miércoles, 30 de mayo de 2018

Montar en coche después de 10 meses en japón se le hizo, cuanto menos, extraño a la chica. Casi podría decir que se le estaba olvidando la comodidad de los asientos, el no estar apretada entre decenas y decenas de japoneses que podían oler mejor o peor y el espacio vital de que no le estuvieran rozando constantemente con maletas o partes del cuerpo de forma que, tristemente, era inevitable en el siempre conocido e indispensable metro -¿Tienes algún lugar en mente?- preguntó Adam arrancando el motor. El coche era grande, de estos robustos y seguros que te hacían sentir a salvo ante la probabilidad de un golpe. Estaba limpio, impoluto. Nora casi podía pensar que olía incluso a coche nuevo -Si no tienes preferencias creo que conozco un par de sitios-
-La verdad es que no tengo preferencias- la chica miraba por la ventana con cierto entusiasmo -Sorpréndeme- sonrió amable y Adam le devolvió la misma sonrisa para ponerse en marcha.

Poco a poco fueron atravesando las calles de Tokio con la suavidad que el vehículo les proporcionaba. Nora admiraba las calles con mucho más interés del que solía tener comunmente en los meses que llevaba viviendo en tierras niponas y se le notaba. Adam sentía las vibraciones de la chica, el llamado "buen rollo" que ahora parecía transmitir. Si la miraba detenidamente durante unos momentos en un semáforo, casi la veía refulgir con luz propia. En momentos se maldecía a sí mismo, en silencio. Cuando volvía a tomar control del vehículo para avanzar por las carreteras se preguntaba con quietud qué demonios estaba haciendo, siempre esa pregunta que se le atragantaba en la garganta y se la cerraba con un nudo que le asfixiaba. "Estás casado", se decía una y otra vez, "Te promometiste a ti mismo que Inori era tu último error, que Serena no se merece..." su pensamiento era implacable y casi sentía que comenzaba a temblar de puro nerviosismo. Él no era así, él no era una mala persona, ni pretendía hacer daño. Pero el hastío estaba llegando a niveles insostenibles en su vida y, de ser otra persona, quizá podría aprender a dejarlo de lado... pero cuando miraba a Nora, veía algo nuevo, algo llamativo y refulgente. Una nueva experiencia, una nueva alma, una nueva forma de ver la vida. En principio esa chica triste y apagada, ahora esa joven exultante que devoraba las calles de Tokio con avidez como si fuera una tierra onírica que creía que no existía. Y esas nuevas formas de vestir le quedaban tan bien... ajustada, brillante, con el pliegue de la camisa abriéndosele poco a poco si se movía en el asiento entre los botones que la abrochaban... -¿Buscas algo?- se obligó a decir, para olvidar sus pensamientos
-¿Eh?- Nora le miró sin comprender
-Llevas un buen rato callada mirando a todas partes- rió Adam -Parece que has vuelto a nacer Nora ¿Puede saberse por qué? ¿Una buena noticia?-
-No, no exactamente- la chica se encogió de hombros -Quién sabe, supongo que no puede vivirse siempre entre sombras y pesares- reflexionó -Tal vez simplemente he descubierto que hay... algo más- concluyó críptica, con una sonrisa de oreja a oreja
-Algo más- imitó Adam con tono grandilocuente -Ahora resulta que mi alumna callada y gris ha aprendido a ver con el ojo de la mente la realidad del universo ¿Has descubierto a Dios?- se burló con buenas intenciones y Nora lo notó
-No seas tonto- la chica le dio un codazo amable -No creo tener pinta de ser una chica muy devota-
-Afortunadamente...- masculló en baja voz
-¿Has dicho algo?-
-No, nada- sonrió Adam -Ya estamos llegando-

Poco más de 20 minutos de camino, por fin, el coche se detuvo frente a un inmenso parque teñido de tonos naranjas y marrones, como si el sol de los atardeceres se licuara sobre los árboles cada día. Nora se quedó sin aliento -Es precioso- dijo sin más -¿Hay más lugares así en japón?-
-Miles- Adam se cruzó de brazos, orgulloso -No es un lugar perfecto, a veces la gente es muy cerrada, clásica, anclados en tiempos pasados. Muchos trabajos son abusivos y la gente vive con prisa y estresada... pero la tierra, el país en sí, parece estar bendecido por la naturaleza ¿No crees?- Nora asintió -Demos un paseo- ahuecó ligeramente el brazo por si la chica se apegaba a él, pero para su desgracia, no fue así. Echó a andar con cierto aire apresurado, como si estuviese ansiosa. Y eso le gustó aún más.

El parque Yoyogi, un lugar maravilloso y enormemente amplio. Nora no dejaba de mirar en todas direcciones, pues tenía unas buenas sensaciones. El parque estaba lleno de gente que paseaba pero también estaba empapado de espíritus benignos. Figuras fantasmales con el aspecto de gente de bien, de personas que observan a los vivos con sonrisas de envidia sana y admiración. Personas mayores que ven a los niños jugar, personas jóvenes que ven a los ancianos matrimonios pasear de la mano. Gente que vivieron y que desearían seguir haciéndolo. Entidades que "vivían" ahora de otra manera. Eran visiones así las que a veces no hacía tan terrible tener la capacidad de Nora de ver a los muertos. Se preguntaba la chica por tanto, si en un lugar tan repleto de energías fantasmales, no atraería a aquel chico al que deseaba volver a ver y del que obtener respuestas. Sólo de pensarlo la llenaba de energía -Calma, calma- rió Adam de pronto, sacándola de sus pensamientos -Vaya carrera has tomado, chica. Estás con un anciano, recuérdalo-
-¿Anciano? No me tomes el pelo- se mofó Nora
-¿No me ves mayor?- Adam alzó las cejas
-Para nada. Te conservas muy bien. Vamos, eso creo ¿Cuantos años tenías?-
-43 añazos-
-¡Pues mira al madurito interesante!- Nora se colocó las manos en las caderas, con los brazos en jarra. A Adam casi se le escapan los ojos a las caderas de la chica para apreciar sus curvas
-¿Y tú cuántos tenías?-
-26. Camino a la ancianidad- sonrió
-Con 26 años te queda mucha vida por delante Nora. Y más siendo una chica tan guapa-
-Además de madurito interesante, adulador ¿Te has planteado alguna vez ser un Sugar Daddy?- entornó la mirada con picardía
-¿Sugar-qué?- Nora estalló en risas al ver la cara perpleja de Adam ante ese nuevo término
-Déjalo, déjalo. Era una broma- la chica siguió andando
-No, dime qué es. Soy curioso por naturaleza- Adam dio un par de zancadas para alcanzarla y ponerse a su altura
-Lo que antes se llamaba chico de compañía o chica de compañía ahora le llaman Sugar Daddy o Sugar Baby. Novedades de los tiempos modernos- Nora se encogió de hombros
-¿Y me consideras digno de ser un Sugar Daddy?- Adam fue sonriendo más y más progresivamente
-Un hombre maduro, resuelto y siendo profesor... Seguro que te puedes permitir tener una Sugar Baby que te haga compañía- le guiñó el ojo y Adam captó en ese instante una idea completamente equivocada de lo que estaba ocurriendo.

Largos minutos después, atravesaron gran parte del parque y llegaron a contemplar un santuario meiji, Jingu. Era precioso y estaba lleno de gente haciendo turismo y pasando el día. Además, parecía estar saliendo una boda del mismo, conformado por una procesión de gente siguiendo al novio y a la novia, todos vestidos de forma tradicional. Adam contemplaba la escena con interés mientras que Nora seguía inspeccionando sus alrededores. A veces, la chica reparaba en que los espíritus eran conscientes de que ella los miraba y le devolvían la mirada con interés, aunque a veces con cierta desconfianza y miedo. Algunos se escondían tras los árboles, otros buscaban desaparecerse para aparecer en otro lugar lejos de su alcance visual ¿Por qué esos buenos espíritus sentían temor de que alguien les viese? Era curioso cuanto menos, pero por desgracia, el objetivo principal no aparecía por ninguna parte -¿Vemos qué tal el templo?- preguntó Adam llamando la atención de Nora
-Claro ¿Por qué no?- juntos, atravesaron el mar de gente y llegaron a cruzar bajo la pequeña pagoda que hacía de entrada a la zona del templo. Dentro, se podía apreciar un sin fin de decoraciones y motivos tradicionales, como un mural casi construido por varios farolillos apilados unos sobre otros. También había una zona habilitada para colgar rezos y oraciones
-¿Te apetece orar a los espíritus guardianes?- el tono en el que Adam lo dijo, jocoso, hizo que Nora sonriese de forma ligeramente triste. Si él llegase a saber que de verdad estaba rodeado por espíritus...
-No se pierde nada por pedir algo gratis a fuerzas mayores ¿No?- aquello le robó una carcajada a Adam
-Así se habla. Los humanos somos egoistas por naturaleza y siempre debemos serlo, hasta con los dioses-

Aguardaron una larga cola hasta poder coger unas plaquitas de madera y escribir en ellas una oración. Todo el mundo trataba de hacerlo en japonés, pero Nora tenía problemas para ello -Puedo echarte una mano- dijo Adam -A no ser que no quieras que sepa por qué rezas-
-¿Cómo se escribe "verdad"?- dijo Nora con el bolígrafo en la mano. No se esperó que de pronto Adam le tomase la mano con calidez y le guiara en la forma de escribir el kanji para la palabra "verdad" -G-gracias- sonrió nerviosa ante el inesperado contacto físico
-De nada- dijo enternecedor, colgando su oración y esperando a que Nora hiciese lo propio.

Salieron del templo y la tarde se estaba poniendo. Llevaban ya bastante rato caminando y hablando de diversas cosas y apenas se habían parado a reflexionar sobre ello -La verdad sobre mí misma- dijo Adam de pronto mientras caminaban -Es una curiosa oración a quienes puedan oírnos- se detuvo entonces para mirarla -¿Cuál es la verdad que quieres descubrir sobre ti misma?-
-Es difícil de explicar- Nora le miraba a los ojos y Adam la miraba por igual. Una breve conexión que la incomodó por un momento. La miraba con unos ojos tan intensos...
-Tú misma eres difícil de explicar- aquellas palabras hicieron que ella volviese a mirarle -Eres todo un dilema. Extraña, pero en el buen sentido. Llamativa, misteriosa. Apareces en mi academia buscando aprender el idioma y te encuentras con todas las dificultades del mundo, con dificultad para concentrarte, siempre triste y taciturna, sin siquiera preocuparte por arreglarte un poco- Adam parecía no perder detalle en ella durante todo ese tiempo pasado -Llegaste incluso a pedirme a mí, un profesor desconocido, ayuda para obtener unas pastillsa para la depresión. Te las conseguí- sonrió el hombre -Y seguías igual. Ahora de pronto, 10 meses después tras la misma rutina, apareces arreglada, despampanante y hermosa como siempre, pero esta vez... parece que aceptando esa belleza, luciéndote, como si de pronto hubieses descubierto una razón para vivir y dejar atrás esa tristeza. De pronto quieres salir, ver la ciudad, tener compañía- Adam dio un paso hacia ella -¿Qué ha cambiado en tu vida Nora? Como profesor y, creo que puedo considerarme amigo, puedes contármelo- la chica le miraba sin decir nada -¿Ha cambiado algo en tu vida? ¿Ha aparecido algo, o alguien nuevo, en tus días que te haga sentirte más feliz, más acompañada en este mundo?- Nora no supo si debía contestar a esa pregunta por razones que desconocía, pero tenía esa extraña sensación en el pecho que le pedía evadir responder -No te quiero obligar a nada- añadió Adam para restar hierro a la situación -No hace falta que me cuentes nada. Sólo soy un... ¿Cómo era? Ah- se echó a reir -Un Sugar Daddy. Un chico de compañía para una alumna perdida y solitaria- consiguió robarle una sonrisa a Nora con esas palabras -Puedes contar conmigo para lo que quieras Nora. De verdad. Para todo cuanto necesites, ahí estaré- fue a dar un paso al frente, hacia ella. Nora le vio llegar como un gigante que está a punto de coger una pequeña hormiga, pero Adam se detuvo ipso facto, quieto como una estatua, al oír una voz
-Te declararán Santo cualquier día, cariño- Adam estaba pálido. Era una voz de mujer. Se dio la vuelta con velocidad casi inhumana para ver a Serena con una sonrisa amable en la cara y los ojos del mismo infierno
-¿Serena? ¿Qué haces aquí?-
-Estaba a punto de preguntarte lo mismo- la mujer se acercó guardándose el teléfono móvil en el bolso -¿No nos presentas, cariño?-
-Ah, eh... Oh, sí. Nora, ella es Serena. Serena, Nora-
-H-hola- saludó Nora con una sonrisa inclinando ligeramente la cabeza, como costumbre japonesa, por costumbre al vivir en japón y ver a todos haciendo lo mismo
-Encantada- Serena no dijo más, simplemente miró a Adam con esa misma sonrisa de plástico
-Es mi mujer- aquellas palabras, de pronto, sonaron como una tormenta en la distancia
-¿Estás casado?- Nora pasó de mirar a Adam a Serena -¡Vaya!-
-¿No lo sabías?- Serena mantenía un tono extremadamente cordial
-No, nunca ha comentado nada en clase-
-Nunca lo he considerado necesario- se defendió Adam, encogiéndose de hombros -A mis alumnos no debería interesarles mi vida privada-
-Un profesor que se preocupa tanto por la vida privada de sus alumnas- Adam no pasó por alto que utilizase el género femenino en esa palabra -no debería preocuparse por esconder su vida privada de ellas-
-No la escondo en absoluto- rió el hombre -Sólo que si, como hoy, quedo con una alumna o alumno- añadió el genero masculino -No es para hablar de mí, sino de ellos. De sus problemas y sus refuerzos con los idiomas-
-Vaya, qué bien. Espero que el día haya sido productivo- Serena miró a Nora
-Sí, bueno. Ya he aprendido a escribir oraciones. Al menos una- rió, increiblemente nerviosa. Sentía una pesadísima losa sobre su cabeza mientras esa mujer le miraba ¿Qué estaría pensando de ella?
-Me alegro, el japonés es difícil de dominar. Mucho ánimo, querida. Adam- pasó a mirarle a él -¿Nos vamos? Tienes el coche y necesito llegar a casa pronto. Los niños nos echarán en falta- Niños. Adam tenía hijos.
-Oh, por supuesto. Pero, eh... Nora...-
-No te preocupes Adam, tomaré el metro-
-Podemos llevarla a la estación- sonrió Serena -No vas a quedar mal ahora con tu almna ¿no? O peor, dejarme mal a mí delante de ella y ser la culpable de que tenga que volver sola ¿Dónde vives?-
-En Nerima-
-¿Sabes dónde, Adam?- la pregunta pinchaba como una aguja
-No. Sé que vive en Nerima pero no dónde, obviamente-
-Podemos llevarte si quieres. No está demasiado lejos en coche- Serena era, en ese momento, la incógnita más grande a la que Nora se había enfrentado en sus 10 meses viviendo en japón ¿Estaba siendo realmente amable o estaba cargada de malicia? ¿Tenía segundas intenciones? ¿Cómo se tomaría una negación a semejante invitación...? La losa en su cabeza cada vez pesaba más y más.

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