miércoles, 13 de junio de 2018

Jack tomó un camino completamente opuesto al que Adam y Nora iban a continuar, y así se lo hizo saber Adam a la chica una vez que le dio caza mientras ella miraba de un sitio a otro y se dedicaba a hacer fotos -¿Es seguro que nos separemos de esta manera?- terció, mirando en la dirección en la que Jack se había ido según Adam, pero no consiguió verle partir
-Bueno, si algo podemos tener claro es que sabe cuidarse mejor que nosotros ¿no?- se encogió de hombres Adam -Por algo es nuestro "maestro"-
-Supongo que tienes razón... aún así...- Nora se mordió el labio con cierta preocupación
-Venga, vamos a lo nuestro- sonrió Adam -Y tratemos de pasarlo bien mientras buscamos algún movimiento extraño ¡Tenemos todo el día!- estaba muy equivocado y si Jack hubiese estado delante le hubiese reprendido, pero no estaba. Nora estaba tan feliz y excitada de encontrarse en el parque de la franquicia Disney que nisiquiera prestó atención a que realmente estaban buscando un objetivo concreto.

Comenzaron la larga travesía en dirección a la zona conocida como Fantasyland, donde había varias atracciones y los elementos de mayor fantasía dentro de la famosa marca de dibujos animados y entretenimiento familiar. Nora estaba exultante. Irradiaba una felicidad nunca antes vista por Adam y eso hacía que el hombre no pudiese quitarle los ojos de encima. Nunca, reflexionaba, había visto una sonrisa tan hermosa como la que tenía Nora. Sí, le resultaba muchísimo mas hermosa que Serena, más que la de sus propios hijos, siendo egoista pero sincero consigo mismo. Fue quizá la perpetua aura sombría y triste que la chica siempre llevó consigo en los meses anteriores lo que hizo que nunca le prestara la atención que le prestaba en ese instante... ahora definitivamente tenía algo. Algo que siempre había añorado cada vez que la veía. Vida. Ahora la veía viva, eso era, esa era la mejor explicación que el hombre habría sido capaz de dar. Pese a que el parque estaba a rebosar de familias y niños por doquier, Nora robaba para él todo espectáculo. Poco le importaba la belleza y magia de las instalaciones, del ambiente, de la música tan conocida para los amantes de Disney que sonaba en los altavoces. Para Adam, la canción conocida como "Un mundo pequeño es" no le llenaba de nostalgia y gozo como a Nora o al resto del público. Él sólo consideraba, siendo aún más egoista, que el mundo era pequeño, sí, por tenerlo tan cerca de Nora y no poder llegar a una mayor cercanía con la chica -Esto me está llenando de vida- dijo tan sonriente y con sus perlados dientes brillando como diamantes por la propia luz que la chica desprendía que Adam no vocalizó palabra -¿De verdad que no extrañas haber traido a Serena y los niños? Este lugar es un sueño hecho realidad ¡Me temo que voy a llorar incluso cuando nos vayamos!- la chica abrió los brazos y dio vueltas sobre sí misma con tremenda ilusión. Adam sólo podía mirarla. Le hechizaba. Maldita sea, estaba embrujado. No podía tener otra explicación para que de pronto le maravillase tanto -Sólo de pensar en que se acabe el carrete de esta cámara me causa un tremendo ardor en el pecho- comentó triste -Y aún no hemos visto nada tampoco...- terminó por suspirar
-Eh, pues antes de que se acabe el carrete quisiera tener un recuerdo- dijo el hombre acercándose
-¿Quieres una foto?- se mofó la chica -Lo suyo sería estar con Jack también ¿no? Un recuerdo de nuestra primera misión- Adam se puso junto a Nora y pretendió coger la cámara, pero lo que tomó fue la mano de la chica que sostenía dicho aparato
-Sólo es nuestra primera misión para ti y para mí. Jack ya ha hecho lo que debía durante años- el hombre se reclinó hasta estar a la altura de Nora y se apegó mucho a la chica. Demasiado.
-¿Adam...?- Nora trató de mirarle a la cara y el hombre hizo lo propio. Estaban demasiado, excesivamente cerca. Ambos pudieron sentir la respiración del otro en sus caras
-Sonríe, estamos en Disneylandia. Di patata- sonrió el hombre con alegría y le contagió la sonrisa a Nora. Entonces se disparó la fotografía de ambos y automáticamente en seguida ambos se separaron. Nora sintió una extraña presión en el pecho por haber tenido a Adam tan cerca pero... quizá eran imaginaciones. Sólo era una foto y se habían separado ¿no? No tenía nada de malo. A fin de cuentas era su amigo, su profesor de idiomas. Tenían confianza y le debía bastante ayuda. La chica torció los labios en un gesto de indecisión ¿Debería haberse alejado, haberle reprendido? Miró a Adam mientras este investigaba con la mirada los alrededores. No parecía interesado en ella pero... ¿Debía hablar con él?

Tras otro rato caminando y sin encontrar nada, decidieron hacer una pequeña parada sentándose ambos en un banco para beber un poco de agua y revisar las fotografías que Nora había tomado. La chica seguía dándole vueltas y estaba mayormente inclinada a comentarle a Adam sobre el acercamiento que habían tenido antes, y lo hubiese hecho de no haber reparado en algo en las fotografías -¿Qué pasa? Estás muy seria-
-¿Has... visto esto? No me di cuenta antes- pasando una fotografía tras otra, la chica apreciaba que en algún rincón del panorama estaba la misma figura, pero juraría no haberlo visto antes con sus propios ojos. Aquello que aparecía en las fotografías, más cercano o más lejano según la imagen, parecía ser una entidad humanoide del tamaño promedio de un ser humano. Parecía estar cubierto por una manta o capa que cubría su cuerpo hecha de plumas negras y su rostro parecía estar cubierto por una máscara blanca bastante desalentadora y escalofriante con una expresión agónica. Fijándose bien, la chica incluso creyó poder oír una voz. Una voz muy familiar. Su propia voz, aunque no era ella quien hablaba.

Durante una fracción de segundo dejó de sentir la más leve brisa de aire, ni oía a las personas a su alrededor, ni el correr del agua de las fuentes. No oía a Adam, ni a los niños, ni las atracciones. Lentamente, Nora alzó la mirada hacia el frente, pues sólo oía su voz, su propia voz -¿A quién pretendes engañar? Eres quien eres, eres lo que eres. Tienes lo que te mereces. Eres una asesina. Eres un ser deleznable. Mereces todo cuanto has sufrido y aún deberías sufrir más por ello- oía cada vez más claro. Al terminar de alzar la mirada al frente, allí estaba. La oscura figura la miraba fijamente entre el gentío que caminaba de un lado a otro en el más completo silencio. La máscara blanca como el marfil tenía unos ojos oscuros y vacíos como pozos de la más siniestra oscuridad que amenazaban con devorarla por completo. La chica se sentía profundizar en ellos, arrastrada, poseida, como si tirara de ella una fuerza invisible que le pedía a gritos acercarse -Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya. Es culpa tuya- repetía y repetía sin cesar con una voz agónica, llorosa y desoladora mientras que un profundo dolor de cabeza comenzaba a hacerse notar en la chica. Sus ojos se llenaron de lágrimas y cayeron como cataratas por sus mejillas
-¿Nora?- Adam la zarandeó y, de pronto, todo volvió a la normalidad -¿Estás bien? ¿Qué ocurre?- completamente desorientada, Nora miró al hombre y después inmediatamente al frente. Todo había vuelto a ser como era. Las voces, los niños riendo, los sonidos del parque. Aquella criatura no estaba. Ni siquiera estaba en las fotografías ¿Se estaba volviendo loca? -Nora háblame ¿Por qué lloras?-
-Adam... ¿Tú... no has visto las fotografías?-
-Las estaba mirando ahora y de pronto te has puesto a llorar ¿Te encuentras mal?-
-N-no. Osea, yo...- se llevó una mano a la frente, pensativa y algo conmocionada
-Puedes contarme cualquier cosa que necesites- la mano de Adam cayó de forma inmediata sobre la pierna de Nora. En un principio de forma amistosa con una palmada de ánimo, que después se convirtió en un muy ligero agarre algo más cerca del muslo
-Deberíamos buscar a Jack. Necesito preguntarle algo- dijo la chica poniéndose en pie como un resorte. Estaba histérica, demasiado afectada por lo que acababa de ver y sobre todo de oír. Interpretaba cualquier gesto de forma erronea y no quería juzgar mal a Adam, de manera que obvió ese gesto como una sugestión
-De acuerdo, busquemosle- suspiró Adam -Dónde estará... Ah, sí... Vamos al castillo, se supone que sería el punto de encuentro- señaló, a lo que Nora asintió y se pusieron en marcha. Quería estar lejos de Adam para no sentirse demasiado mal en su presencia, pero a su vez no quería estar sola y le reconfortaba su presencia. La chica presentía que iba a ser una tarea difícil, esa misión. Le habían fastidiado el día pero bien.

Mientras ellos marchaban, una preciosa mujer que acaparaba las miradas de todos los hombres que pasaban por su lado se permitía el lujo de comer un trocito de algodón de azucar de la forma más provocativa que se le ocurría. Hipnotizaba incluso a las mujeres con su sensualidad y su vestido rojo sangre, al igual que sus labios. Su cabello negro brillaba a la luz del sol invernal y destacaba como un faro en la noche al no ir precisamente muy abrigada. Se sentía extremadamente bien en aquel lugar. Le encantaba el nido de emociones que se formaba en torno al parque y más se acentuaba con su presencia. Lujuria, pura lujuria. Sacó de su bolso un pequeño teléfono móvil y marcó el número con desgana. Dio dos tonos hasta que alguien descolgó -Definitivamente está aquí...- se pasó un dedo por los labios al terminarse el algodón de azucar -Creo que esa chica... puedes ser lo que llevamos tanto tiempo buscando-
-¿Estás segura?- la voz de un hombre maduro sonó al otro lado de la línea -Nuestro Señor no admitirá errores-
-Tu Señor...- corrigió ella con voz cantarina -Yo no sirvo a nadie, recuérdaselo-
-Eso lo discutirás personalmente con él, Jorogumo-
-Con gusto- se miró las uñas perfectamente cuidadas y volvió a disparar una mirada a la pareja que se alejaba, Adam y Nora -Pero ella le siente. Y su presencia le fortalece. Hay un Onmoraki aquí en el parque de atracciones y está convirtiendo este lugar en un patio de recreo para los yokai. Si realmente es quien creemos que es... no tardarán en aparecer viejos amigos míos...- sonrió con malicia
-Vigilala. Si es ella, traela de inmediato- sentenció el hombre
-Querido... no sabes cómo funciona el juego, al igual que tu Señor- se burló la mujer -La telaraña del destino se teje sola-
-Qué clase de araña...- gruñó el hombre
-La que necesitais tú y tu Señor para que todo fluya como debe. Confía en mí, cariño y todo irá bien... Déjame jugar y seré buena contigo, mientras, para tu diversión hasta que llegue el momento- concluyó coqueta
-...No nos falles- la llamada se cortó y la mujer guardó el móvil en el bolso. Se puso en pie y movió la cabeza hacia un lado para que el pelo le cayese por delante de uno de los hombros. Aquello de nuevo robó decenas de miradas lascivas. Esas vibraciones la hicieron sonreir, aunque no duró mucho. Por un instante se le herizó cada vello del cuerpo y sentía como su corazón se convulsionaba con una fuerza insoportable. El ambiente se volvió pesado para ella. Conocía muy bien esa sensación ya milenaria. La reacción de todo yokai ante su presencia -Vaya...- alzó la mirada y creyó verle surcar el cielo sobre su cabeza. Una oscura forma fantasmal que envolvía un cuerpo blanco como la misma nieve, carente de expresión, de rostro, de facciones -Hora de irse...- sonrió -El destino es insondable, a fin de cuentas- sonrió perversa y divertida mientras caminaba hacia un portal Yomi que se abrió ante ella, desapareciendo en el acto.

Jack en ese momento también se dirigía hacia el castillo en pos de encontrar a Adam y Nora allí, o eso esperaba. El hombre no había encontrado gran cosa, aunque sí había visto algunos espíritus agitados en la zona que eran los que causaban revuelo y fenómenos paranormales, como objetos que caían solos en las tiendas y otras tantas cosas que comunmente en el mundo occidental se denominada como poltergeist. Sólo Nora había visto al Onmoraki y sólamente ella podría encontrarle al ser psíquica. Ninguno de los tres tenía ni idea del peso que recaía en los hombros de la joven y del siniestro peligro que sobrevolaba sus cabezas. Un pequeño error y los tres serían pasto de demonios en la tierra de los muertos si osaban cruzarse en el camino de la fantasmal figura que acababa de llegar al parque, el Shinigami.

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