedad. Ella sólo gemía y jadeaba, sintiendo el placer que el hombre le proporcionaba y el que ella le proporcionaba. De vez en cuando Adam la miraba y se prendaba nuevamente de su belleza
-Nora...- jadeaba el hombre, con su mente nublada, viendo el mismo reflejo de esa chica en la mujer con la que yacía con fiereza
-Sí... sí...- jadeaba la mujer, aferrándose a la espalda del hombre como si de garras se tratase. Adam gemía de puro placer, llevado y cegado por el deseo, mientras que la dama casi rompía en risas traviesas, en lo que sus ojos se volvían rojos como la sangre y sus iris se tornaban dorados como un sol agonizante. Se sentía fuerte, se sentía poderosa. En su boca dos colmillos asomaron por un instante y mordieron el cuello de Adam con tenacidad, haciendo al hombre gritar de placer mientras la acometía con más pasión y salvajismo. Una sombra comenzó a envolerlos a ambos hasta que finalmente penetró en Adam a través de la mordida de la dama de labios rojos
-Así...- sonreía, complacida -Sigue así, mi buen caballero...- se abrazó a él finalmente, dejándole culminar en un climax antinatural, en el que ella triunfaba y así mismo, la oscuridad.
domingo, 10 de junio de 2018
-Ha sido demasiado fácil- murmuró la chica mientras devoraba un pan de melón, observando la copia del contrato de trabajo que el dueño del local había tenido a bien firmar de forma adelantada antes de que se marcharan, tras Nora explicar su pequeño problema con el visado. No podía creer la facilidad con la que Jack había encontrado un puesto de trabajo para ella. Intentó durante meses encontrar un lugar en el que poder servir al país aun a falta de un nivel de idioma adecuado, lo que hizo que su labor fuese en vano. Llegó a pensar que en Tokio no había lugar para alguien como ella, dado que no era aceptada en ningún lugar, ni si quiera ofreciendo publicidad disfrazada en mitad de la calle. -De haberlo sabido antes...-
-Créeme, si lo hubiese sabido yo antes, también te lo hubiese ofrecido-
-¿Adam no sabe donde trabajas?- preguntó, doblando el contrato y guardándolo en el bolsillo de la chaqueta de Jack que no tuvo más remedio que vestir.
-Adam no sabe nada de mi- confesó Jack mientras este devoraba su propio pan de melón. Habían decidido comprar un par en un convini para hacer más llevadero el hambre del mediodía. Nora no supo exactamente qué decir. Sabía que la relación entre hermanos no era buena, pero no imaginaba que llevase a ambos a estar tan sumamente distanciados.
-¿Y como acabasteis los dos viviendo aquí? Tengo entendido que no hace demasiado tiempo que Adam vive en Tokio-
-Menos que yo al menos. Nuestras razones son bien distintas. Yo estoy aquí por los yokais, y Adam... bueno. Él sabrá- comentó poniendo los ojos en blanco -¿Y tú? Pensé que querías cambiar de aires-
-Y así es- dijo la chica nerviosa
-Pues tienes una amiga muy simpática y bastante preocupada por ti como para alejarte tantos kilómetros de ella-
-Yo... tenía problemas con mi pareja- se limitó a explicar -Prefiero no hablar de ello, de verdad-
-No te preocupes, no hace falta que te sientas incómoda. Y menos aún mientras sigas tomando esas pastillas. Por cierto ¿Cómo lo llevas?-
-Bien... el tener trabajo por fin me ha alegrado bastante el día. Espero hacerlo lo mejor posible. En Londres trabajé en una cafetería durante tres años-
-Entonces lo harás bien. No hay distinciones entre la manera de servir aquí y la de Londres- explicó -Así que eras camarera... Al menos ya se algo más de ti- la chica miró al hombre algo confundida -Bueno, si vamos a compartir casa hasta que te asientes, sería mejor conoceros más ¿No crees? Me di cuenta de que le dijiste a Sam que somos conocidos en vez de amigos. Si vas a ser cazadora, y si vamos a trabajar codo con codo contra los yokai, la confianza es fundamental- Nora recordó la compenetración entre Jack y Mizuki la noche del accidente, la forma en la que ambos se movían, la habilidad con la que se compenetraban para atacar donde cada uno debía, al tiempo que debían, sin entorpecerse. No le hizo falta preguntar para saber que Jack debía referirse a eso.
-Pues no hay mucho más que saber de mi-
-Seguro que sí-
-Que no, de verdad-
-No me creo que alguien tan misteriosa como tu tenga poco que dar a conocer- Nora sintió un leve rubor en las mejillas cuando la llamó de aquella manera.
-¿Misteriosa yo? Fuiste tú quien entró en mi casa en mitad de la noche y se fue sin decir más- sonrió, para darse cuenta rápidamente de que lo había hecho. Sonreír. ¿Cuanto hacía que no sonreía tantas veces seguidas? -Me gusta pintar- confesó de forma inesperada, captando la atención de Jack -Quería dedicarme a pintar. Lo intenté incluso. Durante un año estuve en una galería, pero mis pinturas no se vendían bien y... bueno, dependía del dinero de otra persona para vivir, así que decidí dejarlo y pasar a trabajar en algo más productivo, como una cafetería- explicó.
-¿Problemas económicos?-
-No exactamente... Había dinero en casa como para vivir de forma austera, al menos. Pero Patrick decía que la pintura no iba a darnos más de lo que teníamos-
-¿Patrick era la pareja con la que tenías problemas?- Nora asintió, con el rostro enormemente ensombrecido. -No me extraña- la chica pestañeó, sin entender -Yo nunca permitiría que una persona dejase de hacer lo que más le gusta, menos aún por dinero- explicó, guiñándole un ojo. Nora se puso nerviosa ¿De verdad pensaba aquello? Incapaz de liberarse de aquella ligera tensión incómoda, decidió cambiar el tema. Echó la mano al bolsillo de su pantalón y tomó el magatama, que parecía lucir de un color verde pálido en sus manos.
-¿Me vas a decir que hacía esto en mi pantalón?- Jack sonrió de forma que dejó ver sus dientes, blancos y perfilados.
-Me lo dio esta mañana el maestro Iga. Fui a decirle que definitivamente estás con nosotros. Ese magatama ya es tuyo- Nora lo miró con interés, terminándose aun el último trozo de melón pan.
-¿Y es por esto que entiendo el idioma?-
-Es una de las habilidades que te brindará. Con un uso correcto, ese magatama será tu recurso más valioso a partir de ahora-
-¿Y también podré hacer esos portales que haces? La verdad es que aun no los comprendo-
-Tiempo al tiempo- se limitó a decir, haciendo que la chica suspirase.
-La verdad es que... esto es más útil que las clases de Adam- bromeó, haciendo que Jack soltase una pequeña carcajada.
La pareja pasó el resto de la mañana en Shinjuku. Nora no había visitado aquel barrio, de forma que se quedó absolutamente maravillada con la cantidad de luces que decoraban las calles, en comparación con el resto de barrios. Si ya Tokio era una de las ciudades con más contaminación lumínica del mundo, el barrio de Shinjuku era el epicentro de todo aquello. Además, estaba repleto de gente, sobretodo joven, que paseaban con bolsas de la compra en la mano, montando en bicicletas e incluso algunos un tanto ebrios vestidos con uniformes de trabajo. Nada tenía que ver aquel ambiente con el que la chica había respirado en Nerima durante diez meses.
Dado que se hizo un poco tarde, puesto que decidieron comprar algunas cosas necesarias como comida, vendas nuevas y medicina, un cepillo de dientes y un par de jerseys para Nora; decidieron comer en algún local cercano. Jack eligió rápido un restaurante de ramen y Nora, hambrienta, no se pudo negar a ser invitada una vez más. Dejó de sentir remordimientos cuando probó el sabor de la comida servida después de su cocinado. Tras ingerir tantos paquetes de comida precocinada de mala calidad, aquel ramen le supo a un auténtico paraíso.
Finalmente, la pareja tomó el metro para volver a Minato. Estaban cansados, sobretodo Jack, quien se dolía del estómago nuevamente. Además, cargaban varias bolsas con las compras realizadas, de manera que, cuando regresaron a casa del hombre, tardaron en distinguir la figura que los esperaba, dando toques de forma nerviosa con el pie sobre el suelo, justo delante de la puerta del hogar. -Adam-
-Llevaba ya bastante rato esperando. Estaba preocupado- comentó el hombre mientras los tres entraban en el hogar, siendo recibidos por un pletórico Inu que disfrutaba de tanta compañía inesperada.
-¿Preocupado por mi o por ella?- preguntó Jack en voz baja, consiguiendo que Adam le lanzase una mirada preocupada. ¿Qué sabía Jack? ¿Qué le había contando Nora?
-He venido para traer algunas cosas para Nora- comentó, ignorando a su hermano. Extendió la bolsa para que la chica la cogiese y descubriese en ella varias cosas.
-Hay ropa de Serena. me ha dicho que puedes quedártela sin problemas, ya que ella no la usa. También tienes un teléfono móvil y una tarjeta con internet. De momento te durará solo un mes. El móvil es el que usaba yo el año pasado y la tarjeta es provisional, hasta que tengas tu propio número. Siento no poder darte nada mas-
-Esto es demasiado, Adam. Muchas gracias a los dos- sonrió.
-Te veo bien- aseguró con cierto disgusto en la voz
-¡Tengo trabajo!- sin quererlo, la chica dio un pequeño salto sobre su posición. Se sentía eufórica, de cierta forma al comprobar que su enfermedad no le impedía sentir ese pequeño recoveco de felicidad en su interior gracias a aquella noticia. Adam, por su parte, dirigió una mirada significativa a su hermano.
-¿No irás más a clases?-
-No lo creo... Realmente no lo voy a necesitar- explicó la chica, sacando de su bolsillo el magatama. Adam frunció el ceño, y rápidamente, lanzó una mirada al cuello de Jack, sorbe el que colgaba un emblema idéntico. -Con esto entiendo perfectamente el japonés-
-No voy a preguntar cómo ni de qué manera consigue ese trasto tal cosa- señaló al magatama - Pero ¿Qué significa eso?-
-Significa que Nora es ahora una cazadora, como yo- explicó Jack, quien acababa de dejar las bolsas de la compra en la cocina -Todos los cazadores tenemos uno-
-¿Cazadora? ¿Nora?-
-¿Y por qué no?- preguntó la chica
-No, no. No me malinterpretes. Es sólo que no se... ¿Estás segura? ¿Te encuentras bien para ello?- preguntó el hombre, colocando sus dos manos sobre los hombros de la chica.
-Sólo quiero ser útil. Si veo a los yokais y los espíritus, al menos que sea para algo. Quiero poder defenderme de ellos, por si algo volviese a ocurrir- explicó con total claridad y sinceridad. Adam comprendió que a la chica no le faltaba razón alguna. Suspiró y dio un paso atrás, apartándose de la chica.
-Entonces yo también me uniré- Aquella afirmación hizo que Nora y Jack abriesen los ojos, sorprendidos.
-Adam... toma asiento. Deja que te explique de qué va el asunto antes de que tomes una decisión equivocada-
-Créeme, si lo hubiese sabido yo antes, también te lo hubiese ofrecido-
-¿Adam no sabe donde trabajas?- preguntó, doblando el contrato y guardándolo en el bolsillo de la chaqueta de Jack que no tuvo más remedio que vestir.
-Adam no sabe nada de mi- confesó Jack mientras este devoraba su propio pan de melón. Habían decidido comprar un par en un convini para hacer más llevadero el hambre del mediodía. Nora no supo exactamente qué decir. Sabía que la relación entre hermanos no era buena, pero no imaginaba que llevase a ambos a estar tan sumamente distanciados.
-¿Y como acabasteis los dos viviendo aquí? Tengo entendido que no hace demasiado tiempo que Adam vive en Tokio-
-Menos que yo al menos. Nuestras razones son bien distintas. Yo estoy aquí por los yokais, y Adam... bueno. Él sabrá- comentó poniendo los ojos en blanco -¿Y tú? Pensé que querías cambiar de aires-
-Y así es- dijo la chica nerviosa
-Pues tienes una amiga muy simpática y bastante preocupada por ti como para alejarte tantos kilómetros de ella-
-Yo... tenía problemas con mi pareja- se limitó a explicar -Prefiero no hablar de ello, de verdad-
-No te preocupes, no hace falta que te sientas incómoda. Y menos aún mientras sigas tomando esas pastillas. Por cierto ¿Cómo lo llevas?-
-Bien... el tener trabajo por fin me ha alegrado bastante el día. Espero hacerlo lo mejor posible. En Londres trabajé en una cafetería durante tres años-
-Entonces lo harás bien. No hay distinciones entre la manera de servir aquí y la de Londres- explicó -Así que eras camarera... Al menos ya se algo más de ti- la chica miró al hombre algo confundida -Bueno, si vamos a compartir casa hasta que te asientes, sería mejor conoceros más ¿No crees? Me di cuenta de que le dijiste a Sam que somos conocidos en vez de amigos. Si vas a ser cazadora, y si vamos a trabajar codo con codo contra los yokai, la confianza es fundamental- Nora recordó la compenetración entre Jack y Mizuki la noche del accidente, la forma en la que ambos se movían, la habilidad con la que se compenetraban para atacar donde cada uno debía, al tiempo que debían, sin entorpecerse. No le hizo falta preguntar para saber que Jack debía referirse a eso.
-Pues no hay mucho más que saber de mi-
-Seguro que sí-
-Que no, de verdad-
-No me creo que alguien tan misteriosa como tu tenga poco que dar a conocer- Nora sintió un leve rubor en las mejillas cuando la llamó de aquella manera.
-¿Misteriosa yo? Fuiste tú quien entró en mi casa en mitad de la noche y se fue sin decir más- sonrió, para darse cuenta rápidamente de que lo había hecho. Sonreír. ¿Cuanto hacía que no sonreía tantas veces seguidas? -Me gusta pintar- confesó de forma inesperada, captando la atención de Jack -Quería dedicarme a pintar. Lo intenté incluso. Durante un año estuve en una galería, pero mis pinturas no se vendían bien y... bueno, dependía del dinero de otra persona para vivir, así que decidí dejarlo y pasar a trabajar en algo más productivo, como una cafetería- explicó.
-¿Problemas económicos?-
-No exactamente... Había dinero en casa como para vivir de forma austera, al menos. Pero Patrick decía que la pintura no iba a darnos más de lo que teníamos-
-¿Patrick era la pareja con la que tenías problemas?- Nora asintió, con el rostro enormemente ensombrecido. -No me extraña- la chica pestañeó, sin entender -Yo nunca permitiría que una persona dejase de hacer lo que más le gusta, menos aún por dinero- explicó, guiñándole un ojo. Nora se puso nerviosa ¿De verdad pensaba aquello? Incapaz de liberarse de aquella ligera tensión incómoda, decidió cambiar el tema. Echó la mano al bolsillo de su pantalón y tomó el magatama, que parecía lucir de un color verde pálido en sus manos.
-¿Me vas a decir que hacía esto en mi pantalón?- Jack sonrió de forma que dejó ver sus dientes, blancos y perfilados.
-Me lo dio esta mañana el maestro Iga. Fui a decirle que definitivamente estás con nosotros. Ese magatama ya es tuyo- Nora lo miró con interés, terminándose aun el último trozo de melón pan.
-¿Y es por esto que entiendo el idioma?-
-Es una de las habilidades que te brindará. Con un uso correcto, ese magatama será tu recurso más valioso a partir de ahora-
-¿Y también podré hacer esos portales que haces? La verdad es que aun no los comprendo-
-Tiempo al tiempo- se limitó a decir, haciendo que la chica suspirase.
-La verdad es que... esto es más útil que las clases de Adam- bromeó, haciendo que Jack soltase una pequeña carcajada.
La pareja pasó el resto de la mañana en Shinjuku. Nora no había visitado aquel barrio, de forma que se quedó absolutamente maravillada con la cantidad de luces que decoraban las calles, en comparación con el resto de barrios. Si ya Tokio era una de las ciudades con más contaminación lumínica del mundo, el barrio de Shinjuku era el epicentro de todo aquello. Además, estaba repleto de gente, sobretodo joven, que paseaban con bolsas de la compra en la mano, montando en bicicletas e incluso algunos un tanto ebrios vestidos con uniformes de trabajo. Nada tenía que ver aquel ambiente con el que la chica había respirado en Nerima durante diez meses.
Dado que se hizo un poco tarde, puesto que decidieron comprar algunas cosas necesarias como comida, vendas nuevas y medicina, un cepillo de dientes y un par de jerseys para Nora; decidieron comer en algún local cercano. Jack eligió rápido un restaurante de ramen y Nora, hambrienta, no se pudo negar a ser invitada una vez más. Dejó de sentir remordimientos cuando probó el sabor de la comida servida después de su cocinado. Tras ingerir tantos paquetes de comida precocinada de mala calidad, aquel ramen le supo a un auténtico paraíso.
Finalmente, la pareja tomó el metro para volver a Minato. Estaban cansados, sobretodo Jack, quien se dolía del estómago nuevamente. Además, cargaban varias bolsas con las compras realizadas, de manera que, cuando regresaron a casa del hombre, tardaron en distinguir la figura que los esperaba, dando toques de forma nerviosa con el pie sobre el suelo, justo delante de la puerta del hogar. -Adam-
-Llevaba ya bastante rato esperando. Estaba preocupado- comentó el hombre mientras los tres entraban en el hogar, siendo recibidos por un pletórico Inu que disfrutaba de tanta compañía inesperada.
-¿Preocupado por mi o por ella?- preguntó Jack en voz baja, consiguiendo que Adam le lanzase una mirada preocupada. ¿Qué sabía Jack? ¿Qué le había contando Nora?
-He venido para traer algunas cosas para Nora- comentó, ignorando a su hermano. Extendió la bolsa para que la chica la cogiese y descubriese en ella varias cosas.
-Hay ropa de Serena. me ha dicho que puedes quedártela sin problemas, ya que ella no la usa. También tienes un teléfono móvil y una tarjeta con internet. De momento te durará solo un mes. El móvil es el que usaba yo el año pasado y la tarjeta es provisional, hasta que tengas tu propio número. Siento no poder darte nada mas-
-Esto es demasiado, Adam. Muchas gracias a los dos- sonrió.
-Te veo bien- aseguró con cierto disgusto en la voz
-¡Tengo trabajo!- sin quererlo, la chica dio un pequeño salto sobre su posición. Se sentía eufórica, de cierta forma al comprobar que su enfermedad no le impedía sentir ese pequeño recoveco de felicidad en su interior gracias a aquella noticia. Adam, por su parte, dirigió una mirada significativa a su hermano.
-¿No irás más a clases?-
-No lo creo... Realmente no lo voy a necesitar- explicó la chica, sacando de su bolsillo el magatama. Adam frunció el ceño, y rápidamente, lanzó una mirada al cuello de Jack, sorbe el que colgaba un emblema idéntico. -Con esto entiendo perfectamente el japonés-
-No voy a preguntar cómo ni de qué manera consigue ese trasto tal cosa- señaló al magatama - Pero ¿Qué significa eso?-
-Significa que Nora es ahora una cazadora, como yo- explicó Jack, quien acababa de dejar las bolsas de la compra en la cocina -Todos los cazadores tenemos uno-
-¿Cazadora? ¿Nora?-
-¿Y por qué no?- preguntó la chica
-No, no. No me malinterpretes. Es sólo que no se... ¿Estás segura? ¿Te encuentras bien para ello?- preguntó el hombre, colocando sus dos manos sobre los hombros de la chica.
-Sólo quiero ser útil. Si veo a los yokais y los espíritus, al menos que sea para algo. Quiero poder defenderme de ellos, por si algo volviese a ocurrir- explicó con total claridad y sinceridad. Adam comprendió que a la chica no le faltaba razón alguna. Suspiró y dio un paso atrás, apartándose de la chica.
-Entonces yo también me uniré- Aquella afirmación hizo que Nora y Jack abriesen los ojos, sorprendidos.
-Adam... toma asiento. Deja que te explique de qué va el asunto antes de que tomes una decisión equivocada-
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