miércoles, 6 de junio de 2018

El humo se veía casi desde cualquier parte de la ciudad de Tokio. La nube negra ascendía y ascendía cada vez más furibunda, cada vez más amplia, abarcando mayor terreno conforme el fuego se propagaba por el aeropuerto. El accidente lo sufrió el avión que estaba a punto de despegar, aquel que llevaría a Nora a su destino. Aquellos que pudieron llegar a ver lo que aconteció no vivieron para contarlo, pero llegaron a apreciar cómo una de las alas del avión se desgajó por completo del aparato y de forma violenta, como por arte de magia, se clavó en el mismo avión y lo hizo estallar en pedazos con una ferocidad que de forma natural no habría sido tan potente. Entre las llamas y las sombras del humo, la gigantesca figura de un Oni, de aproximadamente 4 metros de estatura y tan ancho como una casa, daba pesados pasos en dirección al edificio principal, donde Nora y Adam habían sufrido la conmoción de la explosión al igual que el resto de pasajeros.

Conforme la calamidad avanzaba, blandía la enorme espada envuelta en llamas que traía consigo y castigó con salvajismo a otros aviones y cualquier estructura que tuviese delante. Cada embite de la criatura era una nueva explosión de ruido, escombros, humo y fuego. Una completa bestia salvaje que los ojos de Nora, que se arrastraba por el suelo aturdida, jamás habían visto.

A la chica le sangraba la frente y le goteaba alrededor del ojo hasta caerle por la mejilla derecha. Era imposible para ella oír algo que no fuesen los atronadores pasos de la bestia, que sonaban como gigantes tambores celebrando una tormenta. Adam, por otro lado, estaba tendido en el suelo a unos metros junto a ella, consciente pero incapaz de abrir los ojos por la tremenda conmoción que había sufrido al golpearle unos escombros tras la primera explosión. La muchacha se arrastró hasta llegar hasta él y lo zarandeó con las fuerzas que tenía para despertarle -Adam... ¡Adam...!- tosió. El humo cada vez era más denso e irrespirable -Adam levanta, por favor...-
-Nora...- el hombre giró el rostro para mirarla -¿Estás... bien? ¿Qué ha...?- le costaba hablar. Sentía cenizas en la garganta. Fuera del edificio, ya podían oirse las sirenas de bomberos, ambulancias y la policía. Afortunadamente, fueron efectivos. Seguramente, no obstante, no contaban con el inmenso demonio que nadie veía y que no dejaba de destruir todo a su paso. Con un nuevo golpe de la espada, sajó por completo la terminal de embarque y reduciéndola casi por completo a mero polvo y herrumbre.

Fuera, Date Kisaragi y Shinji contemplaban la situación. El joven muchacho estaba helado, pues sí era capaz de ver la gigantesca sombra tras el humo y las llamas -Shinji ¿Me estás oyendo?- Date le dio una palmada en el hombro -Organízate con los bomberos y coordinemosnos para extraer a los heridos y los que hayan estado atrapados-
-Sí inspector- dijo robóticamente
-¿Estás bien, chico? Últimamente estás fatal. Siempre estás helado- suspiró el inspector -Deberías cambiar de oficio si no soportas esto- le recordó por enésima vez
-Ojalá eso fuese... la razón...- musitó llegando a advertir los brillantes ojos de la criatura a través de la pared de humo. Abrió sus feroces fauces llena de colmillos y rugió con el poder de una tormenta. Shinji se cubrió los oídos y se agachó a toda velocidad, queriendo oír del insoportable estruendo. Era el único en la zona que lo oyó
-¿Pero se puede saber qué haces? Médico ¡Médico!- clamó Date -Que alguien saque a Shinji de aquí por favor. No está en condiciones de trabajar-
-¿Eh...? ¿Qué?- Shinji vio a un enfermero acercarse
-Por favor, acompáñame- le tomó del hombro
-¿Qué? Espera. No. Date-san, por favor-
-Shinji, es por tu bien. Descansa un poco-
-¡Date-san! ¡Inspector!- el enfermero lo alejaba con esfuerzo
-Por favor no te resistas. Es lo mejor para tu salud mental-
-¡Date-san!- Shinji clamó una vez más el nombre del inspector, viendo como éste se dirigía al resto de agentes y trataba de trazar un plan. El joven agente novato no pudo hacer otra cosa que obedecer viendo que se le daba la espalda, marchando hacia una de las ambulancias para una rápida revisión, mientras era el único que parecía ver al enorme esperpento ¿Estaba de verdad volviéndose loco?

Ante la desolación que se vivía dentro de la zona de la catástrofe, Adam y Nora hicieron un gran esfuerzo por aunar fuerzas y ponerse en pie, apoyándose el uno en el otro -Tenemos que salir de aquí...- terció Nora, mirando hacia todas partes
-Qué demonios es esa cosa...- preguntó Adam mirando hacia la destrucción. La criatura cada vez era más visible entre las llamas. Su piel tenía el tono rojo de las llamas. Su cabello era blanco como la nieve más pura y los cuernos enormes que surgían de su frente refulgían envueltos en fuego al isual que su gigantesca espada
-¿Qué...?- Nora se quedó helada en el sitio -¿Tú... lo ves?- Adam la miró a los ojos con celeridad
-¿Tú lo ves?- le preguntó el hombre de vuelta. Nora sintió su alma romperse en pedazos ¿Durante todo este tiempo Adam también los veía? ¿Los espíritus, los yokai?
-¿Por qué no me dijiste nada?- inquirió la chica notando los nervios salir a flor de piel
-¿Cómo te lo iba a decir? ¿Hola, Nora, soy tu profesor de japonés y veo espíritus? No te lo he contado por la misma razón que tú no me lo has dicho a mí-
-Jack podría habérmelo dicho entonces al menos...- Nora negó con la cabeza, sin comprender el por qué todo había estado tan cerca y a la vez tan lejos de su alcance
-No creo que sea el mejor momento para hablar de esto ahora y... Espera ¿Qué? ¿Jack? ¿Qué tiene que ver Jack con esto?- Adam cojeó tratando de mantener el ritmo de la chica buscando la salida
-Sois hermanos- aclaró Nora -Claro... Debí suponer que si Jack los ve, tú también debías verlos. Pero aún no entiendo como funciona esto de ser... psíquica o... cazadora... o como quiera que los llamen-
-¿Que Jack los ve?- Adam se detuvo en el acto -¿Me estás diciendo que Jack ve a estas cosas?-
-¿¡No lo sabías!?- rugió Nora -¡Venga ya!- sus nervios, su ansiedad, de pronto, se tornó en una ira irrefrenable -¡Llevo meses queriendo encontrar respuestas y tú las tenías al alcance de la mano, en tu propio hermano!-
-Espera... yo...- Adam frunció el ceño -Nora...- Adam miró hacia atrás. Había habido algo de silencio repentino -Cálmate...- al decir aquello, la chica siguió la dirección de la mirada de su profesor. El horror los embargó en cuestión de segundos. El oni estaba allí, de pie cuan alto era mirándolos con ojos como estrellas en la noche más oscura. Se estaba alimentando de sus emociones, de la conmoción
-No puede ser...- a la chica se le enlagrimaron los ojos -No... así. No puede acabar así...-
-Nora, cálmate...- suplicó Adam con la garganta encogida
-Esa cosa va... Esa cosa va matarnos...- había algo en ese ser que le diferenciaba del resto de yokai. No sólo era su obvio tamaño y la agresividad que presentaba; era su forma de mirarlos. En sus ojos brillantes había un deje de inteligencia que faltaba en los otros yokai. Los estaba escuchando discutir pacientemente mientras que otros de esos seres simplemente se contentaban con romper el mobiliario y molestar para causar miedo y alimentarse. Ese oni monstruoso estaba esperando el momento, simplemente, de acabar con sus vidas. Sabía que su falta de movimiento los inquietaba, y eso le hacía más fuerte. El simple hecho de la chica de percatarse de ello, sentirlo como si estuviese conectada a él de alguna manera, hizo que cada vello de su cuerpo se herizara con tanta velocidad que casi le dolieron los poros como un millar de agujas. Entonces se oyeron más gritos alrededor de ellos. Gente que había sobrevivido a la explosión, de pronto, comenzaron a ver al oni. "Monstruo", gritaban, pidiendo auxilio "Un monstruo, ayuda". Algunos niños presentes lloraban aterrados, igual que los adultos ¿Le veían? ¿Todos esos eran sensibles... o simplemente se estaba materializando a través de ella, al sentirse conectada de esa manera a dicho ser? Podía percibir su esencia, su furia desbocada, su único y horrible deseo por destruir, el inmenso placer que le provocaba
-La Puerta del Yomi ha sido abierta...- no movió la boca, pero la voz surgió de aquella criatura. Hablaba. Hablaba con inteligencia -La Puerta... Abierta...- comenzó a moverse. A caminar. A cargar. Corría como un toro, con la espada en ristre. Era el fin. Todos cuanto estaban presentes... estaban acabados.

-¡Corred, vamos!- la voz de Jack llegó a los oídos de Adam y Nora mientras que la figura de Mizuki aparecía a través de un portal de neblina Yomi ante ellos, con el magatama alzado. Su brillante luz esmeralda detuvo al gigantesco yokai, que rugió con ferocidad
-Onmyodô- recitó Mizuki -¡Kai!- ante aquella palabra de liberación, el vínculo entre el oni y Nora pareció desaparecer de pronto. La criatura rugió con fiereza y enfado, pues se había desmaterializado del mundo físico y sólo los sensibles podían verle de nuevo -¡Haced caso y corred de una vez!- el magatama de la chica se convirtió en dos afilados tantô, preparada para luchar.

Adam y Nora hicieron lo posible por alejarse de la zona, pero la contusión por la explosión y por la experiencia vivida aún continuaba. Tras ellos, Mizuki ya comenzaba a combatir, rodeando con gran velocidad a la bestia y lanzando rápidas estocadas y cortes en un baile de precisión y agilidad que dejaría con la boca abierta a todo amante del arte. Verla luchar era un deleite, una belleza visual. Era su precisión, el cómo acertaba donde pretendía golpear y el cómo evitaba los intentos de defensa del oni. Fue entonces cuando apareció Jack, que Adam se detuvo y no pudo seguir avanzando -Vamos- Nora tiró de él, pero el hombre no se movía
-¿Qué está haciendo...?- Adam veía como su hermano caminaba hacia el demonio con una katana titilante en su mano -Lo va a matar...- Nora percibió el tono de preocupación en la voz de Adam ¿Era temor por Jack lo que el hombre sentía? No parecía tener por qué, pues si Mizuki era veloz, Jack mostraba poderío. Con la velocidad del rayo tajó una de las piernas del oni haciéndolo caer sobre la rodilla herida, desestabilizándolo, dejándolo a merced de Mizuki y su millar de ataques imperceptibles. Adam y Nora se quedaron tan embobados ante la situación que ni siquiera se percataron de que policías y bomberos empezaban a entrar en el ruinso aeropuerto para salvar a los heridos.

En esos momentos todo parecía ir bien. La bestia parecía subyugada por la compenetración perfilada entre Jack y Mizuki y aquello fue su gran error, la confianza. No contaban con que Nora seguía ahí, desobediente a la orden de que se marchara. El oni la veía, la sentía. Sabía que si se materializaba sería más poderoso de lo que era siendo una simple entidad caótica. Dejó de centrar sus esfuerzos en defenderse de Jack y Mizuki, que empezaban a sentirse cansados de atacarle sin cesar y no ver que estuviera cerca de morir. El ogro se apoyó sobre sus manos y piernas y dio un veloz salto hacia Adam y Nora, corriendo a cuatro patas como una monstruosa mole de fuego con intención de atrapar a la chica -¡Nora!- Jack abrió con velocidad un portal Yomi y reapareció ante Nora, cubriéndola a ella y a su hermano con su cuerpo. Mizuki, a su vez, hizo lo mismo con el muchacho. La boca del oni atrapó el brazo de la joven y lo masticó con rabia. El crujido del hueso y la carne fue demoledor, así como el grito de la japonesa -¡Mizuki, no!- el oni se puso en pie de nuevo y alzó a Mizuki arrastrándola con la boca. La sangre comenzó a caer al suelo a chorros ante la atenta mirada de los tres presentes, obnuvilados por el grotesco espectáculo -Mizuki...- la chica gritaba y gritaba mientras el yokai la agarraba con sus enormes manos para finalmente, dar un fuerte tirón con sus mandíbulas y desprenderle el brazo del cuerpo a la chica, a la cual arrojó contra el suelo, desangrándose -Idos- ordenó Jack con frialdad -Idos fuera de aquí... Poneos a salvo- blandió su katana
-Jack...-
-No es momento de hablar Adam. Salid de aquí. Pon a Nora a salvo. Curaos las heridas y descansad. Iré a veros en cuanto acabe aquí- Jack entonces los miró por encima del hombro. Su mirada era asesina -¡Idos ya!- ordenó antes de arremeter contra el yokai con decisión, apuntando su katana hacia el corazón del monstruo. El yokai, embrutecido por las emociones de sufrimiento de Mizuki y la ira de Jack además del temor colectivo, sonrió de forma perversa lanzando hacia Jack su temible garra. Las uñas de la criatura atravesaron el estómago del muchacho, pero la katana de Jack fue veloz y perforó a la bestia. Demonio y cazador se miraron a los ojos por un instante
-¡Jack!- Nora se llevó una mano a la boca, destrozada por lo que veía
-¡Vamos, ahora!- Adam tiró de ella esta vez, en dirección a las fuerzas de la ley y la ayuda
-¡Marchaos!- gritó Jack una última vez, antes de que el oni rugiera una última vez y todo se envolviese en humo, llamas y una última explosión que puso en serio riesgo de derrumbe a todo el aeropuerto.

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