Nora sintió sobre sus hombros el enorme peso de una elección que aun no terminaba de comprender -Yo...- murmuró en voz baja, insegura. Contemplaba aquella especie de piedra, la cual había visto ya antes colgando del cuello de Jack, como si pudiese encontrar en el color esmeralda alguna de sus ansiadas respuestas. Odiaba reaccionar deprisa, recordando que, la última vez que lo hizo, todo salio demasiado mal... Tragó saliva y miró a aquel hombre de aspecto cansado -¿Me lo puedo pensar?-
Sobre la chica, recayeron las miradas de asombro e incredulidad de Jack e Iga. No supieron exactamente como reaccionar, sobretodo porque aquella no era, de seguro, la respuesta que esperaban. Ambos hombres se miraron el uno al otro, sin saber qué decir exactamente. -Nora...-
-Tienes razón- sentenció el maestro -Si lo deseas, puedes pensarlo. Reflexionar quizá te haga comprender lo qué realmente necesitas- Nora agachó la cabeza, sintiendo como si un reloj con cuenta atrás marchase en el interior de su cabeza. -Hasta que decidas que hacer...- Iga extendió el brazo hasta alcanzar el magatama, para arrebatárselo a la chica con tranquilidad -Te estaré esperando. Si decides unirte a nosotros, este magatama será tuyo- Nora no pudo entender de forma literal las últimas palabras del hombre, pero se sirvió de su intuición para saber qué quería decir. -Jack ¿Te encargarás de ella? ¿Resolverás sus dudas?-
-Así es-
-Entonces, podéis marcharos. Espero una pronta respuesta- Jack se puso en pie al momento, de forma que Nora le imitó, pero no estaba del todo preparada para irse.
-¿Y Mizuki?- preguntó -¿Donde está? ¿Está bien?- preguntó en inglés
-Reposa. No podrá volver a combatir hasta que no esté recuperada del todo y entrene hasta controlar su... nueva condición- explicó Jack
-¿Nueva condición?-
-Ha perdido el brazo- dijo Iga. Nora no necesitó saber demasiado el idioma como para entender a qué se refería. Ella misma vio como la mujer, entre gritos, intentaba salvar su extremidad de entre los dientes de aquel tenebroso ser del que aún nadie se había recuperado. -Ahora idos. Debéis descansar-
Tras sobrepasar un nuevo portal, la pareja volvió a aparecer en la vivienda. Inu los esperaba meneando el rabo con una rapidez pasmosa. El animal parecía acostumbrado a recibir a su dueño tras un portal, o eso le pareció a la chica, quien empezó a sentirse un poco incómoda ante la situación de estar sola con un hombre en casa de este. Aun era temprano cuando llegaron, de manera que Nora sintió que, una vez Jack apareció, todo había ocurrido demasiado deprisa en comparación con las largas horas de espera que sufrieron junto al aeropuerto. -¿Qué necesitas?- preguntó de repente el hombre.
-¿Como que qué necesito?-
-Ropa, medicina, algo que necesites de forma diaria. Podemos salir a buscar lo que quieras, no te preocupes por el dinero-
-¿Qué? ¿Salir ahora?-
-¿Por qué no?- Nora miró al hombre con incredulidad.
-Vi como te atravesaba esa cosa. Ni si quiera sé como estás en pie- Jack frunció el ceño y levantó ligeramente su camiseta hasta mostrar como su herida estaba cubierta, tanto por la zona del estómago como en la zona lumbar, por unas enormes vendas mullidas.
-Estoy bien ¿Ves?- Nora tuvo que pestañear dos veces.
-Yo en tu lugar no estaría en pie...-
-Nora, créeme. Puedo andar, puedo moverme. He llegado hasta casa de Adam por mi propio pie. Si necesitase reposo estaría en la cama-
-Si ser un cazador requiere tener tu umbral de dolor... Dile a tu maestro que no puedo serlo- alegó con seriedad. Sin embargo, Jack sonrió.
-¿Qué necesitas?-
-No pienso ir de compras. Yo... solo querría estar en casa. Era lo que estaba planeado- suspiró la chica, sintiéndose apenada nuevamente.
-¿Tienes tus pastillas?-
-No...-
-Entonces iremos a por eso. Te dejaré mi ropa de momento. Vámonos- Jack era decidido. Expresaba las palabras con total determinación y seguridad. Nora sintió que no podía llevarle la contraria, de manera que se limitó a seguirle hasta la entrada del hogar, donde el hombre se detuvo para ponerle la correa a Inu y sacarlo a pasear, de paso.
Nora no conocía la zona en la que Jack vivía. El barrio de Minato era muy parecido a Nerima, sin embargo, la chica pudo encontrar un mayor número de edificios altos durante el paseo, que dotaban al lugar de una especie de ambiente más privilegiado. A su vez, la enorme presencia de la torre de Tokio parecía reinar en cada esquina, consiguiendo capturar la mirada de los transeúntes constantemente. -Es la primera vez que veo la torre-
-¿De verdad? ¿Como es eso posible?-
-Es que no... me he movido demasiado desde que llegué- aseguró, volviendo a guardar silencio. Por alguna razón, le costaba hablar con Jack. No se sentía tan cómoda como con Adam, de quien sabía, siempre tendría una respuesta amable acompañada de una sonrisa. Jack era aun un desconocido... a la vez que su salvador.
La farmacia, por suerte, se encontraba bastante cerca del hogar de Jack, de manera que apenas pasearon durante quince minutos hasta que llegaron al lugar. El joven habló por la chica para pedir los antidepresivos, y de paso, pastillas para varios tipos de dolor, cosa que a Nora no se le pasó por alto. Cuando terminaron, Jack agarró con firmeza la correa de Inu y se dispuso a seguir paseando. -¿Vamos a por algo de ropa?-
-Jack, ya te he dicho que no...-
-Te va a hacer falta. Ya te he dicho que voy a buscar un trabajo para ti-
-Y te lo agradezco, pero no es necesario. Necesitas descansar-
-Y tú asentarse. ¿A caso no era un trabajo lo que deseabas?-
-Sí, pero...-
-No hay peros que valgan-
-¿Y si digo que no quiero unirme a ti y vuelvo a Londres en unos días?- Jack miró con el ceño fruncido a la chica. Definitivamente, no llegaba aun a comprender la realidad de lo que estaba ocurriendo. De cierta forma, sintió lástima. Podía decirse que acababa de nacer como psíquica, y aunque llevase años tratando con entidades espirituales y demoníacas, se podía decir que aún no las conocía por completo. -Nora... no vas a poder volver- contestó con rotundidad. -Iga no te lo ha explicado, pero...- Jack tuvo que callar para poder gruñir. Se dobló ligeramente sobre su postura, llevándose una mano al estómago.
-¿Jack? ¿Estás bien?- preguntó la chica mientras se acercaba a él. No hizo falta decir nada para comprender que, claramente, el hombre no se encontraba bien -Oye, volvamos a casa. Te dije que necesitabas descansar- la chica extendió su mano para tomar la correa de Inu, para con la otra, agarrar al hombre por la zona alta de su espalda, donde no pudiese dañarle. -Déjate caer sobre mi-
-¿Como sabes que dejándome caer sobre tu hombro estaré mejor?-
-No lo sé, pero... No te caerás- explicó. Jack pensó que aquella explicación debía asemejarse mucho a la que daría un niño, de forma que tan solo pudo reír y obedecer a la chica, para nuevamente, retomar el camino a casa.
Cuando llegaron, Nora dejó a Jack sentando sobre el sofá. No podía evitar sentirse responsable del malestar del hombre, de manera que prefirió estar atenta a él en todo momento -¿Necesitas pastillas? ¿Unas vendas nuevas?-
-Las que he comprado. Las vendas están en una bolsa en la cocina- Nora no necesitó más explicaciones. Se movió por la casa intentando recordar cada rincón y cada esquina para, en futuros días, saber donde estaba cada cosa. Al llegar a la cocina, no reparó en la cantidad de muebles y electrodomésticos que tenía en comparación a su anterior hogar. Se limitó a abrir una bolsa que reposaba sobre una mesa en la que había vendas, algodones y antisépticos. En vez de elegir, lo tomó todo para llevarlo hasta donde estaba el hombre descansando.
-Necesitas usar todo esto ¿No?- Nora empezó a sacar las cosas de la bolsa de una en una mientras Jack se quitó la camiseta para empezar a retirarse a si mismo sus vendas -¿Te ayudo?-
-Necesitaré tu ayuda para la espalda-
-¿Qué tengo que hacer?-
-Poner en la herida un poco de ese bote de ahí- dijo señalando al antiséptico -Después pon una de esas vendas mullidas sobre la herida y cúbrela con vendas normales-
-Hablas como si no fuese la primera vez que tienes una herida así- Jack se limitó a sonreír. Definitivamente, aquella era su primera herida profunda.
Nora se limitó a contemplar la forma en la que Jack se aplicaba así mismo curas, para poder reproducir de igual forma sus acciones cuando fuese su turno. Al contemplar la herida, aún abierta y supurante, se obligó a mirar a un lado. -¿Te da miedo?-
-No...- confesó -Es solo que no imaginaba que estuvieses tan mal-
-Esto no es nada- sonrió
-Tú... eres... un poco orgulloso ¿No?- preguntó sin malicia alguna, obteniendo una mirada cómplice del hombre
-Al menos no dejo unas pastillas tan fuertes como las tuyas de golpe. Por cierto, tienes que tomártelas-
-Lo haré luego. Déjame que te ayuda ahora- dijo, tomando las vendas, el algodón y el bote de antisépticos cuando Jack los dejó sobre la pequeña mesa de café. Dándole la espalda a la chica, Nora pudo contemplar cuan profunda llegaba a ser la herida también por detrás. Se quedó inmóvil durante un momento, pero después, pasó a la acción. Para su sorpresa, Jack apenas se quejaba de nada y eso la hizo sentir ligeramente empática, por alguna razón. Mientras curaba la herida procurando no dejar ni una sola zona de piel sin cubrir por el antiséptico, se fijó en la espalda del hombre. Y no de manera sexual, sino con cierto temor. Estaba llena de cicatrices, algunas más grandes y otra más pequeñas, todas ellas de un tono plateado bastante tenue. -Jack... ¿Por qué no puedo volver?-
-Porque si te vas, los yokai no lo permitirán-
-Pero... ¿Por qué?-
-Debes ser la única psíquica de todo Tokio, quizás de todo Japón. ¿Quien sabe? Pero sin lugar a dudas, tú eres la única forma que ellos tienen de materializarse.-
-¿Y si me curo? ¿Y si supero la depresión y después me voy?-
-No lo sé, Nora... esos malditos seres son a veces impredecibles. Iga ya te lo ha dicho. Debes elegir qué hacer. Tendrás mi casa a tu disposición todo el tiempo que necesites. Y si decides quedarte, nosotros te ayudaremos para que lo de ayer no vuelva a ocurrir. Si te vas... tendrás que buscar otro tipo de ayuda tú sola-
-Pero si no vuelvo a estar triste, no me usarán ¿No?-
-No es la tristeza la única emoción fuerte del ser humano. Una felicidad extrema, un gozo placentero, una envidia profunda, los celos... Todo eso puede servirles para aprovecharse de ti-
-Suena como si fuese una bomba a punto de explotar- comentó Nora con tristeza
-Eso lo dices porque no eres consciente del poder que tienes entre manos-
-Lo digo precisamente por eso- añadió -Ya está- Jack volvió a vestirse después de que, con ayuda, volviese a rodearse la cintura con vendas. -¿Qué necesitas ahora? ¿Comer? ¿Dormir?-
-Que te relajes, que pienses bien tu decisión. Poco más- Nora bufó ante aquel comentario -Anda, dúchate. Tienes la ropa aun sucia y rota de ayer-
Aunque Nora se negó, Jack quiso acompañarla hasta la planta superior, donde había una habitación y un baño, el cual le mostró él mismo. La chica sintió deseos de llorar cuando contempló cuan equipada estaba la casa. Sentía que había vuelto a Londres de alguna manera, sobretodo al observar que había una bañera. En su anterior piso, solo contaba con un desagüe y una ducha. -Tómate el tiempo que necesites. Y toma esto- Jack se fue un momento hacia la habitación, para volver con un par de prendas. -Es la ropa más ajustada que tengo- Tal y como el chico le había dicho, Nora se tomó todo el tiempo que quiso sumergida en el agua cálida de la bañera, incluso aunque ese tiempo llegase a suponer más de una hora. Pensó, reflexionó, se estabilizó mentalmente y luego volvió a llorar. Demasiadas emociones unidas en una sola semana, demasiadas...
Salió de la ducha con el pelo húmedo cayendo sobre sus hombros y siendo su cuerpo cubierto por holgada ropa masculina. Cuando llegó de nuevo al salón, se encontró con que Jack había servido sobre un par de platos algo de sopa con trozos de carne y fideos. -No tenía otra cosa- explicó. La chica hizo un movimiento de cabeza para indicar que no importaba aquel echo. Se acercó hasta el sofá y tomó uno de los platos
-Ya casi me había olvidado de lo que era comer sentada en un sofá- admitió.
Tras un momento de silencio, Jack optó por encender la pequeña televisión que estaba ubicada en la esquina del salón, lo suficientemente lejos como para no molestar a la vista en noches tan oscuras como aquella.
Nora se quedó helada al contemplar como cualquier canal que emitiese en aquel momento, mostraba las imágenes del accidente del día anterior. Jack intentó buscar algo diferente, pero no hubo forma. Todos estaban preocupados por lo que había ocurrido, nadie aun le daba explicación, de forma que la catástrofe era demasiado mediática -Déjalo, está bien-
-¿Estás segura?- Nora asintió.
-¿Qué gano negándome a ver lo que ha ocurrido? ¿Qué consigo si vuelvo a esconderme de lo que ocurre ante mis narices?-
-Pero no es culpa tuya, si es lo que estás pensando- dijo Jack de forma contundente. Nora no pudo sostenerle la mirada porque no podía aceptar sus palabras. -Iban a aparecer, de cualquier forma. En Tokio o en Londres. Ellos siempre están ahí. Y por eso es tan importante luchar contra ellos- explicó. Nora decidió no decir nada. No tenía ánimos para ello.
La noche llegó antes de lo esperado, y con ella, el cansancio de la pareja. Con ojos pesados y mirada somnolienta, Jack se echó sobre el sofá para dormir, instando a la chica para que durmiese en su casa. Por supuesto, Nora se negó repetidas veces. No solo era violento, sino que además le daba ligera vergüenza ocupar la cama de un hombre por mucho que las sábanas estuviesen limpias. Sin embargo, no tuvo nada que hacer contra la decisión implacable del hombre, quien se negó a moverse del sofá por nada del mundo. Resignada, Nora se marchó a dormir. Se cubrió con las sábanas y observó aquella habitación ajena que aun desconocía. Definitivamente, todos eran demasiado considerados con ella.
En mitad de la noche, Nora despertó al sentir un gruñido familiar. Se puso en pie rápidamente, como un resorte, aun en mitad de la oscuridad. No podía ver nada, apenas podía identificar el mobiliario que la rodeaba, pero tenía aquella sensación de que la miraban constantemente. ¿A caso era Jack? ¿La estaba espiando mientras dormía? Llena de rabia, se aventuró a salir de la habitación y bajar las escaleras, en una rápida búsqueda que concluiría con un enorme sermón. Sin embargo, la chica no pudo encontrar a Jack. No estaba durmiendo sobre el sofá, tampoco estaba en la cocina y el baño estaba vacío. ¿Donde estaba? Un ruido sordo, procedente del exterior de la casa, atrajo su atención. Con el corazón en la mano, se atrevió a llegar hasta la entrada y abrir la puerta. Y ahí estaba, el yokai. Tan gigante como lo recordaba, tan monstruoso como parecía. Nora gritó e intentó huir, pero el demonio la agarró con enorme facilidad y la alzó hasta tenerla a la altura de su rostro. Abrió sus fauces, mostrando sus enormes colmillos manchados de sangre de otras personas, y sin más, agarró un brazo de la chica. Como hizo con Mizuki, la bestia tiró y cercenó el brazo, haciendo que Nora se retorciese de dolor entre lágrimas. Entonces, fue a por su otro brazo, repitiendo tan grotesco proceso. Finalmente, el yokai se decidió por devorarla entera. La chica sintió como sus colmillos se clavaban en su pecho y espalda, y entonces, despertó.
Estaba empapada en sudor, sufriendo una respiración rápida y entre cortada. Se llevó una mano a la frente para apartar los cabellos húmedos pegados a su piel, para después, limitarse a mirar a su al rededor. Había sido una pesadilla. Estaba en casa de Jack, descansando. Debía ser muy tarde, porque no había ruido alguno que rompiese el silencio en la barriada. Nora salió de la cama, algo angustiada por la vivencia. Sin lugar a dudas, su pesadilla no había sido otra cosa que la representación de sus últimos pensamientos aquel día. ¿Que hubiese pasado si Jack no hubiese llegado? ¿Que habría pasado si Mizuki no se hubiese interpuesto? Ella habría sido devorada, tal y como habia soñado. Incapaz... Incapaz de defenderse.
Bajó las escaleras intentando que sus pisadas no provocasen ruido. No estaba totalmente segura de lo que iba a hacer, pero necesitaba hacerlo. Asomó la vista una vez llegó al salón para comprobar si Jack seguía ahí. Estaba acostado boca arriba, con un brazo sobre la frente e Inu entre sus piernas. Hacía frío y aun así no estaba cubierto por una manta. Jack, sin duda alguna, era un temerario en todos los aspectos de su vida. -¿Qué te ocurre?- Nora no pudo evitar dar un respingo al escuchar su voz. No se movió en su posición para hablar, lo que hizo que su pregunta fuese aun más inesperada.
-Pensé que dormías-
-Te escuché murmurar hace unos minutos- admitió, haciendo que la chica se pusiese roja.
-Es que... he tenido una pesadilla. Lo siento. Intenta dormir-
-Pero ibas a decirme algo ¿No? ¿Para qué has bajado si no?- esta vez, Jack si apartó el brazo de su frente y la miró. La chica se acercó hasta el sofá y se colocó de rodillas frente al hombre.
-Te iba a dar las gracias, porque te interpusiste entre el yokai y Adam y yo. Y... te quería preguntar una cosa- tragó saliva -Si me uno a los cazadores ¿Sabré defenderme? ¿Me enseñaréis?-
-Y no solo eso. Somos una hermandad, de manera que nos ayudamos entre todos, como ya te dije.-
-¿Me lo prometes?- aquella pregunta quizá sonó demasiado infantil, pero en su interior, Nora necesitaba agarrarse a un clavo ardiendo que le permitiese ver un poco de luz entre tanta oscuridad, una oportunidad, un lugar, una razón de ser. En vez de responder, Jack guiñó el ojo, como parecía que solía hacer. Nora asintió -Me uniré. Yo... también quiero ayudar-
No hay comentarios:
Publicar un comentario