jueves, 7 de junio de 2018

-Sé que debemos hablar, pero no es el lugar- dijo el muchacho sentado en el sofá, aún con la mano en el estómago. Serena estaba preparando una nueva remesa de té para cuatro en lugar de para tres -Mi casa es un buen lugar-
-¿Cómo lo explicamos a Serena? Además está preparando el té- Adam bufó desesperado. Todo lo que ocurría últimamente, hasta estos ínfimos detalles, iban contra su pobre mujer, que siempre lo terminaba sufriendo todo
-Está bien. Tomaremos el té y alegaré no encontrarme muy bien y que vas a acompañarme- planeó Jack en un momento. Estaba muy determinado a pesar del dolor en su cuerpo
-De acuerdo. Sí. No creo que objete- asintió Adam -Maldición...- suspiró, esperando que llegase el momento para poder hablar en paz.

-Jamás pensé que viviriamos una situación así- Serena se veía claramente afectada por todo lo que había ocurrido. Bebiendo de la graciosa taza de te, se le podía apreciar claramente el temblor en su pulso como si le costara sostenerla -De verdad llegamos a pensar que podríamos haberte perdido Jack-
-Agradezco la preocupación, pero no es necesario. Estoy bien- asintió el joven con una sonrisa conciliadora -No obstante, sí que me encuentro algo cansado y dolorido. Creo que debería marcharme ya- optó por decir, al considerar que ya llevaban tiempo suficiente acompañando a Serena
-¿Ya te vas? Pero...- miró a Adam buscando apoyo -¿Estás seguro de que...?-
-Sí, Serena, estoy bien- sonrió de nuevo -Sólo necesito descansar y no sólo se puede hablar de mí. Hay más temas que tratar. No quiero toda la atención sobre mi persona-
-¿Qué temas?- Adam pensó que Jack iba a hablar de los demonios delante de Serena al final, pero lo que hizo fue mirar a Nora
-¿Qué vas a hacer ahora?- la pregunta fue sencilla pero todos supieron con exactitud a qué se refería. A Nora se le vino el mundo encima. Su maleta se habría desintegrado en el aeropuerto como si fuese ceniza y ni siquiera tenía donde vivir ahora, pues ya había dicho al casero que regresaba a casa. Tampoco tenía dinero para buscar un alquiler. De pronto se puso pálida y un sudor frío le recorrió la nuca
-Es cierto...- Adam miró a Serena -Nora lo ha perdido todo, prácticamente-
-Vaya... Lo siento, no habíamos pensado en ello- lo dijo de forma sincera, mirándola con calidez -Si podemos ayudar en algo...-
-¿Qué te parece, Serena, si...?- Adam se vio entonces interrumpido por Jack
-Ven a vivir conmigo de momento- declaró el joven, acaparando una vez más las miradas -Así de paso aprovechamos y nos vamos juntos-
-¿Eh?- Nora no pudo vocalizar otra palabra
-¿Contigo?- Adam alzó las cejas sorprendido
-Me parece una idea estupenda- Serena incluso dio una palmada -Es estupendo, claro que sí ¿No crees, Adam?- pregunta trampa
-Sí, osea...- se rascó la nuca -Claro. Es un buen gesto por parte de Jack. Muy amable, sin duda-
-Demasiado, diría yo. No pienso ser una molestia- terció la chica
-Si fueras una molestia no te lo estaría proponiendo- Jack asintió -Te diría que cogieras tus cosas y te prepararas pero...- se encogió de hombros -De perdidos al río, como se suele decir. Anda, vámonos. Todos deberíamos descansar y cuanto antes te adaptes a mi casa, mejor-
-Pero Jack...- Nora miró a Adam y Serena patidifusa -¿Cómo quieres que lo asimile tan... de repente?-
-¿Hay algún problema?- la mirada de Jack estaba cargada de intenciones
-Es que... yo... Osea, tú y yo...-
-Te acostumbrarás a la compañía. Te lo aseguro- terminó por reir -No te quedará otro remedio-
-¿Qué quieres decir?- la chica ladeó la cabeza.

Cuando llegaron a la casa de Jack, tanto Nora como Adam se quedaron ciertamente sorprendidos ante el lugar. Era una casa no demasiado grande, pero bastante bonita y para variar, no era edificio de viviendas. Al abrir la puerta, un gracioso y jugueton perro shiba, el conocido Inu, salió a recibir a Jack a base de ladridos, lametones y saltos -A esto me refería con que te acostumbrarás. Saluda, Inu. Ella es Nora y es nuestra invitada- como si el perro entendiese a la perfección lo que Jack decía, corrió hacia Nora y la trató con el mismo trato exquisito de amor y mimos. La chica lo acarició ante tal bienvenida. Era suave y esponjoso. Daban ganas de abrazarlo y además olía muy bien, para colmo
-¿Estás seguro de esto, Jack?- el tono cordial de Adam se había atenuado, ya que Serena no estaba ahora con ellos -Nora y tú apenas os conocéis-
-¿Qué propones entonces? ¿Que se quede en tu casa?- aquella pregunta atenazó el corazón de Adam -Tienes mujer e hijos ¿Dónde va a dormir?-
-¿Y aquí, Jack? ¿Dónde va a dormir?- devolvió la pregunta maliciosa Adam a su hermano
-Si me disculpáis... quisiera recordar que no quiero ser una molestia. Y añadir que no soy un animalito encontrado callejeando por la calle. Puedo dormir en cualquier sitio. O buscarme la vida yo sola- dijo sin saber si se tenía que sentir ofendida por aquellas pullas entre los hermanos
-No era mi intención...- se disculpó Adam
-¿Ves? Todo va mejor si no abres la boca, Adam- concluyó Jack sentándose en el sofá del salón con un gesto de dolor. La casa estaba decorada al estilo de occidente, de manera que Nora, al igual que en casa de Adam, se sentía más cerca de Londres, de su tierra, que en el piso donde habitaba anteriormente
-Bueno, creo que es hora de las respuestas- inquirió Adam imitando a su hermano y sentándose. Nora hizo lo propio -¿De qué va todo esto, Jack?- Adam frunció el ceño
-Va de tantas cosas, hermano, que me niego a contártelo al completo. Nora sabe más que tú y es ella quien me interesa en estos momentos. De manera que voy a resumirlo: ese yokai era un oni, un ente oscuro de una categoría demasiado grande como para cruzar la puerta del Yomi y venir al plano humano así como así- dijo mirando a Nora
-Espera ¿De verdad es un yokai? ¿Un demonio japonés?- Adam alzó una mano para concentrar la atención
-¿Tenía pinta de osito de peluche para ti, Adam? Porque para mí y Mizuki no. Y no para Nora ni para las docenas de muertos en el aeropuerto. Esto es serio- gruñó
-¿Por qué nunca me dijiste que veías a esas cosas?-
-¿Por qué nunca me lo dijiste tú a mí? Es por la misma razón. Nunca nos hemos llevado bien y no es algo que vayamos a arreglar ahora. No delante de Nora. Es asunto nuestro- la chica los miraba en silencio. Adam suspiró
-¿Quién era aquella chica? ¿Y qué hacías con una katana enfrentándote a eso? ¿Cómo lo haces?-
-Se llama Mizuki y está gravemente herida. Está siendo tratada en Azuchi- dijo mirando a Nora, ya que la chica sabía a qué se refería
-¿Azuchi? ¿Las ruinas del castillo de Nobunaga?- Adam no entendía nada
-Hay algo más grande que tú en este mundo Adam- añadió Jack -Y nos llamamos cazadores. Somos gente sensible a las influencias del otro mundo, a las presencias benignas y malignas de un plano completamente metafísico. Yo vine aquí buscando a uno de esos seres y entonces, los cazadores me encontraron y formo parte de ellos- Adam miraba a su hermano en silencio
-¿Durante 3 años has estado matando a esas cosas?-
-Expulsándolas. Y nunca algo tan grande. Eso es lo que nos lleva a Nora- la miró -El Maestro Iga estaba completamente equivocado contigo, Nora. Y yo lo sabía. No debí haberle obedecido. Te pido disculpas de todo corazón- acostumbrado al hacer japonés, Jack inclinó la cabeza con respeto -Tus capacidades como psíquica son muy preciadas por los yokai. Debí suponer que no te dejarían marchar en paz-
-¿Psíquica, Maestro Iga? No entiendo una mierda Jack. Deja de pretender que no estoy aquí y haz el favor de explicármelo- los hermanos cruzaron una larga mirada silenciosa y Jack procedió a explicárselo todo desde el principio.

-Entiendo- dijo Adam tras una larga conversación -Maldita sea... Joder, Nora. De haberlo sabido antes, yo...-
-No es culpa tuya Adam. Nadie sabía nada. Ninguno de los tres sabía nada- la chica se encogió de hombros
-Así están las cosas- concluyó Jack -De manera que mi cometido ahora mismo es mantener a esas cosas lejos de Nora mientras investigamos cómo prevenir la aparición de yokai mayores-
-¿Y vas a tenerla encerrada aquí mientras tanto?- Adam señaló a la chica
-No. Le buscaré un trabajo. Ya tengo ideas- la miró y le sonrió -Se te dará bien y estarás cerca de mí, de manera que estarás a salvo. Así podrás ganar tu propio dinero y gestionarte, hacerte al país y el idioma-
-Y buscarme un lugar propio donde vivir. No pretendo ser una sanguijuela toda la vida- dijo ella con convicción
-Puedes hacer cuanto quieras- aseguró Jack
-Yo supongo que debo volver. Serena se preocupará si tardo demasiado- Adam se levantó -Estaremos en contacto. Llámame por cualquier cosa- dijo sobre todo a Nora
-Descuida, Adam. Muchas gracias, por todo- sonrió la chica levemente
-Cuida de ella como se merece, Jack- advirtió a su hermano
-Más que de mí mismo- dijo sin apartarle la mirada. Tras un largo momento de duda, Adam se marchó. Minutos después de cerrarse la puerta, se oyó su coche arrancar y partir.

El sol estaba empezando a caer y la sala se quedó en silencio entre Nora y Jack. De pronto se volvió un momento violento. Un hombre y una mujer que no se conocen de mucho tiempo de pronto conviviendo bajo un mismo techo en completa y total soltería, o eso parecía. Nora así lo esperaba, al menos para no seguir sintiendo que molestaba en mitad de una pareja -Antes de acomodarte, quisiera que vinieras conmigo un momento- un arco torii, portal yomi, apareció en mitad de la sala formándose desde la niebla oscura -El Maestro Iga quiere hablar contigo-
-¿Otra vez...?- la chica apretó los puños -Agradezco la ayuda. Agradezco muchísimo que nos salvárais pero... no es plato de buen gusto que te recuerden que eres inútil hasta para protegete a ti misma-
-No es eso- Jack se acercó a ella y le tomó la mano -Confía en mí- Nora le miró y se encontró con que el joven le guiñó un ojo -Puedes confiar en mí- remarcó

Al cabo de unos momentos estaban de nuevo ante aquel imponente castillo entre el plano de los vivos y los muertos, bañado por la anaranjada luz del sol poniente. Se adentraron en el castillo esta vez con mayor confianza. La actitud activa de Jack, menos dubitativa que la otra vez, le inspiraba confianza. El castillo estaba también más animado: había gente yendo de acá para allá por los pasillos. Muchos de ellos vistiendo hakamas como antiguos samurais. Ni siquiera prestaban especial atención a Nora pero sí a Jack, al que saludaban con ferviente alegría. El ambiente definitivamente era distinto y aquello la ayudó a calmarse, al menos, hasta que estuvieron de nuevo frente a Iga.

El Maestro de cazadores fumaba de una larguísima pipa. El humo ascendía de forma lenta, hipnótica, como una serpiente retorciéndose en el suelo. Miraba fijamente a Nora, pensativo, pero sin reflejar ninguna mala vibración. Jack estaba sentado en postura seiza junto a ella, manteniéndole la mirada firme a su maestro -De entre todos cuantos han pasado por aquí, mi joven invitada, eres sin duda la persona con mayor sensibilidad al mundo de los muertos y los demonios- Nora no supo cómo interpretar eso, si bien o mal. Le volvieron a dejar un magatama para que entendiese todo a la perfección -Desde que tengo uso de razón, jamás he visto un oni más allá de las representaciones artísticas de mi tierra y de haber oído incontables leyendas sobre ellos. Tú, sin embargo, lo has visto. Tú has sido quien lo ha traído- la chica se sintió cohibida y bajó la cabeza -No. Oh, no, mi joven invitada- rió con amabilidad el Maestro -No te estoy culpando. Es una muestra de tu gran poder interior-
-Te está diciendo que eres la Elegida- dijo Jack con vehemencia. Nora los miró confusa a ambos -La Elegida para salvar japón. La Elegida que traerá luz a la oscuridad y derrotará al Rey Demonio- hubo un largo momento de silencio... y Jack e Iga estallaron en carcajadas
-Ah, Jack, Jack. Siempre tan melodramático-
-¿Entonces... no va en serio? ¿No soy ninguna elegida?- Nora no entendía nada, crédula
-En este mundo no hay elegidos, jovencita. Sólo quienes tienen determinación para luchar y aquellos que dejan que aquellos que la tienen, luchen en su favor. No hay absolutamente nada de malo en ello. Es de valorar cuando uno conoce sus límites y sabe cuando dejar paso a un guerrero más fuerte y hábil- asintió
-Supongo... Supongo que eso se aplica a todo en la vida ¿No?- Nora no pudo evitar sonreir un poco
-Exacto, niña- Iga le devolvió la sonrisa -¿Cuál eres tú, de ambos? ¿Quieres luchar, niña, o prefieres dejar que otros luchen por ti?- Nora recordó todo como si lo estuviera viviendo otra vez. El oni, Mizuki perdiendo el brazo. Jack malherido, de lo que aún mostraba graves dolores al moverse
-Yo no sé si sirvo para luchar, señor Iga. Yo nunca he luchado. Yo no sé si...- el magatama en su mano titilaba, dudaba entre tornarse rojo o mantenerse verde esmeralda. Iga observaba atentamente y Jack también
-¿Por qué viniste a japón?- preguntó Iga, estudiándola. Nora no quiso contestar a la pregunta con claridad
-Yo... debía cambiar. Debía cambiar... mi vida. Por razones obvias- lo miró
-¿Y cómo no llamas a eso luchar?- rió Iga
-Hay mucha diferencia entre coger un avión y una espada-
-¿Tú crees?- Iga seguía riendo y Nora asintió -¿Y si te digo que me da miedo volar?- la chica se sorprendió ante aquella afirmación -Sí. He perdido la cuenta de cuantos yokai he exterminado en mis años de juventud, he entrenado a docenas de discípulos. He enterrado a otras tantas docenas...- asintió con los ojos cerrados, recordando su vida -Y sin embargo me da miedo volar- miró a las puertas corredizas, cuyos motivos decoraban la sala con colores azules y blancos, como nubes en el cielo claro -Ese enorme mundo que hay allí arriba es tan desconocido como en el que moran los yokai, como la profundidad de los oceanos. Me encoge el alma. Me da verdadero miedo. Me da pavor-
-Es increible- sonrió Nora ante la actitud afable del maestro Iga y su humildad
-Tan increible como tú, pues te atreves a volar, pero no a coger una espada. Además... tal vez no sea una espada- dijo críptico -En cualquier caso, no puedes controlar lo que hay en el cielo, ni lo que hay en el mar. Una espada, un arco, una naginata... siempre lo puedes controlar. Tú decides si debe dañar o si debe proteger ¿Cómo crees no poder hacerlo, pero sí cruzar medio mundo sólo... "por cambiar"?- Nora estuvo pensativa durante varios minutos
-Mira el magatama- dijo Jack tras un largo rato en silencio. La piedra resplandecía con un verde precioso que inspiraba hermosos campos y prados en primavera
-¿Qué ocurre?- quiso saber la joven
-Que tus emociones se estabilizan, jovencita. Ahora mismo, en ese estado de reflexión en el que te has sumergido, habrías sido invencible para cualquier yokai- confió Iga con entusiasmo -Te pido humildemente perdón- inclinó la cabeza -Por rechazarte la última vez. Ahora, si así lo quieres, los cazadores abrimos nuestra puerta a tu destino. Puedes permanecer con nosotros y ser una más. Aprender los caminos del Ryoshi y el Onmyo y ser libre de pesadillas, dueña de tu vida y salvadora de la vida de quienes no pueden defenderse. Si no, puedes volver a casa con la cabeza bien alta y el orgullo restaurado sabiendo que eres más de lo que crees ser, más de lo que incluso yo, descendiente de grandes y sabios Maestros, creí que eras, conociendo la verdad sobre aquellos que luchan porque vivas en paz. Podrás entonces, quizá, disfrutar mejor de una tranquila y humilde via. Dime, Nora ¿Cuál es el camino que quieres elegir?- cabía destacar que pocas veces Nora había visto a alguien mirándola de una forma tan paternal, cercana y cálida. No la conocía de nada y sin embargo parecía poder leer dentro de su alma. Cada palabra que el hombre decía conectaba con ella, con su pasado, con su dolor, con su soledad y su necesidad de liberación. Miró a Jack para encontrar que la miraba de la misma forma, sabiéndose en una situación de vital importancia, una encrucijada que lo cambiaría todo escogiese lo que escogiese. El fuego de las velas que iluminaban la estancia danzaban y titilaban ante un viento fantasmal y el silencio se agolpó alrededor de ella esperando su respuesta como un individuo más. Tenía que responder, tenía que elegir sabiamente.

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