domingo, 10 de junio de 2018

-Ha sido demasiado fácil- murmuró la chica mientras devoraba un pan de melón, observando la copia del contrato de trabajo que el dueño del local había tenido a bien firmar de forma adelantada antes de que se marcharan, tras Nora explicar su pequeño problema con el visado. No podía creer la facilidad con la que Jack había encontrado un puesto de trabajo para ella. Intentó durante meses encontrar un lugar en el que poder servir al país aun a falta de un nivel de idioma adecuado, lo que hizo que su labor fuese en vano. Llegó a pensar que en Tokio no había lugar para alguien como ella, dado que no era aceptada en ningún lugar, ni si quiera ofreciendo publicidad disfrazada en mitad de la calle. -De haberlo sabido antes...-
-Créeme, si lo hubiese sabido yo antes, también te lo hubiese ofrecido-
-¿Adam no sabe donde trabajas?- preguntó, doblando el contrato y guardándolo en el bolsillo de la chaqueta de Jack que no tuvo más remedio que vestir.
-Adam no sabe nada de mi- confesó Jack mientras este devoraba su propio pan de melón. Habían decidido comprar un par en un convini para hacer más llevadero el hambre del mediodía. Nora no supo exactamente qué decir. Sabía que la relación entre hermanos no era buena, pero no imaginaba que llevase a ambos a estar tan sumamente distanciados.
-¿Y como acabasteis los dos viviendo aquí? Tengo entendido que no hace demasiado tiempo que Adam vive en Tokio-
-Menos que yo al menos. Nuestras razones son bien distintas. Yo estoy aquí por los yokais, y Adam... bueno. Él sabrá- comentó poniendo los ojos en blanco -¿Y tú? Pensé que querías cambiar de aires-
-Y así es- dijo la chica nerviosa
-Pues tienes una amiga muy simpática y bastante preocupada por ti como para alejarte tantos kilómetros de ella-
-Yo... tenía problemas con mi pareja- se limitó a explicar -Prefiero no hablar de ello, de verdad-
-No te preocupes, no hace falta que te sientas incómoda. Y menos aún mientras sigas tomando esas pastillas. Por cierto ¿Cómo lo llevas?-
-Bien... el tener trabajo por fin me ha alegrado bastante el día. Espero hacerlo lo mejor posible. En Londres trabajé en una cafetería durante tres años-
-Entonces lo harás bien. No hay distinciones entre la manera de servir aquí y la de Londres- explicó -Así que eras camarera... Al menos ya se algo más de ti- la chica miró al hombre algo confundida -Bueno, si vamos a compartir casa hasta que te asientes, sería mejor conoceros más ¿No crees? Me di cuenta de que le dijiste a Sam que somos conocidos en vez de amigos. Si vas a ser cazadora, y si vamos a trabajar codo con codo contra los yokai, la confianza es fundamental- Nora recordó la compenetración entre Jack y Mizuki la noche del accidente, la forma en la que ambos se movían, la habilidad con la que se compenetraban para atacar donde cada uno debía, al tiempo que debían, sin entorpecerse. No le hizo falta preguntar para saber que Jack debía referirse a eso.
-Pues no hay mucho más que saber de mi-
-Seguro que sí-
-Que no, de verdad-
-No me creo que alguien tan misteriosa como tu tenga poco que dar a conocer- Nora sintió un leve rubor en las mejillas cuando la llamó de aquella manera.
-¿Misteriosa yo? Fuiste tú quien entró en mi casa en mitad de la noche y se fue sin decir más- sonrió, para darse cuenta rápidamente de que lo había hecho. Sonreír. ¿Cuanto hacía que no sonreía tantas veces seguidas? -Me gusta pintar- confesó de forma inesperada, captando la atención de Jack -Quería dedicarme a pintar. Lo intenté incluso. Durante un año estuve en una galería, pero mis pinturas no se vendían bien y... bueno, dependía del dinero de otra persona para vivir, así que decidí dejarlo y pasar a trabajar en algo más productivo, como una cafetería- explicó.
-¿Problemas económicos?-
-No exactamente... Había dinero en casa como para vivir de forma austera, al menos. Pero Patrick decía que la pintura no iba a darnos más de lo que teníamos-
-¿Patrick era la pareja con la que tenías problemas?- Nora asintió, con el rostro enormemente ensombrecido. -No me extraña- la chica pestañeó, sin entender -Yo nunca permitiría que una persona dejase de hacer lo que más le gusta, menos aún por dinero- explicó, guiñándole un ojo. Nora se puso nerviosa ¿De verdad pensaba aquello? Incapaz de liberarse de aquella ligera tensión incómoda, decidió cambiar el tema. Echó la mano al bolsillo de su pantalón y tomó el magatama, que parecía lucir de un color verde pálido en sus manos.
-¿Me vas a decir que hacía esto en mi pantalón?- Jack sonrió de forma que dejó ver sus dientes, blancos y perfilados.
-Me lo dio esta mañana el maestro Iga. Fui a decirle que definitivamente estás con nosotros. Ese magatama ya es tuyo- Nora lo miró con interés, terminándose aun el último trozo de melón pan.
-¿Y es por esto que entiendo el idioma?-
-Es una de las habilidades que te brindará. Con un uso correcto, ese magatama será tu recurso más valioso a partir de ahora-
-¿Y también podré hacer esos portales que haces? La verdad es que aun no los comprendo-
-Tiempo al tiempo- se limitó a decir, haciendo que la chica suspirase.
-La verdad es que... esto es más útil que las clases de Adam- bromeó, haciendo que Jack soltase una pequeña carcajada.

La pareja pasó el resto de la mañana en Shinjuku. Nora no había visitado aquel barrio, de forma que se quedó absolutamente maravillada con la cantidad de luces que decoraban las calles, en comparación con el resto de barrios. Si ya Tokio era una de las ciudades con más contaminación lumínica del mundo, el barrio de Shinjuku era el epicentro de todo aquello. Además, estaba repleto de gente, sobretodo joven, que paseaban con bolsas de la compra en la mano, montando en bicicletas e incluso algunos un tanto ebrios vestidos con uniformes de trabajo. Nada tenía que ver aquel ambiente con el que la chica había respirado en Nerima durante diez meses.

Dado que se hizo un poco tarde, puesto que decidieron comprar algunas cosas necesarias como comida, vendas nuevas y medicina, un cepillo de dientes y un par de jerseys para Nora; decidieron comer en algún local cercano. Jack eligió rápido un restaurante de ramen y Nora, hambrienta, no se pudo negar a ser invitada una vez más. Dejó de sentir remordimientos cuando probó el sabor de la comida servida después de su cocinado. Tras ingerir tantos paquetes de comida precocinada de mala calidad, aquel ramen le supo a un auténtico paraíso.

Finalmente, la pareja tomó el metro para volver a Minato. Estaban cansados, sobretodo Jack, quien se dolía del estómago nuevamente. Además, cargaban varias bolsas con las compras realizadas, de manera que, cuando regresaron a casa del hombre, tardaron en distinguir la figura que los esperaba, dando toques de forma nerviosa con el pie sobre el suelo, justo delante de la puerta del hogar. -Adam-

-Llevaba ya bastante rato esperando. Estaba preocupado- comentó el hombre mientras los tres entraban en el hogar, siendo recibidos por un pletórico Inu que disfrutaba de tanta compañía inesperada.
-¿Preocupado por mi o por ella?- preguntó Jack en voz baja, consiguiendo que Adam le lanzase una mirada preocupada. ¿Qué sabía Jack? ¿Qué le había contando Nora?
-He venido para traer algunas cosas para Nora- comentó, ignorando a su hermano. Extendió la bolsa para que la chica la cogiese y descubriese en ella varias cosas.
-Hay ropa de Serena. me ha dicho que puedes quedártela sin problemas, ya que ella no la usa. También tienes un teléfono móvil y una tarjeta con internet. De momento te durará solo un mes. El móvil es el que usaba yo el año pasado y la tarjeta es provisional, hasta que tengas tu propio número. Siento no poder darte nada mas-
-Esto es demasiado, Adam. Muchas gracias a los dos- sonrió.
-Te veo bien- aseguró con cierto disgusto en la voz
-¡Tengo trabajo!- sin quererlo, la chica dio un pequeño salto sobre su posición. Se sentía eufórica, de cierta forma al comprobar que su enfermedad no le impedía sentir ese pequeño recoveco de felicidad en su interior gracias a aquella noticia. Adam, por su parte, dirigió una mirada significativa a su hermano.
-¿No irás más a clases?-
-No lo creo... Realmente no lo voy a necesitar- explicó la chica, sacando de su bolsillo el magatama. Adam frunció el ceño, y rápidamente, lanzó una mirada al cuello de Jack, sorbe el que colgaba un emblema idéntico. -Con esto entiendo perfectamente el japonés-
-No voy a preguntar cómo ni de qué manera consigue ese trasto tal cosa- señaló al magatama - Pero ¿Qué significa eso?-
-Significa que Nora es ahora una cazadora, como yo- explicó Jack, quien acababa de dejar las bolsas de la compra en la cocina -Todos los cazadores tenemos uno-
-¿Cazadora? ¿Nora?-
-¿Y por qué no?- preguntó la chica
-No, no. No me malinterpretes. Es sólo que no se... ¿Estás segura? ¿Te encuentras bien para ello?- preguntó el hombre, colocando sus dos manos sobre los hombros de la chica.
-Sólo quiero ser útil. Si veo a los yokais y los espíritus, al menos que sea para algo. Quiero poder defenderme de ellos, por si algo volviese a ocurrir- explicó con total claridad y sinceridad. Adam comprendió que a la chica no le faltaba razón alguna. Suspiró y dio un paso atrás, apartándose de la chica.
-Entonces yo también me uniré- Aquella afirmación hizo que Nora y Jack abriesen los ojos, sorprendidos.
-Adam... toma asiento. Deja que te explique de qué va el asunto antes de que tomes una decisión equivocada-

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