lunes, 11 de junio de 2018

El invierno llegó, y con él, el insoportable frío que adornaba las calles de Tokio en forma de nieve y hielo, los cuales cubrían por completo cada coche, cada árbol, cada valla y cada semáforo que la pareja encontraba a su paso, de vuelta del trabajo.

Hacía ya un par de semanas que Nora se había incorporado a trabajar en el local donde Jack ejercía como personal de seguridad. Se trataba de una especie de local nocturno ambientado con motivos ingleses y americanos, como banderas colgadas en la pared, pequeñas figuras de águilas y cabinas telefónicas, en el que se servían bebidas procedentes de los propios países. Ciertamente, los clientes parecían no encontrar diferencia entre ambas culturas, pero eso era lo de menos. La chica se sentía a gusto sirviendo cafés y bebidas alcohólicas detrás de la barra, haciendo llegar platos combinados a las mesas de los clientes e incluso fregando los platos. No era el trabajo de sus sueños, pero era un trabajo por medio del cual había conseguido renovar su visado por un año, además de generar ingresos con los que podía pagar a Jack su alojamiento hasta que tuviese dinero suficiente para trasladarse a otro.

Aquella tarde, ambos acababan de terminar el turno de mañana. Por suerte y de momento, ambos compartían el mismo turno de trabajo, de forma que ya eran común acompañarse tanto en la ida como en la vuelta.

-No puedo más...- bufó la chica, estirando los brazos hacia delante al salir de la estación.
-¿Cómo que no puedes más? ¿Y que hay de entrenar luego?- preguntó Jack con voz dura.
-¡¿Que?! ¡¿Hoy también?!- preguntó la chica con disgusto en la voz -Entrenamos ayer y Adam me dio tan fuerte en la espalda que no pude dormir bien-
-Eres cazadora. Es tu deber-
-Y tu deber como profesor es enseñar bien- murmuró la chica en voz baja
-¿Objeciones a mi persona? ¿De verdad? Vaya una alumna rebelde estás hecha-
-Es verdad. Te pones muy severo cuando estamos entrenando. Tu voz y tu actitud cambian por completo-
-Es lo que tengo que hacer. Si no te instruyo bien ¿Cómo vas a defenderte cuando llegue tu oportunidad?-
-Quizás si me explicaras las cosas con más... ¿Tranquilidad? Aprendería mejor los pasos a dar para atacar y para defenderme. Te pones tan estricto que me pones nerviosa- le regañó a pesar de sus superioridad -Así no voy a saber hacer nada nunca... qué vergüenza-
-No lo haces tan mal, estás mejorando-
-Mentiroso. Adam sí que está mejorando. ¿Has visto como se mueve ya? Yo aún me golpeo en la cabeza con la naginata cuando se me escapa de las manos.  A este paso seguiré entrenando con palos de madera-
-Bueno, bueno. No quieras tener prisa-
-Eso lo dices porque tú ya er...-
-Anda, cállate- gruñó Jack, metiéndole en la boca a la chica un mochi de fresas que habían comprado al salir del trabajo y que había estado desenvolviendo durante la charla. Después, pasó a abrir y comer el suyo propio. La chica masticó rápidamente para evitar atragantarse, de manera que no pudo decir nada a menos que quisiera escupir el dulce. Para sus adentros, terminó por sonreír.

Tras comer algo, descansar un poco y limpiar la casa, como casi todas las tardes, Adam, Jack y Nora se reunieron en Azuchi a la caída del sol. Era ya costumbre para los tres entrenar a aquellas horas en las que se dejaba de sentir el frío debido al ejercicio, incluso aunque los pies descalzos de los tres tocasen la nieve que ahora rodeaba los jardines de aquel palacio.

Los golpes, las estocadas y las fintas de Adam y Nora se acometían como si se tratase de una danza acompasada y lenta, rompiendo el silencio verbal que ninguno de los tres a veces deseaba romper. Y es que el sonido del entrenamiento era enigmático. El crujir de las armas de madera, el sonido de la nieve deslizándose bajo los pies de la pareja, e incluso los gemidos de dolor y esfuerzo de ambos, provocaban que, aunque de forma dura, las horas pasasen bastante rápido a veces.
-¡Mierda!- replicó Nora en cuanto cayó al suelo después de que Adam le pusiese una zancada con la naginata de madera. La chica se acarició el trasero mientras se quejaba de dolor. Soportaba dolores menstruales bastante fuertes, de manera que aquel día se sentía totalmente derrotada.
-Levántate- ordenó Jack, quien miraba los movimientos de ambos seriamente. La chica obedeció, no sin antes lanzarle a su maestro una mirada seria y ofendida.
-¿Te he hecho demasiado daño?- quiso saber Adam mientras se frotaba con el brazo el sudor de la frente.
-¿Le vas a preguntar a un yokai si le has hecho daño?- Jack se puso en pie.
-Oh, vamos. Ella no es un yokai-
-Deja de pensar eso. Si sigues viéndola como una compañera débil a la que proteger y de la que preocuparte siempre la pondrás en peligro-
-Al menos yo no permitiré que un demonio le arranque los brazos delante mía- dijo como si escupiera veneno, haciendo que Jack diese un paso adelante. Nora sintió que los ánimos se estaban caldeando demasiado, de forma que decidió intervenir.
-No pasa nada ¿De acuerdo? Estoy bien y me sabré defender llegada la ocasión- dijo de forma rápida mientras se ponía en pie. Recogió la falsa naginata del suelo y se colocó en posición ofensiva, tal y como Jack le había explicado. -Venga, Adam ¿Ya estás cansado?- sonrió -Soy un yokai que te puede devorar. ¡Ataca!-

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