No llegaron a ser las 10 de la noche ese mismo día cuando el teléfono de Nora sonó de pronto, rompiendo toda calma en el pequeñ hogar. Cuando la chica llegó a contestar la llamada, a penas tuvo tiempo de preguntar de quién se trataba cuando la voz se identificó -Soy Adam. Hola Nora- saludó de forma enérgica, simpática, como siempre solía ser ese hombre
-Ah, hola... Yo...-
-¿Te he pillado durmiendo o algo?-
-No, es sólo que no me esperaba una llamada ahora y...-
-Me alegro de no habete perturbado entonces- rió -Oye, estuve pensando en lo que te decía antes al acabar las clases y mañana estaría perfecto ¿Qué me dices?- entonces bajó algo la voz -Además puedo darte "eso", casi una cajita entera- aquellas palabras sí fueron lo bastante importantes para Nora como para no poder negarse
-Me parece estupendo, entonces. Gracias- estaba un poco falta de palabras ante la velocidad y prestreza de su profesor de idiomas para atender sus necesidades
-¿Te parece bien a las seis frente a la academia? Hay un par de buenos lugares a los que podemos ir para charlar sobre los asuntos que nos atañen- parecía tan decidido que a Nora no se le ocurrió la menor pega. Tampoco tendría mejores cosas que hacer y necesitaba mejorar a cualquier coste
-Sí, está bien. Allí estaré-
-Perfecto. Nos vemos mañana. Buenas noches- y colgó. La chica se quedó mirando su teléfono móvil con la cara de quien mira llover del suelo hacia el cielo mientras que el sol brilla en lo alto ¿Pero qué mal podría traerle, si era su profesor?
Lejos del barrio de Nerima, Adam dejaba el teléfono móvil sobre la mesita de noche y se preparaba para dormir quitándose la camisa, desabotonándola -¿Más llamadas de trabajo?- preguntó la siempre reconocible voz de su esposa, Serena
-Un alumno necesita cierto refuerzo- bufó, cansado y con tono de voz aburrido, sentándose en la cama mientras se terminaba de quitar la camisa
-Entiendo... ¿Entonces te vas mañana?- Serena no había oido toda la conversación, sólo el final. Adam tenía la costumbre de hablar por teléfono yendo de un lado para otro, sin detenerse en un punto fijo. Ella ya estaba acostada desde hacía rato
-Sí, señora- gimió mientras se dejaba caer a su lado en la cama. La mujer, bastante más joven que él, se inclinó despacio sobre su marido y le besó los labios con cierta expresión de tristeza
-Supongo que al menos podré disfrutar de ti hasta que llegue la hora ¿no?-
-Lo dudo mucho, cielo. Perdóname, de verdad. Pero dudo que pueda regresar hasta que no acabe la tutoría con el alumno- suspiró Adam
-Entiendo...- suspiró ella a su vez -¿Y esta noche?-
-¿Esta noche qué?- arqueó la ceja el hombre
-Disfrutar de ti- la mano de la mujer le acarició el torso de forma sujerente
-Serena... No estás en condiciones, debes descansar, reflexionar, animarte...-
-¿Es que hacer el amor con mi ausente marido no va a animarme?- quiso no sonar acusadora, pero sí que lo sonó
-Si estoy ausente es porque tengo que traer dinero a esta casa, Ren-
-Tú también deberías descansar Adam. Te pasas el día fuera, casi. Los niños son pequeños y a duras penas consiguen darte un beso y un abrazo cada día. Trabajas por la mañana y casi todas las tardes te dedicas a tutorías. Es cierto que traes dinero a casa, pero ¿De qué te sirve si no disfrutas de la casa, de tu familia?- la voz de la mujer se quebró. La depresión. La maldita depresión. Adam la abrazó, atrayéndola hacia su pecho, estrechándola en sus brazos
-Escúchame cariño... Sabes que necesitamos el dinero. El sueldo es increiblemente bueno, pero requiere de mi dedicación para mantenerlo. En este país las cosas funcionan de forma distinta. Debes ayudarme a que podamos rehacer aquí nuestra vida- le acariciaba el cabello mientras le hablaba
-¿Soy un estorbo entonces?-
-No digas esas cosas... Eres un cielo, la mujer que todo hombre desearía tener- le besó la frente y después los labios con dulzura -Sólo tienes que descansar, intentar vencer esta tristeza que te reconcome y te hace ver las cosas más negras de lo que son-
-Simplemente te echo de menos Adam...-
-Y yo a ti, cariño. Te prometo que buscaré un día libre cuanto antes ¿De acuerdo?- Serena asintió de mala gana -Ahora tratemos de dormir, mañana es otro día de duro trabajo- aún con aquellas palabras, Serena no se separó de él hasta que se quedó profundamente dormida. Adam no consiguió pegar ojo. No paraba de preguntarse qué demonios estaba haciendo.
Al día siguiente, tras acabar la jornada de clases, Adam se quedó dando vueltas por la zona del barrio Suginami esperando la llegada de la muchacha a la que había citado. Comió algo de yakisoba para almorzar y compró un par de juguetes a sus hijos que guardó con sumo cuidado en su maletín. Para Serena compró un hermoso collar de plata con una brillante estrellita pristina y perlada, aunque por un momento, fue la imagen de Nora quien se le vino a la mente llevándolo puesto.
El día pasó relativamente lento hasta que, esperando en la estación, vio llegar a la chica. Adam la saludó alzando una mano con una galante sonrisa a la que ella correspondió -Bienvenida al maravilloso mundo de las clases particulares Nora- bromeó Adam -¿Lista para un paseo?- ella asintió y comenzaron a caminar uno junto al otro -Verás, siendo la hora que es, me preguntaba si habías tomado algo ya para merendar- la chica negó con la cabeza. No pretendía aclarar su falta de economía -En ese caso, conozco un lugar excelente al que podemos ir-
-No he traido apenas dinero, Adam. Lo justo, supongo, para pagarte las clases- contestó ella
-No, no, no, no- negó él con velocidad -Yo invito. Y no tienes por qué pagarme las clases hoy, mujer. Espera a ver resultados. Si no mejoras, invita la casa por igual-
-No puedo permitirme que hagas eso Adam- Nora se detuvo un momento, insegura
-Estás en Japón, mujer. Es de mala educación negar la invitación de un "superior"- bromeó guiñándole un ojo. La chica suspiró y volvió a caminar junto al profesor.
Acabaron llegando a un local llamado Panda Coffe's. El simple paso de cruzar el umbral llenó los sentidos de Nora de un agradabilísimo olor a café mezclado con el aroma de unas pastas muy llamativas. Adam escogió un sitio cerca de la ventana para poder contemplar las calles, de forma que también hubiese una atractiva luz. La velada transcurrió en ese momento de distensión entre aclaraciones a la hora de hablar el idioma. Incluso dejó que Nora fuese la encargada de pedir al camarero lo que iban a tomar con la continua supervisión de Adam -No creo que me haya entendido- dijo la chica
-Lo veremos en breves- sonrió el profesor, sabiendo que lo había dicho perfectamente.
Al cabo de unos minutos, trajeron un par de cafés graciosamente adornados con las simpáticas caras de unos pandas plasmados en la espuma del café, además de unas pastas riquísimas que pudieron degustar mientras seguían practicando el idioma. Tras la larga sesión de una hora, Adam propuso dar una vuelta antes de despedirse para relajar la mente y descansar un poco del idioma, que no era fácil de dominar en absoluto. La siguiente parada seleccionada por Adam era cuanto menos hermosa.
El altar de Asagaya se encontraba en un precioso y despejado parque que bañado por la luz del atardecer tenía un ambiente mágico. Pasearon juntos hasta posicionarse frente a los tres altares, siendo del centro el más grande. Ambos observaron en silencio la belleza de la construcción japonesa -Impresionante ¿eh?- Nora asintió con la cabeza -Supuse que al no vivir en este barrio no lo conocerías-
-Y no lo conocía. Es precioso- la sonrisa de la chica se dejó asomar por fin y Adam se sintió prendado
-Ten- sin ánimo de romper la magia, le entregó una pequeña bolsita que contenía las pastillas que ella necesitaba -Te conseguiré cuantas quieras a cambio de que sostengas esa preciosa sonrisa que tienes- dijo con ojos brillantes, encandilado. De verdad era hermosa y ella parecía no darse cuenta ¿Cómo podía alguien con tanta luz verse tan apagada? Le partía el alma
-Gracias Adam- dijo algo avergonzada, sin aclarar si era por las pastillas o por el piropo
-Si me permites ser algo indiscreto... nunca nos hemos sentado a hablar un poco de nosotros ¿no?- miró de nuevo a los altares -¿Qué te trajo aquí?-
-Es una larga historia y... Perdona Adam, no querría hablar de ello-
-¿Algo demasiado delicado?- no podía evitar sentir curiosidad -Lo siento, es sólo que me suscita preocupación verte siempre tan triste-
-Sólo quería y necesitaba cambiar de aires- contestó Nora simplemente para aplacar la curiosidad del profesor, devolviéndole de nuevo esa sonrisa
-Ah, bien. Eso está bien- asintió él, satisfecho de momento -Si te sirve de consuelo yo vine aquí por el trabajo. Ojalá fuese solo por cambiar de aires- se encogió de hombros -Toda una cruz ¿eh?-
-Es bueno tener trabajo ¿no? Mírame a mí, si no-
-Oh, no quería ofenderte. Sé que no estás precisamente de vacaciones pero, eh... Dicen que América es la tierra de las oportunidades y creo que eso ha cambiado mucho. Japón tiene mucho que ofrecer. Tiene demasiado que podemos descubrir, tanto por lo que apasionarnos... Sí, no son perfectos. A la hora de trabajar a veces exigen demasiado de los trabajadores para mantener el país a flote... pero la magia que esconde esta tierra es, sin duda, digna de otro mundo- Nora había dejado de oir las palabras de Adam hacía unos minutos, cuando le llamó la atención la presencia de un hombre sentado sobre el tejado del altar central y más alto. Antes no estaba allí, podía jurarlo. Y Adam no parecía verlo pues no había hecho comentario alguno ¿Era un espíritu? ¿En ese preciso instante? ¿Por qué?
-...¿No crees?- Nora salió de su ensimismamiento y le asintió, nerviosa y avergonzada por haberse descentrado -¿Estás bien?-
-Sí, sí... sólo... creo que un poco cansada. No acostumbro a coger tanto el metro en un día y además hoy la práctica del idioma ha sido doble-
-Lo entiendo perfectamente- suspiró Adam con amabilidad -¿Quieres volver ya a casa? Puedo acompañarte a la estación. A no ser que quieras ver o hacer algo más antes de partir. Me ofrezco a ser tu acompañante sin coste adicional- dijo animado. La verdad es que no tenía ganas ninguna de despedirse de ella.
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