Unos dulces de fresas con nata y otros de chocolate más algo de té, esas eran las órdenes concretas de Serena. Adam compró todo cuanto su mujer deseaba no sin dejar de darle vueltas al día del parque, a todo lo que había sucedido; a todo lo que había sentido. El torbellino de emociones que le encogía el corazón se le hacía a cada minuto más complicado de soportar. Nora, Serena, los niños... demasiadas responsabilidades que no podía mantener a la vez. Si quería pasar tiempo con Nora, tendría que encontrar la manera de calmar a Serena y quitarse de encima todas las sospechas... y si quería dedicar algún momento a su familia, tendrá que dejar de ver a Nora y provocar que la relación entre ambos fuese más despacio, cosa que tampoco deseaba -Muchas gracias por su compra- dijo amable la chica de la tienda con una suave inclinación de cabeza y una sonrisa brillante. Era una chica joven. Adam podía adivinar que habría alcanzado la mayoría de edad hacía relativamente poco. La japonesa era endiabladamente atractiva
-Gracias. Ten un buen día- respondió él tomando la bolsa y saliendo del establecimiento, dejando atrás la puerta automática cerrándose a sus espaldas -¿Pero qué coño te pasa, Adam?- se preguntó con disgusto. Montó en el coche y se quedó sentado en el asiento, habiendo depositado la compra en el asiento del copiloto. Agarró el volante con fuerza, frustrado. Se sondeaba a sí mismo la mente, tratando de encontrar respuesta a la volatilidad de su sexualidad. Quería a Serena, quería a su familia, pero se sentía fascinado por Nora. Admitía para sus adentros que la deseaba, que la observaba, que fantaseaba con el sencillo placer de quitarle la ropa tanto despacio como con desenfreno. Debía de ser preciosa. Podía idealizar perfectamente lo bella que debía de ser desnuda... y aún así... Sus ojos viraron un segundo hacia la tienda de nuevo. Aún podía ver a la jovencita atendiendo a otros clientes. Era preciosa, definitivamente... pero cayó en cuenta en un pequeño detalle. Sólo le parecía preciosa. Sólo admiraba el rostro tan bonito y angelical que la chica poseía. Aquello le serenó un poco. No estaba fantaseando con ella. No la deseaba, sólo admitía que era guapa ¿Era eso un delito? No, definitivamente no. Entonces no estaba enfermo... ¿O sí? Porque el simple pensamiento desviado hacia Nora le despertaba una fiebre terrible, pero sólo era si pensaba en Nora y no entra chica en esos instantes ¿Y si no era él? ¿Y si la culpable era Nora? No, egoismo. Eso era un pensamiento egoista, demasiado egoista incluso para alguien como él. Él no era quién para juzgar ni para culpar a nadie. Él era un hombre casado y tenía un compromiso con una mujer buena y trabajadora, que siempre le había apoyado y a la que había traicionado con varias alumnas con anterioridad. Se odiaba por admitir que quería que Nora fuese la siguiente ¿Pero por qué Nora ahora, y no las demás? ¿Qué le había despertado la inglesa que no tuviese esa misma chica de la tienda? ¿Su cuerpo se había hastiado de la raza japonesa? Tanto pensamiento le llevó a golpearse con la frente en el volante de pura frustración. El coche pitó con el claxon, llamando la atención de los transeuntes -Maldita sea... Maldita sea, espabila de una puta vez- arrancó el vehículo y se puso en marcha.
Cuando aparcó el coche y subió hacia su piso, no le pasó desapercibido el haber oido unas tenues voces en el salón. Lo que no esperaba bajo ningún concepto era que al entrar, se encontrase de bruces con Nora sentada en el sofá. La bolsa de la compra casi se le cayó al suelo de la impresión. Sintió que iba a romper a sudar -Ah, aquí está. Hola, cielo- dijo Serena con una sonrisa apagada. "Cálmate" se dijo Adam, pues veía cómo Serena lo estaba estudiando "Haz algo extraño y estarás confesando que Nora es algo más que una alumna"
-Tadaima- dijo sonriente, clamando su llegada a casa -Me sorprende verte aquí Nora ¿Ha pasado algo?-
-La he llamado yo- asintió Serena -Pensé que estaría bien conocernos un poco más, ya sabes, por eso de que ayer fue un poco precipitado todo ¿No crees?-
-Oh, me parece fantástico. Sólo espero que no haya sido mucha molestia hacerla venir- sonrió Adam
-¿Lo ha sido?- Serena clavó los ojos en Nora -¿Ha resultado costoso venir hasta mi casa?- la pregunta no se pronunció con tono frío, pero el veneno se respiraba en el ambiente. Nora no era tonta y sabía que debía elegir con cuidado las palabras "¿Te ha resultado costoso venir a mi casa pero no ir de paseos con mi marido?"
-No, no. En absoluto. De verdad que no ha sido ninguna molestia. Estoy muy agradecida por la hospitalidad- ante la buena respuesta de Nora, Adam se relajó un tanto y dejó el paquete de dulces sobre la mesa
-Aquí está lo que pediste- anunció Adam con alegría -Fresas, nata y chocolate-
-Sublime. Gracias cariño- aplaudió Serena con cierto aire alegre, bastante extraño
-¿No es mucho, sin embargo? Quiero decir, para dos son muchísimos. Contando con Nora no sobrará tanto pero tantos al menos deberían compartirse entre más ¡Nos vamos a poner redondos!- bromeó tratando de quitar tensión al ambiente
-No te preocupes por eso cariño. Voy a calentar algo de agua para un poco de té- Serena se movió con velocidad. No dejaba tiempo para contestar a Nora. Estaba dando por hecho que comería y bebería en su casa. La situación era convulsa y la inglesa cada vez estaba más incómoda.
-Siento... esto- dijo Adam con tono de voz más bajo -No te sientas violenta, por favor-
-¿Violenta? No, en absoluto...- terció Nora con el semblante pálido -Es una buena tarde con la esposa de mi profesor, con el que he estado paseando como si fuera una enamorada adolescente. Nos va a matar- no pudo evitar decirlo. Necesitaba expiar los nervios
-No hemos hecho nada malo- alegó Adam con seguridad -Confía en mí ¿De acuerdo? Sólo te estaba ayudando y seguiré haciéndolo. Ella lo entenderá. Sólo está un poco confusa-
-¿Confusa en qué sentido?- Adam casi dio un respingo ¿Cuanto tiempo llevaba ahí? Serena llegó como un rayo con el té y los vasos. Cuatro, concretamente.
-Sobre todo esto. Oye, cariño ¿Cuatro? Somos tres personas-
-Ah, maldita sea...- masculló Serena -Estoy un poco distraida, lo siento-
-Déjame, ya lo llevo yo a la cocina-
-No- una negación simple y tajante como un cuchillo. Lo poco que Adam se levantó de la silla volvió a bajar hasta plantar el trasero sobre el asiento. Fue una advertencia. -Ya lo llevaré yo luego-
Entonces se hizo el silencio. Bebiendo té y saboreando un poco los dulces comprados traidos por Adam el reloj parecía no avanzar en absoluto. El hombre percibía la mirada nerviosa de Nora, incómoda, mientras Serena la estudiaba de forma sigilosa. Reparaba en cada detalle de la chica, preguntándose qué tenía en comparación a ella que fuese especial. Serena admitía que era preciosa, que tenía unos ojos de ensueño, pero por lo demás no destacaba especialmente en nada -Antes Nora me habló de las pastillas- Adam tragó saliba
-¿Eh?-
-Las pastillas. Para la depresión- Serena dio un suave trago de té
-S-sí... Yo... Se me están acabando y...- suspiró -Siento de verdad la molestia. Es una gran ayuda, no puedo contar con nadie más-
-Ah, eso...- Adam asintió -Verás, Serena...-
-¿Me has estado cogiendo las pastillas de mi depresión para dárselas a una alumna, Adam? ¿De verdad?- la mujer sonó severa
-No sabe ir al médico ¿Vale? No dialoga bien, el idioma se le atraganta y más aún leer o escribir. Imagínate su situación. Sé que está mal no habértelo dicho pero tampoco pasa nada. Nosotros podemos comprarlas sin problemas, de manera que nunca te faltarán hasta que estés bien- explicó el marido
-De verdad que os las pagaré- insistió Nora -Lo prometo, en cuanto consiga un empleo os lo pagaré-
-No se trata del dinero, Nora- Serena la miró con seriedad -Es de que se hagan cosas a mis espaldas- aquellas palabras tenían doble significado de nuevo -Coger mis pastillas sin consultarme, Adam, es negligente ¿Y si me hubiese quedado sin ellas cuando las hubiese necesitado? Estando sola en casa tanto tiempo- remarcó muy claramente el "tanto" -con los niños, si me quedara sin pastillas, si me diese una crisis...- bufó. Trató de calmarse -Es cuestión de respeto. Discúlpame Nora. Tú no eres culpable de nada-
-Lo sé... lo sé- Adam bajó la cabeza -He obrado mal, pero sólo lo hacía por ayudarla. Ya lo ves, sufre también de problemas de ánimo y muy graves. Necesita esas pastillas y es menos costoso acompañarla al médico, pues me consumiría aún más tiempo ¿Eso quieres?- Adam supo dar en el clavo. Serena se mordió el labio inferior con duda -Darle unas pastillas para que se las dosifique con cuidado es más sencillo que andar haciéndole de traductor por todas partes. Eso significaría que estaría más tiempo con ella que contigo, más aún. No te ofendas Nora-
-No me ofendo, es un pensamiento racional. Es lógico. Yo disfrutaría pasando el tiempo con mi pareja que con otra cosa...-
-¿Tienes pareja?- Serena interrumpió de golpe. Nora se quedó helada ante la pregunta, que le trajo recuerdos dolorosos que abrieron heridas que aún no se habían cerrado
-Y-yo... Bueno... No, realmente no...-
-Bien- sonrió
-¿Cómo que bien?- preguntó Adam frunciendo el ceño. Entonces, el timbre sonó
-Ya está aquí- Serena se puso en pie tan feliz como un cascabel
-¿Quién es? ¿Esperabas a alguien?- Adam siguió a su mujer con la mirada, pero esta no contestó
Serena saludó muy feliz a alguien en baja voz y Adam no supo distinguir de quién se trataba, pero la voz era masculina ¿Un hombre? ¿Había llamado a un hombre? ¿Ese era el plan? ¿Buscaba ponerlo celoso o algo similar? Adam se giró en la silla esperando ver cuanto antes el rostro del invitado, porque no imaginaba a quién se iba a encontrar tras el umbral -Mira quién ha venido- anunció Serena, pasando primera al salón. Tras ella, unas pisadas firmes y por fin, una figura masculina. Pantalón vaquero de color gris oscuro y una camisa carmesí con el cuello desabotonado y con los puños desabrochados y arremangados hasta el antebrazo. Cabello castaño corto y despeinado y una barba desaliñada pero arreglada. No podía ser. No podía ser él.
-Jack...- Adam se fue a levantar muy despacio, conmocionado por verle, pero algo sucedió
-¡Tú!- Nora saltó como un resorte. Sus ojos brillaban de alegría y emoción. Su boca congelada en una sonrisa perpetua
-¿Os... conocíais?- preguntó Serena, sorprendida
-Vaya...- suspiró Jack -Me dijiste que Adam no estaría- Jack pareció obviar a Nora, pero no lo hizo
-Lo siento. Pequeña mentirijilla- rió Serena graciosa
-Ya...- Jack y Adam se miraron largo rato a los ojos en silencio
-Por favor, siéntate. Hay sitio en el sofá junto a Nora- invitó Serena y Jack obedeció. Pasó junto a Adam como si no estuviera y se sentó junto a la chica, que lo miraba sorprendida
-¿De qué os conocéis Nora y tú?-
-Él...- a la joven le costaba hablar. Nunca imaginó encontrarlo de nuevo en casa de Adam en una situación tan complicada ¿Cómo era posible?
-Coincidimos. Hace unas semanas- dijo Jack sencillamente
-Vaya, que estupenda coincidencia. El mundo es un pañuelo- Serena virtió té en la cuarta taza. Adam lo comprendió todo de golpe. Una taza de más y dulces de más. Miró a su mujer con ojos afilados.
-Inesperada, sin duda- Jack parecía parco en palabras. No tenía la misma actitud que cuando se deshizo de aquellos demonios que atormentaban a Nora. La chica podía notarlo.
-Hace años que no nos vemos- intervino Adam entonces -¿Qué te trae por aquí? ¿Necesitas dinero?-
-Si lo necesitara no acudiría a ti, tenlo por seguro- dio un sorbo al té, brindándolo a Serena como agradecimiento
-Le he llamado yo. Ha venido con la condición de que tú no estuvieras pero supongo que era inevitable- se encogió de hombros -Es tu casa a fin de cuentas y si Nora está aquí, no tienes trabajo que hacer- la habilidad de Serena para lanzar cuchillos era impresionante. Hasta Jack lo notó
-¿Puedo entonces saber a qué se debe tan placentero honor de tenerte aquí?- no se notaba precisamente placentero -No creo que sea para que meriende con nosotros cuando nisiquiera se presentó para cuando Nick nació- reprochó Adam de mala gana
-Si he venido, Adam, no es para que precisamente tú me reproches cosas a mí- entre ambos saltaban chispas. El ambiente se crispaba por momentos. Nora percibía extrañas sensaciones. Fuertes emociones. No comprendía cómo la casa no estaba regada de demonios ante esa animadversión. Sí percibió por el rabillo del ojo, sin embargo, que tras Serena había una sombra que se esfumó de un momento a otro ¿Estaba delirando?
-Por favor, no vayáis a discutir- suplicó Serena con un suspiro -Yo le llamé, yo quise que viniera. Es por el bien de todos. Jack puede ser una buena solución-
-¿Solución a qué?- preguntó Adam a su mujer, con la voz tensa
-A los problemas de Nora- se hizo el silencio de pronto y los tres miraron a la chica, que se encogió en el asiento
-¿Qué quieres decir?- Adam se enervó -¿Qué tiene que ver Jack con Nora?-
-Lleva 3 años viviendo aquí, uno más que nosotros. Se sabe manejar seguramente por aquí y, hasta donde yo sé, también está solo ¿Me equivoco Jackie?- sonrió. Jackie. Serena debía de conocerle bien.
-Sólo tengo a Inu- dio otro sorbo al té -Mi perro-
-¿Tu... perro se llama Inu?- preguntó Nora extrañada -Disculpadme si me equivoco porque mi japonés es como es pero... ¿No es eso redundante?- Jack la miró y asintió
-Precisamente. Es una criatura maravillosa y no debería ser una vergüenza que un perro se llame "Perro"- Nora percibió amabilidad en la explicación. Jack no se sentía molesto por su presencia
-Sigue siendo como si yo me llamase "Humano"- terció Adam con un bufido
-Como digo, mi perro es una criatura maravillosa. Tú, sin embargo...- Jack dio otro sorbo al té, mirando a Adam desafiante por encima del vaso
-Cómo te atreves...- se fue a poner en pie, pero Serena le agarró del brazo -¿En mi casa? ¿Vas a insultarme en mi propia casa? ¿Quién te crees que eres?- Adam empezó a alzar la voz
-Cálmate, hermano- contestó Jack con una sonrisa triunfante -Siempre has sido tú el que ha tenido el control de la situación. No deberías perder los papeles ahora-
-Sal de mi casa ahora mismo o...-
-¿Papá está enfadado?- preguntó la dulce vocecita de Charlotte asomada por la puerta. Jack se quedó ensimismado mirándola
-No. No, no, no. Para nada cariño. Sólo está emocionado. Ven aquí- Serena soltó a Adam y fue a por la niña -¿Te acuerdas del tío Jack?-
-Sólo tenía un año cuando me fui- dijo el muchacho -Es imposible que me recuerde- le acarició el cabello con mimo a la pequeña -Pero yo sí me acuerdo de ti. Sigues siendo la niña más guapa del mundo- Charlotte le sonrió con afecto y vergüenza
-Anda, sigue jugando. No pasa nada- Serena le besó la frente a la niña y esta se marchó. El silencio se apoderó de nuevo de la sala.
-¿Cuál es el plan?- preguntó Adam tras el silencio, cruzado de brazos
-Pensaba que si Nora está sola en japón, al igual que Jack, podíamos presentarles y que se ayuden mutuamente. Nos tienen ambos a nosotros como aval de que son personas de confianza, que ninguno se aprovechará del otro- sonrió Serena
-Eso es...- Adam quiso decir absurdo, pero era consciente de que se estaba mostrando molesto de más -Es algo temerario- eligió mejor las palabras -No se puede andar uniendo a desconocidos así como así. Jack no es precisamente la persona más amable del mundo y...-
-Que no lo sea contigo, hermano, no significa que no lo sea en general. Si fuese una persona horrible no tendría trabajo, ni llevaría 3 años viviendo aquí de forma exitosa- sonrió de forma descarada
-¿Seguro que no trabajas para la Yakuza?-
-Me encantaría. Seguro que así no serías tan valiente a la hora de dirigirte a mí con esos aires-
-¿Es que no puede haber paz entre vosotros dos?- Serena se llevó una mano a la frente -Hay una invitada, por el amor de Dios-
-Tienes razón- Jack asintió -Lo siento, Nora- miró a la chica -Pero he de decir que el plan de Serena me parece bien. Llevo 3 años solo y no tengo a nadie con quien hablar en mi idioma, más que con mi perro. A veces, el japonés se hace pesado, al igual que sus costumbres. No estaría mal ver otros puntos de vista. Si te parece bien-
-¡Eso es maravilloso! ¿Qué te parece a ti, Nora?- Serena la miraba expectante
-Yo...- no podía creerlo. El hombre al que buscaba, por fin a su lado. Tenía tantas preguntas que hacerle... ¡Y tenía la posibilidad de verse más a menudo! Respuestas. Todas las respuestas. Ojalá él pudiese dárselas. Deseaba con todo su ser que así fuese -Yo creo que está bien ¿No?- le sonrió a Serena y luego a Adam, pero éste no le devolvió la sonrisa, sino que se mantenía con el ceño fruncido, molesto. Al mirar a Jack, éste le guiñó el ojo con complicidad. Sí... tenían mucho de qué hablar.
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